Todos juramos que la música que nos gusta es la mejor música del mundo. Que eso que escuchamos es mejor que la musiquita de los demás. Que la única música que vale la pena es la nuestra.
Lo cree el intenso con anteojos de pasta gruesa y camiseta modernilla: si no es indie, si no es alternativa, si eso que suena no se tiene un nombre como Intelligent Minimal Dance Music, eso que se escucha no es bueno y además atormenta. Piensan lo mismo los rockeros duros, la raza de los comegatos que suelen vestir de negro, llevar demonios y calaveras sobre el pecho y se ponen muñequeras de cuero con púas y remaches metálicos: si el rock que suena no es thrashmetal, deathmetal, blackmetal, gothicmetal o speedmetal, eso es música para bobos o afeminados. Pero al que le gusta la música folclórica, el que no sabe sino de contrapunteos, de cuatros, arpas y maracas; piensa lo mismo: ¿Cómo es posible que fulano siendo tan buena gente oiga esa mierda en inglés o islandés? Los jazzistas suelen ser más permisivos, dicen que el jazz es una suerte de esperanto en la música, es la lengua universal donde todos los géneros confluyen y todos los músicos se entienden; sin embargo, hay muchos adeptos al jazz que arrugan la cara cuando uno les dice que el concierto de Soda Stereo estuvo mundial. Ahí se les acaba el esperanto y también la esperanza en el interlocutor. Los amantes de la música clásica suelen ser los más fascistas entre los fascistas musicales, suelen asumir una postura de “yo ya llegué a un nivel de madurez y exquisitez que me impide bajarme de esta alta tribuna, inalcanzable para los demás, desde donde los miro con desprecio digno del hombre culto que observa a primates”.
Hemos conocido todos, alguna vez, a personas que consideran que la buena música, la auténtica música, ya no se hace en este mundo desde hace 30 ó 40 años. Desde que Janis Joplin, Bob Dylan, David Bowie, los Beatles y Genesis hicieron lo suyo en su tiempo. Visto así, lo que nos quedó por aquí en materia musical fue una pandilla de malandros, palurdos e imitadores de poca monta.
En nuestros países suelen abundar los fascistas de la música latinoamericana, personas para quienes la música se tiene que gozar y bailar a ritmo Caribe de salsa brava o guaracha, puede también que de merengue, cumbia, cumbia villera o tango, dependiendo de la latitud, claro está.
Me gusta, en lo personal, indagar en qué música escucha la gente. Creo que por medio de la música que oyen te puedes comenzar a armar un mapa aproximado del tipo de personas que son. Suelo plantear a mis alumnos un juego que me divierte mucho (espero que a ellos también, aunque jamás hemos hablado del tema), el primer día de clases les pido que me recomienden un libro, una película y un disco -o una banda-. No creo jamás en la gente que te dice: yo oigo de todo, me gustan TODOS los tipos de música. Necedades mías, creo más bien que no les quiero creer, que necesariamente tiene que haber algo que me están ocultando, que ahora mismo –porque sí- tiene que haber alguien que les apasione y les temple las fibras musicales más que cualquier otro.
Philip K. Dick en su biografía “Yo estoy vivo y vosotros estáis muerto” entre todas las desfachateces fascinantes que confiesa, declara que para él siempre fue fundamental que su esposa escuchara y disfrutara de la misma música que él. Y si bien hay que reconocer que la alianza musical sirve de piso común para comenzar a construir muchas otras cosas, la receta a Philip K. Dick como que no le funcionó del todo bien. Acabó el hombre por casarse 5 veces, a pesar de que todas sus mujeres habían demostrado durante el noviazgo la exigida afinidad musical.
De todos modos, pienso que un adepto al Thrashmetal difícilmente se enamorará redondamente de una fanática de Ricardo Arjona (si el caso es al revés, tanto peor). Aunque, quién sabe, a lo mejor esa pareja funciona mejor que la conformada por dos fascistas musicales de idéntica raza.
Hace pocos días murió la cantante Amy Winehouse cuya música, lo tengo que asumir, no es exactamente mi taza de té. Sin embargo no puedo restarle a la Winehouse dos cualidades: una voz prodigiosa y una gran personalidad. Amy fue, en la vida y en su música, un animal raro. Una especie difícil de agrupar dentro de esa fauna musical contemporánea sobrepoblada de Madonnas, Ladys Gagas, Shakiras y Britneys Spears. Amy era la distinta, la de la diferencia específica. Vivió, compuso, cantó y murió fiel a sí misma. Y eso, más allá de ponernos en una moralina sobre los estragos de las drogas y la vida vivida en permanente fuera de quicio, me parece algo respetable. Incluso loable. Las Amy Winehouse son necesarias o nos morimos de hegemonía y de aburrimiento.
