
Hoy me saltó una bolsa plástica desde la cuneta. Atravesó los cuatro canales de la autopista y se me lanzó bajo las ruedas, no me dio tiempo de frenar, venía yo por el carril rápido y ella demasiado decidida. Cuando la vi por el retrovisor estaba partida en tres, flotaba por encima de la defensa y se dejaba caer contra el parabrisas de un carro que iba en dirección contraria. Me dio un poco de pena, pero –obviamente- seguí de largo. No sé, había algo particularmente digno en esa bolsa suicida.
Me hizo recordar que hace unos años mi esposa y yo veníamos del automercado, cada uno cargando con siete pesadas bolsas, ella me dijo: abre la puerta rápido que no puedo bajar las bolsas y volverlas a cargar. Así que me apuré, tomé la delantera y cuando hice gesto de bajar mis siete bolsas para sacar las llaves del apartamento la puerta se abrió sola. Como si alguien nos hubiera estado viendo por el ojo mágico y decidió echarnos una mano. Entramos y dimos las gracias a la nada, al vacío. Hay puertas más amables que mucha gente.
Recordé también una vez, de niños, pateé demasiado alto y se nos fue una pelota calle abajo; el arquero y yo salimos corriendo detrás, la pelota se fue en dirección a la caseta de vigilancia con su barra dañada desde hace mil años condenada a permanecer para siempre en posición vertical. Pasó la pelota, pasé yo, y pensé: “uf, qué suerte que no me cayó la barra encima”. Pero el arquero no tuvo tanta suerte, el listón de madera a rayas decidió dejarse caer limpiamente sobre su cabeza, sonó “toc” y el tipo cayó con los brazos abiertos mirando al cielo. No fue nada, sólo un chichón. Bueno, y la pelota que no volvió nunca más.
Tuve una vez un vaso que cuando lo lavábamos no le gustaba que lo pusiéramos a escurrir bocabajo. El tipo se volteaba y se ponía de de pie. La primera vez que lo hizo mi compañera de piso se apareció muy despelucada en mi cuarto y me dijo: “Chamo, qué susto, hay un vaso que está como vivo”. Yo me burlé íntima y públicamente de ella hasta que me pasó a mí. A partir de allí me abstenía de utilizar ese vaso, lo confieso, pero cuando lo hacía lo ponía a escurrir con la boca abierta hacia el techo, por un asunto de honor.
He visto hojas secas bailar. Las he visto cruzar la calle. Es en serio, no es sólo un capricho del viento justificado por la afortunada confluencia de una serie de peculiaridades de la física. Bailan, en un momento de autonomía, cuando nadie las mira, echan un pie. Lo juro. Quién sabe, será por las mismas razones por las que a las llaves les gusta esconderse entre los cojines del sofá o las medias que entran en pareja a la lavadora y cuando se abre la puerta sólo sale una.
Tengo –o tuve, nunca sé cómo conjugarlo en este caso- un bolígrafo que me regaló mi madre que se esconde durante años. Aparece y se queda una temporada y luego se me escabulle, se pierde, se va con otra gente hasta que le da por regresar. Hace dos años que no lo veo, pero estoy seguro de que volverá, siempre vuelve, es su naturaleza. Es un tipo muy raro, nos queremos mucho pero siempre y cuando haya buenas dosis de ausencia en la amistad. Como con otra gente que conozco.
La bolsa suicida me hizo pensar en el mito de los lemmings, esos curiosos roedores peludos que se suicidan en masa dejándose caer por los fiordos nórdicos. Dicen que son como una alfombra gigantesca que se desliza hacia el mar. Corren y salen de los pueblos, de las casas, de los campos, se suman por millares como si estuvieran oyendo una flauta mágica del más allá. Y la flauta les pide que se lancen contra los riscos allá abajo, y ellos no tienen otra opción que hacerle caso, nadie sabe por qué.
Puedo jurarles que mientras escribo esta entrada se me ha desaparecido el texto tres veces. Tengo que guardar, cerrar todo, reiniciar y al final de todo el proceso se digna a aparecer entero.
No sé qué mensaje oculto estarán tratando de decirnos los que supuestamente no tienen alma. A lo mejor, como todos, sólo quieren que alguien se fije en ellos, que repare en que existen y lo cuenten. Ellos dirán: lo hago simplemente para que me recuerden.
17 comentarios:
La verdad es que no dejas de sorprenderme! Que maravilla de texto.
En mi casa las cucharas de café se van y no regresan. No sé qué les pasa pues sus compañeros los tenedores, los cuchillos y hasta las cucharas soperas se quedan conmigo para toda la vida. No sé tampoco por dónde se escapan. Nunca vi una salir.
Me gustó tanto que no sé ni qué decir.
Te regalo esta imagen, a propósito de tu texto, y así nos reímos un poco...
http://3.bp.blogspot.com/_Z6oSV-cCq-k/TELOsDzaIBI/AAAAAAAAAEk/qjW-8FVSY8g/s1600/conej3.jpg
¡Qué alegría de post! ¡Brillante!... Aunque creo que en esta historia falta Manuel. No te quejes si ahora le da por desmayarse sin razón, colgarte las llamadas importantes y hacer otras indeseables. Fiorella me lo haría, es muy rencorosa.
También me pasa con un libro. Se pierde, lo presto, lo roban, lo regresan, se mancha, le cae café, se limpia solo, vomita páginas, se pegan en otro orden. Ahorita se asomó de una cartera que no uso hace meses para que le abriera las piernas en la página 68 y recordara que "...todo, todo, absolutamente todo cuanto es mirado por un ser humano puede tener alma" T.M
Saludos y sombreros!
