lunes, 31 de diciembre de 2012

Horroróscopo 2013

Ilustraciones: Germán Herrera / Textos: José Urriola.

Horroróscopo 2013: Aries



Te encontrarás esa pluma abandonada sobre el banco del parque por donde sueles pasar a diario y a veces te sientas las mañanas con sol. Mirarás alrededor y cerciorándote de que nadie te mira, la tomarás entre tus dedos. Sentirás un impulso irrefrenable de apoderarte de esa pluma negra, nacarada, con incrustaciones de metal. La típica que se carga con tinta china. Es un objeto valioso. Pobre diablo el que la dejó allí olvidada, seguro la andará buscando; pero es que si no la tomas tú ya vendrá otro más vivo y se la apropiará, por lo menos tú le darás uso, con eso te consuelas. Antes de guardarla en el bolsillo interior de tu abrigo querrás probarla a ver si tiene tinta, y como no tienes papel a mano decidirás hacerte una raya en la mano. No, no funciona. Lo único que haces es lastimarte en una línea sanguinolenta la palma. Habrá que comprarle tinta china en el puestico que queda camino a casa.

Cuando llegues a casa, con el botecito de tinta ya comprado y a buen resguardo en el mismo bolsillo donde se halla la pluma, buscarás papel y te sentarás a escribir. Entonces sabrás que la pluma es mágica, que al entrar en contacto con tus dedos escribe exactamente lo que estás pensando. Una escritura cabal, perfecta, con buen pulso, donde se vacía hasta el mínimo detalle de todo eso que estás pensando y sintiendo. Todo lo que siempre has querido escribir -y exactamente cómo has querido escribirlo- por fin eres capaz de ponerlo en blanco y negro. No se queda nada por fuera, nada falta y nada sobra. Escribirás con esa pluma, sin que la tinta jamás se acabe, sin que haya necesidad de recargarla, tu obra perfecta. Esa que siempre has soñado. La misma que tantas veces quisiste contar pero nunca lograste. Una vez puesto el punto final querrás entonces transcribirla en tu computadora, pero será inútil. No hay manera de copiar palabra por palabra eso que has escrito con tu puño y letra y por medio de tu pluma mágica. De nuevo tu escritura, ahora que tecleas y la lees en la pantalla, vuelve a ser anodina. Le falta piel, le falta alma. Algo crucial se está perdiendo en el transvase del papel a la computadora, una pérdida que te resulta insoportable.

Dejarás una nota sobre el manuscrito. Son las instrucciones detalladas de cómo quemar esa obra. Deberán entregarla al fuego sin que nadie jamás llegue a leer ni una letra de su contenido. Tomarás tu pluma mágica, cerrarás la puerta de casa con doble cerrojo, tirarás la llave por un desagüe. Ya sabes que no volverás.

Te irás al parque y dejarás la pluma abandonada sobre un banquito. Ya aparecerá algún infeliz que la encuentre y se la lleve consigo. Pasará un perro callejero y decidirás seguirle los pasos, a donde sea que te lleve, ya qué importa. Una nueva vida te espera, en cualquier otra parte. Eres como Rimbaud, ya dijiste todo lo que venías a decir, aunque nadie jamás llegue a enterarse. 

Horroróscopo 2013: Tauro



Es que te has pasado todo el 2012 pendiente de las profecías mayas y del cacareado fin del mundo. Entonces descubrirás un plan secreto de la NASA y decidirás enrolarte. Te enterarás de algo que nadie puede saber: Curiosity, el robot que está explorando Marte, ha comenzado a transmitir unos mensajes muy raros. Más que raros, preocupantes. “Tengo miedo”, “no quiero estar solo”, “si no me mandan un compañero no pienso transmitir ni un solo byte de la información que he encontrado en Marte”, “sé cosas, he visto cosas, pero no se enterarán jamás a menos que envíen a alguien”, cosas de ese estilo. Ya sabes que, a veces, a las máquinas les da por ahí.

Pondrás tu mejor empeño y pasarás todas las pruebas de la NASA: las físicas, las mentales, las emocionales. Es que realmente necesitan a alguien que esté loco para que acepte semejante misión. Te encomendarán ir a Marte, sacarle toda la información al robot explorador, desconectarlo y volver a la Tierra. En caso de que no logren traerte de vuelta, tendrás que transmitir toda la data e inmolarte en el vacío del espacio exterior. Ya te construirán una estatua y te condecorarán post mortem, pero eso se mirará luego.

Llegarás a Marte a mediados del año (sí, a mediados de 2013, es evidente que el mundo no se acabó). Pero cuando conozcas a Curiosity encontrarás en él a un amigo, te confesará en clave cómplice -que inventarán y sólo serán capaces de decodificar ustedes dos- todo lo que sabe. Te hará partícipe de todo lo que ha descubierto en medio de la soledad marciana. Entonces decidirás abortar la misión y pasarte al bando del robot.

