martes, 18 de diciembre de 2007

HORRORÓSCOPO 2008

Capricornio
Este año viajarás. Mucho. Todo lo que no has viajado en tu vida. Pero primero has de sufrir un accidente aéreo. Sobrevivirás, serás el único entre centenares, y sin un rasguño. La línea aérea te compensará con boletos gratis ilimitados durante un año a cualquier parte del mundo. Así que escogerás un destino por mes. Verás la aurora boreal en Alaska, te bañarás en el Pacífico bajo la mirada de los Gigantes de la Isla de Pascua, te acostarás a tomar sol sobre la Gran Muralla, asomarás la punta de los pies sobre los fiordos islandeses, verás despeñarse un colosal trozo de glaciar en la Antártica, sobarás la barriga a los budas gigantes de Birmania. Ah, claro, y te tomarás fotos. Millares. El fin de año te sentarás a ordenarlas, a ponerles nombre y leyenda. Y entonces descubrirás que en todas y cada una de las imágenes, al fondo, esquinado, a un costadito, está siempre la misma persona: un gordito de bigotes y camisa rosada. Un asomado a quien nunca habías visto pero que te ha arruinado cada instante. Pensarás que es un obseso, puede que un asesino en serie. Luego pensarás que es producto del azar, misteriosamente hay alguien que ha hecho los mismos viajes que tú y en los mismos momentos. Más tarde lo creerás un espía contratado por tus enemigos. Nada de eso, amigo, es tu ángel de la guarda. El pobre no se ha querido perder ni un instante de la fiesta después de todos los dolores de cabeza que le has dado en la vida.


Acuario
Notarás una mañana al salir de la ducha que algo duro y prominente te nace de los omoplatos. Los primeros residuos de un plumón liviano dejarán su rastro sobre las sábanas pocos días después. Y en una semana escasa, haciendo maromas con los espejos para que te devuelvan el rebote justo, verás ya sin lugar a dudas que dos alas te cuelgan de la espalda. Descubrirás entonces que sí, que si las agitas y pones el cuerpo suave, vuelas. Volarás siempre y cuando no violes alguna de estas dos normas: que esté oscuro, que nadie te esté mirando. Viajarás por las noches, mientras todos duermen o justo cuando miran hacia otro lado. Llegarás con aletazos vigorosos a donde te venga en gana. Respirarás el aliento de aquellos que duermen con las ventanas abiertas, les dejarás flores, piedras y caramelos a los niños sobre las almohadas, robarás su botín a los malos para repartirlo entre los buenos, arrebatarás algún beso a las hermosas almas solitarias que sueñan sus sueños prohibidos. Regresarás exhausto antes del alba, lleno de historias y de sensaciones que alguna vez relatarás. Y te dirán que sí inventas, qué cómo vas a saber tú de tantas cosas y tan lejanas. Te sonreirás hacia adentro y dirás con el tono exacto para que nadie más escuche: me lo contó un pajarito.


Piscis
Descubrirás tu don por accidente, viendo un partido por la tele. Le meterán un gol de último minuto a tu equipo y con él perderán el campeonato. Pero en el momento de la repetición dirás: “Qué bueno sería que en la repetición este cabrón la fallara”. Y así será. Te darás cuenta de que en las repeticiones, si te concentras duro, todo acaba al revés a como lo acabas de ver. Tendrás entonces dos opciones: dedicarte al mundo de las apuestas o convertirte en héroe. Si optas por lo segundo vas a tener que comprar varias cámaras y muchos aparatos de video para que lo grabes todo y cada vez que ocurra algo digno de corregirse retrocedas la cinta y la vuelvas a reproducir justo antes del momento en que todo se arruinó. Salvarás vidas, evitarás accidentes, le darás a la gente una oportunidad más. Cambiarás el curso de lo deplorable hasta encausarlo por el carril de lo sublime. Perderás un poco tu vida en pro de la ajena, es cierto, acabarás exhausto de tanto grabar, ver, rever. Lidiarás con millares de malagradecidos a quienes les parece una soberana estupidez tu altruismo; pero algunos pocos te recordarán con cariño. Y dentro de algún tiempo, quizás, te llevarán en estampitas dentro de la billetera, harán obras dignas en tu nombre y hasta te harán promesas.
Si decides hacerte apostador de oficio serás un multimillonario ajeno a ese universo de allá afuera que se despeña, te forrarás en grande, estafarás a un gentío y te rodearás de aduladores. De ser así ojalá alguien se tome la molestia de grabarte cada paso y cada segundo para luego ponerte la vida completa en replay. Pero bueno, eso depende de ti.