Que se me pierdan todos los objetos inanimados, salvo los escritos de este blog, un abrazo para mi escritor preferido.
si, siempre he pensado que los objetos inanimados, como buenas herramientas, tambien pueden ser usados por los seres del mas alla...
una vez estabamos jugando futbol en una cancha improvisada y alguien pateo el balon hacia la esquina donde el portero no llegaba y los del otro equipo gritaron al unisono "no entres" pues inexplicablemente el balón casi en la linea se freno en seco... los dos equipos ni se animaron a seguir jugando...
si, lo pueden llamar cosas de la mente, espiritos, o sencillamente coincidencias de las energias...
saludos, muy bueno
mis pinzas de cejas me abandonan estrepitosamente. yo las compro, las uso un par de veces para dar forma a algunas cejas que a ratos parecen indomables, y las pinzas se escapan, se van. creo que es un complot entre la pinza y las cejas.
He atropellado bolsas así y por estos días espero el retorno de un zarcillo que me acompaña desde 2002.
Besitos.
Jose,
Excelente relato! Como para hacer un debate de física cuántica, y lo que supuestamente tiene vida o no!
Un abrazo
Lo que escribes sobre la bolsa plástica me recordó el vuelo artístico de otra bolsa en "American Beauty"...curiosamente eso fue lo que más me conmovió de aquella película.
No sé lo que le pasa a las cosas ni por qué deciden actuar por cuenta propia, lo que sí sé es que cualquier cosa mágica es bienvenida.
Siempre pienso que cuando se me pierden las llaves del carro y aparecen luego es porque no convenía salir en aquel momento. Me gusta sentir esa protección cósmica.
Un abrazo Jose, buen post.
Cinzia
Llegue a este blog , linkeado por un amigo con el que hablamos de la vida , de los sueños , las opciones , los giros , las señales ...
Llegue leyendo una antigua entrada de mayo ....y me pegue reflejada en más ...
Ahora no soy mas que una voyerista de buenos blogs ajenos ...abandonando el habito de escribir en el mio ...
Asique , muchas gracias por tu visita a lo que me parece ahora tan lejano ...y un honor tus palabras tan alentadoras !
Saludos ! y estoy leyendo atenta !
me has salvado de este lunes con tu texto maravilloso, como siempre.
Muy bueno y cómico.
Vivimos... "simplemente" para que nos recuerden... es todo.
Genial, como siempre.
he pasado varias veces por acá, aunque nunca había comentado. Pero hace unos meses fui a El Buscón y estuve un rato en un encuentro de blogueros que había allí. Me topé con ustedes por casualidad, aunque ustedes, quizá, no se toparon conmigo.
En fin, entonces me dije, que debía escribirte.
Heme aquí, aplaudiendo tus letras. Un placer. Y bienvenido a mi humilde morada bloguera, diferente a esta, sin duda, pero para algunos, tiene algún atractivo. Al final de cuentas, también escribo para que me recuerden.
Un abrazo.
María D.: Gracias por tus simpre gentiles y generosos comentarios. Te sugiero que les ates un hilo de Ariadna a las cucharas del café y, una tarde que tengas libre,les sigues el rastro. Avísame dónde las encontraste, pendientes.
Olalla: Los conejitos suicidas molan demasiado, no los hubiera conocido si no fuera por ti. Gracias
Macorina: Manuel ha sido secuestrado, a punta de pistola, por dos motorizados. Lo más grave es que no lo extraño ni pienso pagar un céntimo por su rescate.
Anónima: Yo la reconozco por muy anónima que se ponga. Usted es de mis lectoras favoritas de por vida.
Goddamn Devil: Qué maravilla esa historia del gol que no fue. Una vez, a lo 16, pasamos media hora concentrados 4 amigos tratando de mover una pelota de playa sobre la arena. No la movimos ni un milímetro, sin embargo es de los momentos más raros, estériles y cómicos de mi vida.
Adriana: La culpa es de las cejas. Es obvio. Están tan acostumbradas a ser los únicos pelos que una mujer acepta que le crezcan en la cara que se resisten a ser extirpadas. Son, además de egocéntricas muy astutas. Mosca con las cejas.
A-nah!: Volverá tu zarcillo, ese debe andar perpetrando por allí con el bolígrafo fugitivo, cuado se cansen de tanta marcha regresarán a casa como hijos pródigos.
Adrián: ¿Te acuerdas del fantasma del 421 de Diputación? Yo creo que era él el que volteaba el vaso. Un gran abrazo, brother.
Cinzia: Tu teoría es absolutamente cierta, si algo se desaparece y te hace perder tiempo es porque te convenía perderlo.
Sacreblue: Es magnífico ese término de voyeur de blog. Y si además disfrutas de la vista, pues tanto mejor. Gracias. Un abrazo.
Adriana: Gracias, como siempre un placer que te pases por aquí. Estuve viendo tu blog nuevo, el de las ilustraciones... me gustó muchísimo, te felicito.
Toña: Qué bien que te reíste. Conozco esa sonrisa, la recuerdo. Gracias por leer y comentar siempre, es un placer.
Lorena: Gracias por la visita y por el comentario. Mil gracias, de verdad. Nos seguimos topando por estos caminos y por los de esta ciudad.
En mi casa habia una lampara que se prendia sola. Mi papa decia que era un gnomo quien lo hacia, quien se llamaba Cosmito.
Buenos sustos nos pegaba Cosmito.
Saludos
mc
Tenia tiempo sin pasar por aqui. Pase un rato estupendo con tus ultimas cinco entradas. Que sabroso es leerte mi chamo querido!
Cómo me reí vale! Muy bueno!
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