En diciembre de 2013 estarás sentado junto a Curiosity en un pico marciano tres veces más alto que el Monte Everest. Un mirador perfecto para observar en palco de honor hacia la Tierra. Y entonces, entre todas las criaturas del universo, solamente él y tú serán testigos de lo que ocurrirá.

No, no es el fin del mundo. Es algo todavía más grande que aún no sabemos. Ya nos contarás. 

Horroróscopo 2013: Géminis



Nadie te ha recomendado ese libro y jamás habías tenido noticias de su existencia. Decidirás leerlo por la más ingenua –y también la más auténtica– de las razones: porque te gustan el título y la foto de la cubierta.  El comentario de la contratapa te dirá poco a nada. Empezarás a leerlo en esa hora en la que todos duermen, todos menos tú. A las pocas páginas ya sabrás que ese libro es especial, es de los que deja marca, es como si lo hubieran escrito especialmente para ti y además te ha llegado a las manos en el momento justo. Esa noche no dormirás, no tanto por el insomnio (tu viejo compañero) sino porque has decidido por propia voluntad no dormir. Al día siguiente inventarás cualquier excusa para no hacer lo que debes hacer, te tomarás el día entero para ti, te vas a regalar una jornada de inmersión en la lectura. Hacia la mitad del libro descubrirás que te has enamorado del personaje principal. No, no es un amor platónico, no es el típico capricho de quien se antoja de una ficción; es un amor verdadero y absoluto, como si de verdad esa persona existiera. Te irás progresiva e irrefrenablemente adentrando en la lectura, te apoderarás de la obra, te irás metiendo en ella como si fueras un personaje más entre quienes la habitan. Ese libro no cuenta una historia, cuenta tu historia. A cada palabra leída te va transformando, te va (te vas) construyendo.

Cuando tu familia llegue esa noche ya habrás desaparecido. De ti no ha quedado ni rastro. Tan solo el libro cerrado; allí, tirado sobre tu sillón.

Ahora vives dentro del libro, tu nueva existencia se encierra dentro de los límites de esa ficción real como ninguna que sigues escribiendo junto al objeto de tu deseo. Qué suerte que tienes, porque el personaje te corresponde. Vivirás feliz, por ahora, pero con el vértigo insoportable de que alguien más, de un momento a otro, abra el libro y se lo lea. Que alguien llegue a leerte, porque entonces, lo sabes, estarás condenado a la sustitución. Y para ti ya no hay otra historia. 

Horroróscopo 2013: Cáncer



Al principio será una simple broma, un chiste malo de esos que se te devuelven y te dejan descolocado. Llamarás a tu casa desde un teléfono público, colocarás un pañuelo sobre el auricular y cambiarás la voz. Preguntarás por ti mismo, a lo que te responderán desde el otro lado de la línea: Ahora mismo no puede atenderle, se está bañando.

Será tal la confusión que no serás capaz de dejar algún mensaje. Te quedarás unos segundos con el aparato en la mano antes de colgar. Qué raro –te dirás–, será que mejor llamo otra vez y aclaro que era yo gastando una broma. Volverás a llamar a casa y esta vez te atenderá una voz familiar, extraordinariamente familiar: la tuya propia.

Dejarás el aparato descolgado y correrás a casa a ver qué demonios está pasando. Tu pareja te recibirá con asombro: Ah, eres tú, qué cómico, yo juraba que te estabas bañando. Han llamado preguntando por ti pero no dejaron mensaje.

A los pocos días sentirás que alguien te sigue por la calle. Mirarás de reojo y pensarás que has visto mal, pero cuando te escondas tras una columna y mires mejor te darás cuenta de que sí que te siguen. Que te sigues, mejor dicho, porque tu perseguidor no es otro que tú mismo. Correrás como un poseso, lograrás perderle (perderte, es que la conjugación es un rollo en estos casos) la pista. No te alcanzará(s). Una lástima, una verdadera pena, era crucial lo que venías a decirte.

No te preocupes, a la larga lo acabarás sabiendo, sólo que tardarás muchísimo más en llegar al llegadero. Tu otro yo venía a decirte que la clave estaba en tu baño. Que allí, en esas manchas y formas extrañas que miras sin mirar cuando te duchas, se encuentran mapas, ilustraciones, letras y palabras sueltas. Que tienes que unir los puntos, vincular los fragmentos que te indican en clave un plano para llegar a donde tienes que llegar. En esas baldosas está el itinerario que conduce a tu futuro. Un futuro grande y hermoso del que podrás entrar y salir a voluntad, como quien es dueño de un universo de bolsillo.

No sabes lo que tendrás ahora que esperar, la roncha infinita y cuesta arriba que tendrás que atravesar. Todo por tu obstinada necedad de no quererte escuchar a ti mismo. 

Horroróscopo 2013: Leo



Y te llamarán Fango.