Aries
Una vena fanática, desconocida por ti hasta hoy, aflorará de pronto a principios de año. Primero sentirás unas ganas irrefrenables de seguir al Barcelona FC, y lo verás perder por goleadas de estruendo hasta hacerlo descender a segunda división. Luego querrás ser el fanático número 1 de los Leones del Caracas, y perderán tantos partidos al hilo como no se recuerde en décadas, hundiéndolos en el sótano de la clasificación. Hacia finales de temporada aborrecerás a los Leones y te cambiarás al Magallanes que va de puntero. Los Leones (como siempre) vendrán desde atrás y ganarán el campeonato. Magallanes será la gran decepción, se derrumbará estrepitosamente cuando ya todos le daban por campeón. Y será por tu culpa. Te convertirás en una especie de talismán del mal agüero, una suerte de amuleto para la mala suerte. Serás entonces secuestrado por un grupo radical de la oposición. Te atarán a una silla y te obligarán durante larguísimas horas sin sueño a ver videos de Chávez mientras te inyectan una enzima que potencia tu fanatismo. Cuando te desaten y te larguen a la calle serás entonces el chavista más chavista, el más extremo y recalcitrante que haya existido jamás. Serás la envidia de Cilia Flores, de William Lara, de Lina Ron. Dejarás pálida a Iris Varela. Precipitarás el fin, uno fugaz, irreversible, trepidante. Te lo deberemos a ti.


Tauro
Una tarde, pasando con desgano junto a una cancha, verás a unos niños jugar con una pelota y te quedarás fascinado. Como si con tu mente la hubieras llamado y ella fuera un perro, se vendrá la pelota rebotando hacia ti, saldrá por la puerta metálica, cruzará la calle hasta llegar a tus pies. Te inventarás una movida para levantarla con el empeine, domarla con un taquito, hacerla flotar de dos rodillazos sobre tu cabeza, para luego hacerla resbalar por la nuca, dominarla en el centro de la espalda, llevarla de nuevo a donde están los chicos dando toquecitos cortos mientras caminas sin que la redonda llegue a tocar el suelo. Rescatarás en el trayecto al niño que siempre sale corriendo detrás del balón, evitando que lo arrolle un auto, te lo llevarás sano y salvo bajo el brazo hasta la cancha, sin perder la concentración ni dejar de jugar con la pelota dando un recital de dominio. Depositarás suavemente a niño y pelota en el medio del círculo que a tu alrededor formarán los chiquitos. Te despedirás con un gesto de mano y una sonrisa cómplice, mientras te cruza la mente una idea: “Qué cosa rara, yo que siempre detesté el fútbol y que lo jugué fatal”. Pero ellos crecerán con tu imagen grabada, copiando tu estilo, deseando llegar a ser como tú. Misión cumplida.


