lunes 14 de junio de 2010

Hace cuánto nos conocemos


Ese disco se lo compré al pana Pedro que tenía una tienda de discos usados en el segundo piso del un centrico comercial en La Boyera, enfrente de la peluquería. Pedro tenía pinta de rockabilly cuarentón, con copete, patillas y chaquetas de cuero de esas con correas y remaches. Era un vendedor insigne, el Pedro, era capaz de convencerte de que todos los mil bolívares que tenías en la cartera era justo y necesario gastarlos en discos, que la música es más importante que comer, que pagar las deudas, que vivir la vida del día a día. Uno llegaba a esa tienda y sonaban unos cascabeles y entonces Pedro, gigantesco como su copete, empotrado detrás de un mostrador minúsculo, decía te tengo algo que te va a encantar, tú no puedes irte de aquí sin esta crema. Y allí uno iniciaba un viaje sin retorno a la pelazón, pero con mucha música nueva para estallarse los tímpanos.

Se me olvidó lo que venía a decir… ah, ya, lo del disco que me vendió Pedro, el rockabilly. Un día, apenas me vio sonar los cascabeles, me mostró un disco doble, morado, una cosa llamada “going underground”, una selección de treinta grupos alternativos noventosos de los que conocía apenas dos, lo sacó del estuche con la misma cara con la que un pirata despliega el mapa del tesoro. Puso a sonar esa cosa morada y yo pregunté que cómo se llamaban esos y me dijo Die Haut, son alemanes. Y yo ya no quise escuchar a los otros veintinueve, yo quería escuchar Die Haut en loop por el resto de mis días.

La canción de Die Haut se llama así: ¿Hace cuánto nos conocemos? Y está cantada a dos voces: un hombre y una mujer. Es la historia de un reencuentro, nos hacen saber que hace mucho fueron novios y nunca más se han vuelto a ver. En el torpe intercambio inicial, presos de la ansiedad y los nervios, se preguntan hace cuánto se conocen y ella dice: 5 ó 10 años, quizás. Y entonces comienzan a recordar. A recordarse. Y en un principio recuerdan lo mismo, casi. Pero la conversación se prolonga y el descompás se va abriendo, se convierte en un abismo insalvable. Ella recuerda cosas que él no, él recuerda imágenes que ella no puede o no quiere recordar. En el coro se vuelven a preguntar: ¿hace cuánto nos conocemos? Y ella dice esta vez: 15 ó 20 años. E insisten en armar ese monstruo que es la memoria con bloques que no encajan, con cemento vencido, con un pegamento que ha perdido la adherencia o que sirve para unir otras materias. Al final él vuelve a preguntar desencantado: ¿hace cuánto nos conocemos? 83 ó 100 años, dice ella. No te he visto en toda mi vida, sentencia él. Jamás nos hemos conocido, dicen los dos a coro.

Decía Francois de Chateaubriand que los hombres vivimos varias vidas pero que nos empeñamos en considerar que es una sola. Será por eso que los reencuentros fugaces son los mejores, porque nos permiten seguir viviendo de la ilusión. De lo contrario, a fuerza de recuerdos, nos daremos cuenta de que ése que el otro recuerda ya no es uno. Dejamos de serlo hace rato.



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Y, "hace cuanto", no leíamos de tus gustos musicales, ese es otro de tus admirables dones que disfrutamos los lectores de "Rostros de Viento". Gracias por el buen rato,Augusto Herrera.

Guachafitera dijo...

Porque la memoria es selectiva es que logramos reinventarnos bonito.

Bravo Urriola.

mc dijo...

Lo que mas me gusto de este post fue la descripcion del pana Pedro y la forma en que te mostro el disco, como si fuera un tesoro.

Como siempre, un placer leerte.

Luis Alberto I dijo...

Quien se haya cruzado con una ex después de varios años sabe exactamente de lo que habla esa canción y de lo que tú tan, pero tan bien, nos refrescas

Anónimo dijo...

Me encantó , hoy conocí un nuevo grupo musical para nutrir mi repertorio. Felicitaciones.

paisana dijo...

Muy bueno. Gracias por compartirlo con los panas. Hay otra canción, una que cantaba el español Miguel Ríos que decía: "Al lugar donde has sido feliz es mejor que no intentes nunca el regresar..." Pero somos unos tercos, inconscientes que siempre buscamos regresar a nuestros recuerdos para descubrir que ya nada es igual.
Paisana

La Macorina dijo...

¿"..nos daremos cuenta de que ese que el otro recuerda ya no es uno"? yo diría más bien ¿...nos daremos cuenta de que ese que UNO recuerda ya no es uno? Ahí es donde comienza a ser verdaderamente jodido.

Por otro lado, dos cosas. Una, que te acabas de auto-poner en el pesado compromiso regalarme algún día una botella/oráculo como la que me describiste ¡Necesito una, YA! ... por otro, nada, que cheques esto: http://www.rojodestenido.blogspot.com/

Todos los abrazos.