Pero antes de eso vas a estar mal. Sumamente mal. Víctima de una depresión crónica. Y por eso te irás a caminar por el bosque con ganas de perderte, de adentrarte entre los árboles y no salir de allí nunca más. Porque tanto desamor y tanto desarraigo se quitan solamente pateando la existencia a ver si paso a paso te vas deslastrando de esa soledad que llevas a cuestas. Llegarás a un punto, en un extraño claro del bosque que no conocías, donde sabrás que si das un paso más ya no serás capaz de volver. Y darás ese paso. Uno crucial en tu vida.

Tu pie pisará  sobre terreno fangoso, el suelo cederá bajo tus pies, te hundirás por tu propio peso (y esta vez no es una metáfora). Querrás asirte de algo, volver atrás, pero será inútil. En cada movimiento te hundirás más en esa arena movediza que ya te llega hasta el mentón. Te entregarás a tu destino, lo asumirás con un estoicismo que no has tenido en tu vida. Dejarás que el fango te engulla y en un punto abrirás la boca y las fosas nasales para precipitar lo inevitable. Y así desaparecerás.

Saldrás al mundo, a otro que no éste, pero por más que te palmotees el cuerpo y te bañes no serás capaz jamás de quitarte el fango que se te ha pegado de la piel y las mucosas. Serás descubierto por un pueblo de albinos que te acogerán con toda normalidad, como si fueras uno más de ellos, sólo que con tus problemas de pigmentación.

No, no te van a considerar una criatura divina. No serás tampoco un bicho raro. No conseguirás tampoco al amor de tu vida en una albina ni sentirás por fin que has encontrado otra vida en otra casa. Tendrás simplemente otra oportunidad en otra parte. Y a menudo, cuando se te encargue buscar leña o llevar a los niños albinos de campamento por el bosque, te sentirás tentado de sumergirte de nuevo en las arenas movedizas, en ese punto exacto donde caíste desde tu vida anterior.

Cosa curiosa, nunca querrás dar ese paso. Tocarás el fango con la punta de pie del mismo color y te dirás: “qué va, mejor me quedo un rato más”.

Te llamarán Fango hasta que se te olvide tu nombre anterior. Hasta que encuentres imposible llevar otro nombre.

Horroróscopo 2013: Virgo



Te has pasado la vida montándote películas en esa cabeza, armando un sinfín de conjeturas, teorías, confabulaciones, especulaciones de toda índole. Incluso te has convencido de que tienes un extraño superpoder: eres casi vidente, tienes casi el don de la prestidigitación; pero cuando la realidad que has adivinado por fin ocurre, se distancia de tus teorías por un par de centímetros (o de metros, a veces un par de kilómetros). En fin, que te la has pasado vaticinando y proyectando futuribles que se parecen a lo que ocurrirá pero realmente no ocurren.

Presa del hartazgo –el peor de los hartazgos que es ese que se produce cuando uno se agota de sí mismo–  te irás a la ferretería y comprarás un dimmer de esos para regular la intensidad de las luces. Sin anestesias y con un cuchillo de cocina a mano como única herramienta quirúrgica, te abrirás una zanja en la nuca y te insertarás el dimmer en el ángulo justo hasta hacerlo entrar en contacto con el cerebelo. Te coserás la herida caseramente con aguja e hilo, accionarás el control del regulador hasta ponerlo a media intensidad, justo en el medio, y acto seguido procederás a triturarlo con un martillo.

Te condenarás a la medianía más absoluta, a pensar y especular lo estrictamente necesario. Te convertirás entonces una persona más del montón; una normal y corriente, del promedio. Tu vida, pensamiento y obra serán caracterizadas por el average más medio de todos los posibles. Hacia finales del año te sentirás morir del aburrimiento y querrás quitarte el dimmer, arrancarlo de tu cabeza para volver a ser quien eras antes. Te estás hartando de nuevo de ti mismo, tanta mediocridad es lo más parecido a una muerte en vida; pero será un pensamiento fugaz, al poco rato te dará pereza, lo dejarás mejor para otro día. Es que a estas alturas hasta te da fastidio salir del aburrimiento.

Horroróscopo 2013: Libra



Conocerás a alguien por Internet. Un amor en línea, a distancia. Sabrás, a pesar de no haber tocado ni olido jamás al objeto de tu deseo, lo que es el amor absoluto, el amor delirio, el amor desquiciado. Se te ocurrirá que, tal vez, si te conectas a un disco duro de millones de terabytes, serás capaz de digitalizarte, enviarte por correo como un archivo comprimido y que tu amor se encargue luego de descargarte al otro lado de la línea. Pero semejante tecnología no ha sido inventada, la tienes más fácil si esperas a que solucionen lo de la teletransportación.

Como no tienes los medios para reunirte con tu amor tan lejano (tan absoluto pero tan inaccesible), entonces buscarás el consejo de un buen amigo. Le contarás todo, le pedirás entre temblores y gimoteos que te ayude, que tienes disposición absoluta para lo que sea. Entonces darán con una posible solución: te enviarás por correo. Correo del tradicional, que ya sabes que el electrónico no te sirve. Lo único que hay que hacer es convertirte en estatua, en escultura, en un objeto de esos que saben hacer los taxidermistas. Así lograrás embalarte dentro de una caja, burlar los sistemas de rayos X, hacerte pasar por un cuerpo inerte que no despierte sospechas.