Me pasa con la Winehouse lo que me pasa con Dylan, con Sabina, también con Morentes, Fito Páez, Blades, Willy Colón, con Rush, Glenn Gould, Metallica, Caetano Veloso, John Coltrane o Serrat: no son exactamente my cup of tea, pero valoro tanto a mis afectos que escuchan sus músicas que -aún en contra de mis gustos más personales- han logrado vulnerar y permearme el propio fascismo musical. Si les gusta a ellos, a quienes quiero y respeto tanto, es porque sin duda algo tendrán esos locos. Algo que me han dado ganas de tomarles el gusto prestado, de apoderarme de lo ajeno. De asomarme en eso que antes pensaba menor para acabar diciendo: bueno, y por qué no; la verdad es que no está nada mal. Y vamos a ponerlos otra vez para salir de dudas.
Me ha acabado gustando una cantidad de música que no me gusta por ponerme en la piel de mis afectos, porque basta que una canción o un artista me recuerde a alguno de ellos para que se me baje la guardia y piense en fulana o fulano que tuvo la ocurrencia de presentármelos, de aquél día, no sé dónde, tirados sobre el piso y con la ventana abierta y comíamos ciruelas o uvas verdes o jamón serrano y hacía fresco y qué sé yo. A fulana o fulano que ahora están presentes, tan presentes como sólo la música los podía traer, y que les gusta tanto esta “mierda” que ahora me está gustando a mí.
Mi fascismo musical -del que siempre he estado tan orgulloso y del que siempre fui tan activista- se me ha ido debilitando, me voy haciendo blando, por culpa de toda esa gente y sus “musiquitas”. Joder, llueve tanto afuera y qué les puedo decir. Nada. Las gracias.
15 comentarios:
Diosssssss que hermoso!!!!
Jose,que bonito estos " fascismos tuyos", por cierto, entre éllos tengo música recomendada por ti, que me encanta: el grupo Mum,el que me alegraba y recordaba vacaciones familiares muy gratas, sin embargo últimamente me pone triste el escucharlo. Tu que sabes de música, recuerdos,cariños y amistades,¿cuál fascismo musical será éste?
Por aquellos días cuando Carlos Santana gano unos de sus Grammy con el álbum supernatural, mi hija preadolescente cambia la radio del carro y se deja oír María- María, ella me dijo pá, cómprame el CD de Santana, me gusta… Santana, te gusta Santana..? a mí también le dije orgullosote que le gustara algo que a mí, y ella dudando un poco contesto: él acaba de ganar el Grammy, no será ese, le dije sí, el mismo Carlos Santana, la guitarra y me fui directo a la discotienda, ella contenta lo consiguió primero y al ver la caratula del disco exclamo decepcionada, síiii es un viejo.! Y es que aquí cabe aquello que antes de los veinte piensas con el corazón y después de los cuarenta con el cerebro y se me ocurre que al oído le va pasando lo mismo, así mi amigo que bienvenido a los cuarenta..!
Saludos
debe ser que ya estas saliendo de tu adolescencia musical y entrando en la madurez que no es precisamente decir que te estas poniendo viejo, pero sí... sólo que le estas entrando con buen pie ^^
Toda regla tiene su excepción. Mi señor esposo es metalero (aunque no tan pesado como trash) y a mí me gusta mucho Arjona (de ir a sus conciertos, de no piratear su música sino comprarla original). Llevamos 11 años casados más 6 anteriores de noviazgo, ¿eso cuenta? Y mi señor cuñado es metalero (más trash que mi esposito) y su mujer es fan de Arjona (aunque ellos llevan menos tiempo juntos que nosotros, ya llevan algunos años).
Anónimo 1: Gracias. Aunque tú no lo sepas yo sé bien quién eres. Una de las primeras aliadas musicales que tuve en la vida, esa misma que en una oportunidad, siendo niño me dijo: "No, tú no eres de la generación del rock, tu generación será la de otra música que oiremos más adelante". En ese momento no estuve de acuerdo, pero los años acabarían por darte la razón. Fuiste también la que me enseñó a bailar merengue y salsa, enfrente del 3 en 1 que teníamos en el comedor de la casa.
