viernes 22 de octubre de 2010

Darse un nombre nuevo


Lo primero que hacen los que se quieren es cambiarse el nombre. Bautizar al otro con un nombre nuevo es una manera de apoderarse de él, de decretar: eres mía (o mío). Y el primer paso para aprehender al ser querido, de hacerle saber que te pertenece, suele ser darle un nombre que nadie más.

Los que se quieren se ponen unos nombres increíbles, a veces realmente abominables, otras inentendibles, algunas veces son verdaderas estatuas verbales al absurdo o a la cursilería. La cosa va desde las parejitas de adolescentes que se llaman mutuamente “papis” y “mamis”, pasando por dúos esqueléticos que se llaman “gordito y gordita”, hasta pesos pesados que apelan con todo descaro al “flaquita”.

Hay enamorados que se llaman por el segundo nombre, por ése que nadie más utiliza o nadie conoce. Y los hay los que recorren todo el trayecto en sentido contrario, se saltan el sobrenombre por el que todo el mundo conoce a quien tanto quieren y optan por llamarle por el nombre propio: “Tú serás Negra para todo el universo, pero para mí eres María Margarita”. Sé también de casos de amantes que se llaman por el apellido o por variantes del apellido. Hay gente que se pone creativa con el nombre ajeno y lo acomoda, lo altera, lo adapta según el ingenio y el capricho: las Margaritas pueden llegar a ser Margots (son las mismas flores pero con aroma francés) y los José pueden acabar en Pinos (que es el resultado del Giuseppino, el “Joséito” italiano, que es recortado hasta las últimas dos sílabas, podado hasta hacerlo Pino).

Hay gente que se bautiza con cosas como Pinchi o Pochi o Michi o Chuchi y cuando hacen esas cosas no sólo marcan el territorio como propio, sino que además le cuelgan un cartelito para avisar que está minado. No se le ocurra usted llamar así al novio o a la novia de otro, no sólo es ridículo sino también peligroso. Pero sobre todo es ridículo.

Conozco casos en el que el nombre ajeno es modificado con un adjetivo posesivo: miRaque (cuando la novia se llama Raquel), e incluso –es el caso familiar- agregan el posesivo al nombre nuevo: la abuela pasa a llamarse Mima (que es el apócope de “Mi mamá”) y luego, con el tiempo -y con las ganas de hacer a la Mima aún más personal-, se le pone el “mi” como prefijo hasta quedar convertida en Mimima.

Ciertamente existen sobrenombres perversos y malintencionados. Pero ese ya es otro tema, tiene más que ver con una actitud canina de levantar la pata y marcar el terreno de a chorritos, no tanto con el frote de cabezas típico de los felinos que te dejan su olor contra la pierna mientras ronronean de pura felicidad concentrada. Ambas cosas se parecen, un poco, pero acaban siendo muy distintas.

La próxima vez que alguien (pareja, nieto, sobrino, amigo –de los de verdad-) le llame de una manera que nunca antes nadie, no se asuste ni se ofenda ni se sienta ridículo. Dejarse querer es dificilísimo, y aceptar que le cambien el nombre a uno es una manera de asumir públicamente: sí, qué carajo, nos queremos. Eso sí, uno siempre tiene derecho de decir: amor, frente a los otros ni se te ocurra llamarme así, te lo ruego.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Tengo cuatro nombres totalmente diferentes y cuando me llaman ubico a los familiares y amigos por el nombre y sobrenombre. Internamente creía, que ésto acarreaba falta graves de identidad , pero ahora veo que es cariño, ja,ja. Me alegraste el dia, C.Casano

Señorita Cometa dijo...

:) me los calo todos en nombre del amor!

Anónimo dijo...

Felicitaciones por el triunfo del Real Madrid, y por este escrito tan cierto y tan propio de ti.

Anónimo dijo...

Qué belleza. Tu reflexión me deja flotando en el aire: recordando motes cariñosos y nombres que no se me olvidarán nunca.

Una vez conocí a un venezolano que en una tarde me llamó de todo.

Llamarme así, de mil maneras: mami, bebé, nené, princesa, cosina, jevita...¡culo! -creo que en en esa ocasión también me llamó culo- me izo darme cuenta de lo muchísimo que me quiso ese día.

Él es un tipo estupendo y tú también lo eres.

Sigue poniendo nombres a los que amas. Sigue escrbiendo.

Besos,

O.

Anónimo dijo...

Tengo que decir en mi defensa que la h de mi teclado no funciona, ni la i, por lo que se ve...

Adri.anita dijo...

jajaja por alguna razón me siento aludida :p

Anónimo dijo...

Que bello mi chamo querido!!!!