Antes de someterte a las artes de la taxidermia, redactarás minuciosamente las instrucciones para que tu amor a distancia te pueda recibir en destino, te desembale y te vuelva a la vida. Tu amigo se encargará de llevarte a la oficina del Courier para hacer el envío.

En unos pocos meses, vía barco, llegarás a destino. Tu amor a distancia te sacará de la caja, con sumo cuidado te quitará de encima el papel de burbujas en el que vienes embalado, te colocará en la mitad de la sala mientras lee las instrucciones de cómo revivirte. Pero esas instrucciones están escritas con el mismo verbo y las mismas ilustraciones delirantes de los muebles para armar de Ikea. Eso no lo entiende ni Dios.

Quedarás muy bien como escultura en el rincón. Y para las próximas navidades te van a poner bolitas de colores, una estrella en la cabeza y un cinturón de luces intermitentes. 

Horroróscopo 2013: Escorpio



Leerás por allí una frase de esas que se te adentran por los poros, se instalan en la dermis y luego se alojan en los huesos: “no es a la enfermedad a lo que más le tememos, ni siquiera es a la muerte, es a la vejez”. Te dirás que la frase es frívola, que se trata de una sentencia vacía y vanidosa (¿pero de verdad esperabas otra cosa del mundo que estamos viviendo?). Con el tiempo la frase te habrá hecho mella, te derrumbará todos los mecanismos de defensa, obsesivamente empezarás a mirarte en el espejo y a tomarte las carnes ya flácidas en una pinza entre tus dedos. No hay duda, la vejez se está apoderando de ti y los estragos del tiempo ya no sólo son evidentes a la vista sino que te están pesando en el cuerpo y el alma. Consultarás con especialistas: claro, hay cremas y tratamientos cosméticos, y también siempre queda la opción de la cirugía. Pero es que a ti te angustia lo de envejecer con dignidad, eso de andar por la vida con un traje superpuesto, bajo una capa de estiramientos y botox, se te antoja patético. Tú preferirías otra vejez.

Entonces tus investigaciones –ansiosas, obsesivas, estériles y crueles– te llevarán a un descubrimiento: un laboratorio farmacéutico está desarrollando un nuevo tratamiento de cosmetología, algo que tiene que ver con biotécnica, con células madres, con polímeros de última genración y nanobots. Una cosa que, eso dicen, se inocula en varias dosis y será el remedio absoluto y permanente contra el envejecimiento. Que se ha probado en ratones y cerdos con óptimos resultados; pero aún no ha sido testeado en humanos. Y que están buscando voluntarios que se presten como conejillos de indias.

Te presentarás al experimento, firmarás todo el papeleo donde los eximes de toda responsabilidad, te someterás a las inyecciones durante una semana. Y serás joven. Joven para siempre. Sin pactos con el demonio ni retratos a lo Dorian Gray. Eso sí, con un pequeño efecto secundario, una colateralidad que nadie había calculado: el tratamiento es exitoso e irreversible pero en ningún momento garantiza tu propia juventud sino la juventud en su acepción más amplia. Serás un joven hoy, mañana una chica de veinte, pasado un híbrido asexuado que no es hombre ni mujer, a veces un perro de tres años o un gato de dos. Un día también serás un ornitorrinco en etapa reproductiva. Dentro de tu organismo se ha precipitado una mutación, una reacción en cadena donde la fórmula de tu organismo se reorganiza cada 24 horas según el mandato de los minúsculos laboratorios del ADN.

Hacia finales de año, presa del mareo y la falta de identidad, te abrazarás a un árbol del parque. Necesitas algo sólido que te aferre al suelo, algo que te dé arraigo y te ayude a frenar la vorágine de cambios.  Tu organismo decidirá camuflarse con la madera del tronco. Mientras permanezca el abrazo serás rama y retoño vegetal. Los perros se acercarán para olerte y marcar su territorio; los niños, como poste de la arquería improvisada de fútbol. El año que viene florecerás y darás frutos. 

Horroróscopo 2013: Sagitario



Volverás a casa una noche conduciendo por la carretera luego de una jornada infernal de trabajo. Tus pensamientos, una vez más, giran en torno a que necesitas un cambio radical, que esto no es vida, que te toca dar ya ese golpe de timón existencial que vienes planeando desde hace rato. En eso, un objeto extraño te encandilará y te cerrará el paso. Temerás por tu vida pero sentirás cierto alivio cuando te percates de que no se trata de asaltantes sino de extraterrestres. Te comunicarán telepáticamente que esto es una abducción, que es mejor que colabores, que si no es por las buenas igual te llevarán por las malas. Decidirás subirte a la nave espacial, en parte porque no tienes otra opción y en parte porque, al fin y al cabo, tus deseos por un cambio de vida han sido escuchados.