Anónima 2: Lo de usted no es ningún fascismo musical. Eso se llama afinidad y sensibilidad musical. Hay músicas que nos encantan pero que ahora mismo no podemos oír porque nos mueven muchas cosas. Seguiremos intercambiando músicas para ayudar a llenar esos espacios con otras memorias y otros sentimientos. Aquí la espero siempre.
Ángel: Gracias por esa anécdota. Una belleza. Sin duda el oído va madurando con el cerebro, tienes toda la razón. Un abrazo.
German: Mi pana, yo a usted le debo un respeto y un gusto por la animación 2D que no conocía. Así que se aplica lo de la maduración del cerebro y del oído a la educación de la vista también. Gracias.
Susana: Además de confirmar la excepción de la regla, le has ganado con distancia a nuestro estimado Philip K. Dick. Algo estás sabiendo hacer que él no supo, así que síganlo haciendo, cada quien con su música que la mezcla de estilos funciona.
Gracias por leer y por sus comentarios. Un abrazo
Siempre tan genial, José!!!!
Me encanta tu forma de decir tantas cosas. Creo que principalmente disfruto tu sensibilidad. Gracias.
Un abrazo!
Me ha encantado esta entrada. Apenas leí los dos primeros párrafos supe que no solo comentaría, sino que sería largo (mis disculpas por eso).
Tengo la fortuna de contar con un diverso grupo de amigos y allegados muy queridos que son verdaderas enciclopedias musicales; unos saben de metal, otros de indie, otros de jazz y otros de música clásica. Ahora, no te voy a mentir diciendo que escucho TODO tipo de música,pero todavía no he conocido a una persona que tenga gustos más variados que yo. Escucho desde black metal avant-garde hasta el electro pop más chicloso que pueda exisitir; sin por ello menospreciar a los músicos o a la música que simplemente no me gusta (no estoy contando al reggaetton aquí).
También conozco gente que es cerrada musicalmente (hasta hace unos cinco años yo fui una) y conozco otra que ha cambiado: Hace unos años tenía un novio black-metalero que decía que el jazz eran unos músicos en el escenario donde todos tocaban canciones distintas; hoy somos amigos y él es fan de B.B. King.
Con respecto a la "receta" de Philip K. Dick, la considero demasiado cerrada para funcionar y hace unas semanas hablaba de algo similar con mi hermano -aunque enfocado hacia el fútbol- yo le comentaba que nada sería más sexy que tener un novio al que le guste el barça, el inter y el manchester; mientras que él me miraba con su cara de te-volviste-loca.
Creo que lo mismo pasaría con la música (sin exagerar) tampoco voy a quedar con alguien a quien le guste el vallenato porque simplemente no podría; pero sí tengo que estar con alguien que sienta pasión por la música, y aún cuando no escuchemos los mismos géneros, al menos saber que incluso siendo diferentes estilos la amamos de igual modo. (lo mismo pasaría con el fútbol)
Para finalizar, a muchos de mis amigos hoy debo agradecerles por haber abierto mis gustos hacia otros géneros y músicos que en un principio no me cuadraban; hace unos años -por ejemplo- no escuchaba Queen y ahora me encantan!
vaya vaya, no lo has podido haber dicho mejor...
yo debo admitir que yo tenia un fascismo musical casi que tipo nazi, tu sabes metalero extremo al fin, pero basto a que tuviera que quedarme fines de semana en mi casa, y que andara en las camionetas de caracas y que tuviera panas que no compartieran gustos musicales, para mas o menos empezar a bajar la guardia, por lo menos yo estudie en una universidad con un gran fascismo musical por el pop y lo que suena en la radio y al final por eso un pana que escuchaba burda hip hop y yo nos la llevamos bien, aunque creo que eso me ayuda la enciclopedia musical ivan matta que ponia un poco de todo, al final no te puedo decir que me gusta todo tipo de musica, porque no paso ni el vallenato ni el reaggeton, ni la musica con mucho bajo a todo volumen, pero ahi voy, por lo menos digo "eso no me gusta" que la vida me enseño que es muy diferente a decir, y que se dice mucho "eso es una mierda"
y lo del fan del thrash con la ricardo arjona... ehm yo conoci hace mucho tiempo una pareja... ehm... el era fan del death metal y ella del pop y electronico, era un poco desequilibrante verla a ella con su pinta intensa al lado de alguien con una camisa de Cannibal Corpse o Deicide, pero no te creas duraron que jode y como diria ella y luego él... todo gracias a los audifonos entre otras cosas
saludos mister, muy bueno, como es la costumbre
casi lloro cuando leí que glenn gould no es precisamente "your cup of tea" pero no me va a quedar otra cosa que seguirte queriendo después de todo. me ufano de una pluralidad musical que le conozco a pocos, aunque alguna música la escucho porque me da risa, pero eso también cuentan. desde monteverdi, gluck, el renacimiento y los barrocos enteros, pasando por casi todos los clásicos y mucho mozart y verdi hasta llegar a john lee hooker, chuck berry, josé luis rodríguez cuando cantaba con la billos, bola de nieve, morcheeba, kraftwerk y un montonón de etcéteras hasta llegar a noél petro cantando "la araña". saco radicalmente de este sancocho a arjona y compañía, así como a madonna y todos sus derivados pop.
