jueves, 18 de febrero de 2010

Queres namorar?


En ese laberinto de arenas y piedra llamado Alfama, en Lisboa la hermosa, hay una pintada sobre un muro. El graffiti queda muy cerca de la intersección de la Rúa Das Damas con la Rúa de Santiago. No tiene colorido ni es virtuoso; no se parece a Banksy ni lo pretende. Pero pega igual de duro, aunque con otras armas. La pregunta, así en blanco y negro, es tan simple como mordaz: Queres namorar? Y seguro que quien se expone a ella es incapaz de seguir su camino indiferente.

Me imagino a los que se pasean por enfrente y lo tienen clarísimo: No, yo no vuelvo a pasar por esa vaina. Imagino a quienes lo tienen clarísimo también, con una claridad del tamaño del muro entero, más grande aún que Lisboa y el río Tajo, y dicen: Claro que sí, ojalá que sea pronto, que me esté esperando a la vuelta de la esquina. Me imagino a los amantes que tanto se han prometido que no, que eso a ellos no les va a pasar, que en el código tácito y secreto de los amantes el amor no puede tener cabida; pasan entonces junto a la pintada y se sueltan de manos y miran con frialdad hacia otra parte, pero en el fondo algo se les agita y les murmura: ya es tarde, estamos jodidos. Pasan más tarde las parejitas y se toman fotos con el graffiti de fondo y se juran que sí, que será para siempre (pero ojalá que no sea de otro, qué vértigo, mejor ni pensar en eso). Imagino que pasa después la viuda y ante la pregunta que le suelta esa pared siente que se le ha derrumbado encima. Pasa el despechado y siente que la ciudad entera le ha tendido una trampa y que todas las piedras y la arena de Alfama se han confabulado para aplastarle el pecho. Luego cruza por allí uno de 14 y piensa: vaya, qué tal será eso.

Algún día, cuando tenga dinero y tiempo –Dios, por favor que sea aún enamorado y bien acompañado-, volveré a ese punto de las Rúas Das Damas y Santiago que no me deja en paz cerebro ni alma. Llevaré esta vez mi cámara y haré una película que no la verá ni Dios. Durante un día entero filmaré a las personas que se cruzan frente a Queres namorar? Y justo cuando hagan ese gesto casi imperceptible con la boca, o cuando cierren los párpados en un parpadeo ligeramente más largo de lo normal entonces sabré que un universo infinito pero del tamaño de unos pocos segundos se les ha venido encima. Yo me tomaré la licencia de inventar las microhistorias que cada uno de esos transeúntes; esas minipelículas de amor y dolor y silencio y memorias de lo que no fue. Durará cada peliculita los segundos que se tome cada uno de los paseantes hasta salir por un lado del encuadre.

Se hace de noche. La pintada ya no se ve. Suben los créditos.