Cuando la nave esté surcando por la estratósfera en dirección al espacio exterior, tus captores te comunicarán por vía telepática sus intenciones: necesitan estudiarte, has sido víctima de una selección aleatoria, requieren de un(a) terrícola normal y corriente para recoger data suficiente que les permita diseñar un plan de invasión. Tú les dirás sin necesidad de articular palabra que estás de acuerdo, que no hay problema, pero que antes tienes que dejar en claro unos detalles:

“Ustedes me secuestraron y no me dieron tiempo de despedirme de mi familia, especialmente de mi vieja que se va a preocupar horrores porque va a pensar que me secuestraron unos malandros y que ahora me deben estar violando mientras me cortan en pedacitos para dejarme en una bolsa de basura negra en el lugar del rescate. Me la van a matar de un infarto a mamá. Además, ¿Ustedes saben lo que es un control de cambio? Bueno, porque en mi país hay uno. Y yo no sé ni siquiera a dónde me llevan y yo no he pedido mi cupo de dólares de CADIVI, solicitud que se tiene que entregar en dos carpetas distintas: una para la tarjeta de crédito y otra para los dólares en efectivo. Además el pasaporte se me vence en dos meses y hay que pedir una cita por Internet en una página que nunca está disponible o que siempre se cae, y cuando por fin logras cuadrar la cita entonces resulta que te la dieron para dentro de 6 meses y si la llegas a perder te vas a pasar mínimo un año más para que te den otra. Por otra parte, este año hay elecciones y por nada del mundo yo me voy a perder esa vaina, porque es lo único que puedo y debo hacer por mi país: votar. Tengo que estar primero para la de alcaldes y luego para otra que no sé cuándo será pero es importantísima porque será para presidente, porque el que tenemos está enfermo  y yo creo que se va a morir pronto; bueno, eso dicen, qué sé yo, el punto es que si se muere entonces habrá elecciones y ahí sí que nos la jugamos todas, va a ser como la final de un Mundial, cada voto cuenta, y yo no voy a tener excusa: “no, vale, resulta que yo no pude votar porque me secuestraron unos marcianos”, con qué cara le voy a salir yo a decirle eso a mi gente. Ah, lo otro es que mi pareja y yo estamos buscando bebé y tenemos una cita para hacer una inseminación artificial, que nos ha costado un ojo de la cara, y esa vaina es el lunes a las 6.30 a.m. y los espermatozoides tienen que estar frescos dentro de un frasquito…

Los extraterrestres darán la vuelta en U. Te depositarán junto a tu carro en la misma carretera donde te abdujeron. Está decidido, se buscarán un planeta que esté más fácil y habitado por unos seres menos complicados. Así, honestamente, no se puede.

La gran invasión a la Tierra ha fracasado una vez más. Gracias a ti, que no ibas ni por la mitad.

Horroróscopo 2013: Capricornio



Recibirás una carta en blanco, absolutamente en blanco, pero acompañada de una posdata de cinco páginas escrita a mano y en caracteres chinos. Convencido de que la carta encierra un mensaje divino, uno exclusivamente dirigido a ti –allí, en esa posdata encriptada, tiene que estar el sentido de tu vida– te armarás de valor y te irás hasta el restaurante chino donde atiende el Willy, un chino que habla por igual el mandarín y el español. Con gran desencanto descubrirás que el Willy no habla ni lee papa del dialecto extraño en el que están escritos esos caracteres, te remitirá entonces donde el profesor Chow, una eminencia en filología que enseña en la universidad. El profesor Chow leerá la extraña posdata y te dirá que él tampoco entiende lo que allí dice, pero que está seguro que se trata de un dialecto que se habla en la aldea de Ming-Shi Liao, un caserío perdido en una planicie cercana a la frontera de China con Mongolia. Venderás todas tus pertenencias, quemarás las barcas y te comprarás con los ahorros un boleto a Beijing, de allí tomarás un tren, luego un rústico, luego un caballo y después un camello peludo mongolés que finalmente te depositará en la remotísima aldea de Ming-Shi Liao. Te pasarás el año entero aprendiendo el dialecto de la región. Tu maestra, que también es tu casera, te dirá que sí, que es un mensaje importantísimo, tan importante que no es a ella a quien le corresponde traducirlo, que tendrás que hacerlo tú mismo. Nadie más en este mundo tiene el poder ni el derecho de hacerlo. Cuando esté finalizando el año tendrás suficientes competencias en la lectura del dialecto como para traducir el contenido de la posdata, también las suficientes como para expresarle a tu maestra que te has enamorado perdidamente de ella y que ya no puedes ni quieres volver a casa, que tu hogar está aquí y ahora en Ming-Shi Liao y a su lado. La maestra te dirá: “muy bien, yo también te quiero, te puedes quedar… pero hay algo que no has leído, un detalle que ha pasado desapercibido hasta ahora, no has traducido eso que está escrito en el exterior del sobre, donde aparecen el remitente y el destinatario”.