pero jose, gould hasta me recuerda a ti por lo locote, tienes que quererlo.
Mi chamo querido creo que si no firmaras algún escrito, también sería capaz reconocerte y sacarte del supuesto anonimato. Pasar por este blog me hace reir y llorar, como si tuviera "los lagrimales malos".
Realmente siempre he disfrutado compartir tus exquisitos gustos musicales.
Se te quiere full y extraña
Anónimo 1 jajajajaja, me gusta ese nombre!
Creo que con la música, como con el resto de regalos, quien tiene la suerte de nacer y busca la suerte de crecer rodeada de gente con sensibilidad tendrá la suerte conocer, de apreciar y de ser capaz de seleccionar aquello que de verdad le gusta y le hace sentir cosas bellas.
Escuché por primera vez a Amy hace mucho tiempo. Me sonó a Atlantics, a Stax; me pareció tan buena como algunas de las mejores soul ladies. Ella tiene dos discos fabulosos aunque ahora sea famosa y le guste a gente que jamás escuchara a Sam Cooke. En realidad eso no importa y a veces sucede. No me molesta tanto lo moderno como la ignorancia -la soberbia de no querer ver- que todo lo que hoy escuchamos, observamos o leemos viene de algo anterior y que su alma sobrevive al paso del tiempo sujeto con orquillas en un cardado cualquiera.
Precioso texto el tuyo, como siempre.
Gracias a ti,
Al igual que tú, Amy Winehouse no era de mis favoritas, pero reconozco que ejercía en mi un cierto tipo de fascinación que me hacía verla y oírla. Mis hijos me dicen que yo me quedé pegada en la música de mi adolescencia y me llenan el Ipod de música de esta época a ver si asimilo algo. Algo asimilo, pero siempre me sigue gustando más la música que me evoca recuerdos felices, momentos inolvidables. Pero eso sí, lo que nunca he podido no siquiera tolerar es la salsa, merengue y lo peor de todo el regueton. Ahí sí, ni que haga un sacrificio a Dios puedo tolerarla. Me da pena con la demás gente, pero es que va más allá de mí. Me encanta tus artículos, gracias por el regalo dominguero.
Hermoso y agudo texto, José. Estoy contigo en aquello de que entender la música que escuchan mis cercanos es conocerlos a ellos más íntimamente. Aunque a veces sea un verdadero acto de fe mojar tu dedo del pie en esa piscina fría del gusto ajeno, ja ja ja...
También con el tiempo he ido suavizando la actitud "¡si no te gusta X es que no quieres a tu mamá!", que por lo demás no era tanto acentuada como una broma para defender mis gustos.
Claro que ahora pienso que la pugnacidad con que se defiende la parcela musical particular dice mucho de uno, pero más parece que dice la pugnacidad con que se "odia" cierto otro tipo de música... hay cosas que no me gustan y por lo tanto no escucho, pero si "la odio" ¿no será que odio sentir algo dentro de mí cuando la escucho?
Siempre un placer leerte.
Gracias (siempre) por tus reflexiones, Jose.
Por si entre todo lo que haces encuentras tiempo, te dejo mis recomendaciones: El obsceno pájaro de la noche (la novela de Donoso), Buffalo 66 (la película de Vincent Gallo) y la banda sonora de The Brown Bunny (John Frusciante).
Un abrazo muy fuerte desde Canarias.
MM
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