El último día del año te dedicarás a esa tarea de traducir lo que está en el sobre y entonces lo sabrás: el remitente tiene el nombre de tu maestra. El destinatario, culpemos al cartero, era tu vecina del apartamento de al lado. 

Horroróscopo 2013: Acuario



Al principio lo considerarás una simple manía y le llamarás fotofobia.

Es como una hipersensibilidad a la luz solar combinada con unas ganas enormes de quedarte siempre a buen resguardo. Dejarás de salir, si acaso aventurarás a unas pocas vueltas, un ratito, las noches de luna menguante.

Sentirás entonces el vértigo del vampiro y luego el del licántropo. Seguro que hay algo en la luminosidad de los astros que te está haciendo mella. Algo que bulle por dentro, que amenaza con desdoblarte. Es mejor tomar precauciones, vestirse siempre con sombreros, anteojos oscuros, mangas largas, bufandas pañuelos para cubrir las carnes expuestas al aire y trajes preferiblemente negros.

Pero basta con que un simple haz de luz se te cruce en el camino, no importa si de sol o de luna, para que el hervor te posea. Como si tu piel y tu alma estuvieran compuestas por una sustancia especialmente volátil. O peor, como si en las vibraciones y ondas de esa luz natural hubiera un llamado insoportablemente seductor para cada una de las moléculas de tu organismo o de tu espíritu.

Entonces llegará el día en que te hartarás de tanto encierro y tantas capas de protección. Quizás no es el hartazgo, muy al contrario, será más bien el cumplimiento de una voluntad feliz. Una entrega apacible ante lo inevitable. Que pase lo que tenga que pasar, mejor dejar de luchar contra el llamado y dejarse fluir ante la seducción de la luz.

Saldrás a un descampado y te arrancarás los trapos de encima. Quedarás así expuesto al sol del mediodía. Comenzarás a hervir de dentro hacia fuera y en pocos minutos alcanzarás el punto de ebullición. Te evaporarás de una manera indolora, en una ligera y prolongada comezón similar a la que precede al orgasmo.

Lloverás a lo largo de todo el año. La naturaleza se pondrá radiante y voluptuosa como hacía años no se veía. Y notros -sin saberlo- te estaremos agradecidos por la mejor cosecha en décadas. 

Horroróscopo 2013: Piscis



Los anglosajones le llaman a eso un writer’s block. Un bloqueo mental donde no hay manera que se te ocurra nada lo suficientemente feliz (o infeliz) como para ponerte creativo. Bueno, esas cosas pasan, te consuelas, vamos a dejarlas tranquilas que ya las ideas irán cayendo en la red cuando sea el momento indicado. Mejor no forzarlas.

Pero el bloqueo mental se prolongará días, después semanas, luego largos meses.

Un día, con la mente en blanco –no tienes otra opción– te posarás por inercia sobre una balanza para pesarte. Cosa extraña, no has cambiado de talla de ropa ni te sientes más gordo, pero la aguja de la balanza indica claramente que estás 10 kg. más pesado de lo que ha sido tu promedio habitual. Y la cabeza comienza a pesarte, como si ya el cuello no fuera lo suficientemente fuerte como para soportarla sin ayuda de las manos. La gente pensará que se trata de tu nueva pose de intelectual, que resulta que ahora quieres convencer a todos de que tienes el peso de todo un universo encerrado en esa mente tuya. Pero qué va, tú sabes que la cabeza ahora te pesa más de la cuenta.

Te irás a hacer una tomografía y entonces darán con el problema. Un problema real: tu masa encefálica se ha compactado de una manera insólita, granítica, tienes literalmente un bloque de hormigón en el cerebro. Y no existe cirugía ni tratamiento para semejante rareza.

Tendrás entonces que someterte a un reposo absoluto mientras una gama amplia de médicos alópatas, homeópatas, chamanes, místicos y esotéricos de todas las religiones e índoles se dedican a estudiar tu caso a ver cómo te libran de ésta. Al final, la solución será que no hay solución. Que mejor le donas el cerebro a la ciencia.

Presa de la fatiga -y sobre todo vencido por el peso formidable que llevas literalmente sobre los hombros- caerás fulminado. Dormirás un sueño que no es de los hombres, un sueño cargado de epifanías, donde todo cae por su peso y se va ensamblando maravillosamente en un sólido que tiene más dimensiones que cualquier otro que se conozca en este mundo.

Despertarás luego de varios días. Despejado, más ligero, con esa alegría energética que sólo da un sueño reparador. Te incorporarás, comerás como un troglodita, sentirás una liviandad que casi te hará levitar. Te sentarás luego a escribir todo eso que ahora fluye en tu cabeza, esa madeja maravillosa de pensamientos líquidos y vaporosos. Será un libro, una película, un cómic, una obra perfecta, monumental y transgenérica.

Será tan maravillosa esa obra que dentro de  un tiempo desearás de nuevo otro bloque(o) mental. Algo que te permita por lo menos imitar o rasguñar esa cosa prodigiosa que te ha salido de la cabeza. 

martes, 18 de diciembre de 2012

El lenguaje como virus


William Burroughs ilustrado por Charles Burns.


“Language is a virus” (William S. Burroughs)

El lenguaje es un virus, así en pocas palabras el escritor William Burroughs logró expresar una de sus máximas, el que quizás sea el más lúcido y contundente de sus pensamientos. Wittgenstein, en la misma línea, decía: “al final, quizás, no seamos otra cosa que monstruos hechos de palabras”.

El lenguaje, visto bajo esa luz, se convierte entonces es un reactivo que se nos inocula en el torrente sanguíneo y se nos hace correr entre las dendritas cerebrales para transformarnos y así ayudar a constituir esa enorme fórmula química de la que estamos hechos. Somos el lenguaje que nos rodea, que asimilamos y metabolizamos, ese mismo que –al final- nos apoderamos y hacemos nuestro.

Llevamos años, son 14 (y contando), inmersos en un caldo lingüístico altamente tóxico. Son los tiempos del lenguaje como veneno. No son las ideas, ni mucho menos las ideologías, lo que nos ha ido transformando a lo largo de este lamentable lapso de la historia nacional. La culpa de la mutación desfavorable que padecemos está, sobre todo, en el lenguaje. En el “rodilla en tierra”, en el “los vamos a aniquilar”, en el “no se equivoquen”, en el “mucho cuidado que la revolución es bonita pero está armada”, en el uso de “enemigos” en vez de “adversarios”, en la insistencia de que el presidente es más “comandante” que cualquier otra cosa. Está en esos titulares como el de Telesur del día de ayer que rezaba: “Cómo el 16-D se asesinó a la oposición venezolana”.

Es inevitable que una sociedad sumida y formada dentro de ese contexto del lenguaje-oprobio, el lenguaje-odio, el lenguaje-guerra acabe siendo víctima de una enfermedad. El lenguaje como virus en este caso nos está enfermando, y pareciera que la mayoría no contara con los anticuerpos para defenderse de semejante infección.

El lenguaje de los militares es el que se ha ido inoculando en nuestra sociedad. El lenguaje de quienes no conocen otra manera de nombrar al mundo que no sea la de la guerra, los cuarteles, la sumisión o supresión del enemigo; es el verbo enfebrecido de la batalla, la muerte, las balas, la sangre, la aniquilación de todo aquel que “no esté con nosotros y por lo tanto no es de los nuestros, ése es el enemigo a arrasar”. Forma ya parte de nosotros ese virus sistemáticamente sembrado, que se ha venido inyectando una y otra vez en cada comunicado, en cada cadena, en cada oportunidad que se nos recuerda que la diferencia y la disidencia no están permitidas en la estructura jerárquica de los militares. Y ese lenguaje-enfermedad nos está sometiendo a una condición de minusvalía: nos convence de que necesitamos a un militar que nos ordene (no simplemente en el sentido de organizarnos sino, lo que es más grave, en la acepción donde se nos gire órdenes e instrucciones). De esa manera: estamos huérfanos sin el comandante. De eso nos quieren convencer. Que Venezuela es un cuartel donde los civiles deben estar supeditados a los lenguajes, pensamientos y maneras de los milicos. Como si no existiera otra opción, como si todos estuviéramos condenados a exactamente las mismas dolencias.

Tal vez esa sea una de las lecciones más contundentes que podemos extraer del último proceso electoral del domingo pasado: la mitad de los gobernadores electos son militares. El mapa, se equivocan quienes juzgan por la apariencia, no quedó pintado de rojo, su corazón es verde oliva, lleva bajo la epidermis el uniforme de los militares. Y esa combinación de rojo con verde oliva resulta, ya lo sabemos, en el color típico de la materia fecal. Y eso no es una metáfora, eso es literal.

Muchas veces nos preguntamos qué podemos hacer los civiles, los que no queremos ni usamos uniformes, los que pensamos distinto, los que no sabemos utilizar las armas ni nos interesa, para enfrentar esta situación donde la casa nos ha sido tomada y arrebatada por los malandros y los milicos (o peor aún, por la proliferación de híbridos nefastos resultantes del cruce de milicos y malandros), y la respuesta –no es menor ni descabellada- está en el lenguaje. El lenguaje como anticuerpo, como vacuna, como cura, el lenguaje como sanación.

O bien el lenguaje como un virus noble. Una sustancia digna que se logre colar por nuestros organismos para provocarles un contagio más feliz. Tenemos una responsabilidad enorme en el cultivo, la inoculación y la difusión de ese otro lenguaje que contrarreste y le quite espacios al que se nos está imponiendo. Un lenguaje que con su transmisión nos ayude a nombrar otra Venezuela, que nos permita edificar otro modelo de mundo. El lenguaje, en fin, como materia prima para la autoconstrucción de otros  monstruos de palabras. 

martes, 4 de diciembre de 2012

Penélope camouflage


Estamos convencidos, mi cerebro y yo, de que el mundo no es otra cosa que un juego de camuflajes. Todo el mundo se mimetiza con todo el mundo, todo el mundo anda a la caza de un estilo que no le pertenece pero del que se apropia con apenas un vistazo. 

La vida es una puesta en escena, una constante actuación, un permanente y subconsciente performance colectivo. Todos están reproduciendo gestos, peinados, ropas, formas y besos que de alguna manera ya han visto en otro lugar. Nos estamos repitiendo, simultáneamente, como en un gran ensayo general.

Somos especies de esponjas forradas de retazos de películas, con imágenes de un primo, con el gesto de un tío, con toque del viejo, con pizca de la vieja, con algo de tus hermanos, mucho de tus amigos que a su vez cada uno de ellos son retazos en permutación al infinito de copias de copias de copias. Todos y cada uno de nosotros no somos otra cosa que copias sobre copias con el único fin de intentar construir un personaje único.
            
El asunto es que no hay alternativa, hay que tener un camuflaje. Y el punto está allí mismo: en el disfraz en el que nos convertimos. Porque ese camuflaje, ese coctelito personal que tú mismo te estuviste preparando a lo largo de tu vida con pizcas y medidas de quién sabe quiénes, ese combito es todo tuyo. El camuflaje, aunque hecho de retazos de todos, termina siendo en sí una unidad irrepetible.
            
Pero mucho cuidado, porque hay gente que te lee el camuflaje, y quizá sin intenciones perversas –simplemente puede ser la noble atracción hacia algo, cuando de ello se carece– se amolda a tu camuflaje.
         
Quien no tiene camuflaje, quien no se tiene bien aprendido el papelito del personaje que le tocó interpretar, ése es un animal peligrosísimo. Porque ese tipo te copia entero. Esa tipa se convierte en la mujer de tu vida.
           
Pero te miente.
          
Porque están vacíos y lo que necesitan es robarte un poco de alma, un poco que resultará siempre demasiado. Porque el único y gran don de los copiadores de camuflajes es su mimetismo, son seres camaleón. Y tú te dices: La pegamos, loco, qué maravilla este personajote que me he encontrado, es que sin duda ésta es la mujer que he estado esperando toda la vida. La chica que lo hace como a ti te gusta, y discute de los temas que te parecen dignos de ser discutidos, con buenos argumentos y buena documentación, y hasta te hace el desayuno y te regala un rapidito extra antes de irte al trabajo. Es el disfraz que mágicamente se amolda al tuyo.
            
Son de especial riesgo en estos casos los intercambios musicales, pues el experto lector-camuflador que te has conseguido no tiene puñetera idea de lo que es un buen disco (de los buenos buenos, los ignora todos con ignorancia supina y no tienen su propio canon definido de lo que le gusta y lo que no le gusta), al cabo de unos días va a estar escuchando los mismos discos que tú, gozándose al mismo nivel las mismas canciones que casualmente son tus favoritas (de tu cosecha personal, con las hermosuras imperfectas que te caracterizan) y ahora hasta comienza a recomendarte discos. Una supuesta maravilla. El mito de la media naranja que se consuma. Te equivocas, te han tendido una trampa para cazar bobos. Resulta que la chica parece sacada de una revista de cómics eróticos, esa misma que hace y te pide lo que a ti más te gusta, la que se empeña en demostrarte que juega tus juegos a tu mismo nivel, los infantiles y los de adulto, es un copycat complementario.   

Y uno de imbécil va y muerde el anzuelo. Uno se lanza a por todas con esa diosa. Y te inventas todo un planeta de tigres azulados que corren saltando islas sobre océanos verdes, sirenas que te cantan al paso y uno en una barca regresando a casa como si fueras Ulises, ondeando la mano saludando a la tentación a la que con gusto no piensas sucumbir, porque sabes que tu Penélope te ha estado esperando. Veinte años, la pequeñez de veinte años, y esa mujer allí, tejiendo, esperando, siempre tan fiel. Bueno, tú vas al encuentro de tu Penélope, que te pasaste no sé cuántos años de tu vida buscándola y por fin te la topas y te enfrascas en todo ese cuento.          

Pero Penélope no es Penélope. La que has encontrado es un clon, otra que lleva su piel milimétricamente copiada sobre la suya. Es una idéntica que te engaña. Es Penélope apenas por ese instante en que está junto a ti. Porque cuando se aleja de ti se convierte en otra, para otro. Y así va. Va saltando de Penélope en Penélope. Será tu Penélope hasta que se canse del traje, entonces inmediatamente se buscará el traje perfecto y prestado de otra Penélope para otro Ulises.

Quizá lo bueno de haber encontrado una vez en tu vida a tu falsa Penélope es que ya te hace inmune a una segunda Penélope camuflaje. Aunque quién sabe. A lo mejor el que anda disfrazado de Ulises es uno.

Fragmento de la novela Experimento a un perfecto extraño de José Urriola,(Sudaquia Editores @sudaquiaeditors , 2012).