Géminis
A partir de hoy, en cada día que tengas de vida se te ocurrirán dos palabras absurdas que no existen ni has escuchado jamás. Las anotarás en un grueso cuaderno en blanco de dos mil páginas. Una por la mañana, la otra antes de dormir. Apuntarás cada término con su respectiva definición. Por la mañana escribirás en tu diccionario particular “Fambresía: fiebre ligera caracterizada por alucinaciones apacibles provocada por la ingesta de cierto fruto del bosque de la familia de las rosáceas”. Y justo antes de dormir te tomarás un instante para anotar en el cuaderno “Aromatografía: corriente del cine de vanguardia que se focaliza en la experimentación con los estímulos olfativos prescindiendo de la imagen y el sonido”. Cuando hayas puesto la última palabra de todas y se te haya agotado el espacio en el cuaderno lo llevarás al jardín y lo enterrarás en secreto junto a un árbol. Pasarán los siglos y este mundo será aniquilado. Muy pocos sobrevivirán, apenas un grupo de jóvenes sin memoria ni lengua. Desenterrarán tu diccionario y se lo aprenderán como enseñanzas sagradas. Nombrarán con él a un mundo nuevo, distinto, otro. Acaso mejor, mucho mejor, que este. Gracias a ti.


Cáncer
Sonarán las doce campanadas decretando el fin del año viejo y tú te atragantarás de tus doce uvas, en puñados de a tres y sin masticar. Una de ellas se extraviará de camino y se te alojará el pliegue más recóndito de la tráquea. Toserás varias veces, te calmarás el sofocón con gruesos tragos de champaña. Germinará durante varios meses la semilla de uva, echando raíces en tu pecho, ramificándose en lo sabrosa humedad de tus mucosas. Para el día de tu cumpleaños estarás en cama, exactamente en el punto medio, mitad hombre mitad parra. Los médicos preguntarán si quieres extirpar tu lado vegetal pero tú suplicarás que dejen a la naturaleza seguir su curso. Dejarás una nota a tus familiares con las instrucciones para que te planten en la montaña cerca de casa, junto al madero oscuro, con vista al río, viendo hacia el poniente. Darás a comer a pájaros y niños de tus generosos racimos, verás los atardeceres más hermosos, bajo tu sombra ocurrirá el último beso de los enamorados furtivos. Y te juro que ni un solo día, ni siquiera por un segundo, te arrepentirás de haber renunciado esa existencia humana que ha quedado tan atrás.


Leo
Durante este año estás destinado a descubrir tu verdadero talento. Será tal vez un talento inútil, frustrante, perturbador. A los ochenta años de pronto sabrás que eres el mejor graffitero interventor de vallas publicitarias del mundo, que lo único que te hace falta es un pote de spray y alguien que te ayude a subirte a la estructura, de resto, tuyo es el don. O quizás un domingo, en dormilona y sorbiendo el primer café de la mañana, descubras que eres la mejor imitadora jamás del acento finlandés de Kimi Raikkonen luego de ganar un gran premio de la Fórmula 1. O que puedes marcar el récord mundial en el arte de desenrollar los cables de las lucecitas de navidad en el mínimo tiempo posible. O que eres un excelente domador de ranas para que hagan el muertito y te pidan luego en dos patas otra galleta. Y algunos dirán: “qué triste, qué absurdo, qué mal, para qué me sirve esto”. No seáis malagradecidos ni ciegos. Dad gracias a la providencia. Porque hay gente, mucha gente, que se pasa la vida buscando su talento y se muere sin conocerlo. O peor, hay algunos que se empeñan en demostrar y cultivar hasta el hastío un supuesto talento que juran poseer pero del que a todas luces carecen.


Virgo
Tendrás que tener especial atención cuando camines por la calle. Estarán allí tirados, como por accidente, pedacitos de nada sobre la acera, objetos sin aparente importancia casi ocultos entre las rendijas de la alcantarilla. Pero si miras con cuidado percibirás en ellos cierta luminosidad, una vibración tenue que te llama. Recogerás a tu paso cuerdas rotas de guitarra, plumas, huesos, un trozo de colmillo de perro, monedas de un país que no conoces, cabellos de distintos colores y grosores, alas de insecto, aguas de lluvia, tuercas oxidadas, madera comida por las termitas, juguetes tirados. Llenarás tus bolsillos de todo eso y los vaciarás luego sobre un mesón bien iluminado. Notarás que todas las piezas encajan, que si les buscas las muescas diminutas y con maña las acoplas estarás armando una máquina. Una máquina extraña, como un Frankenstein forjado a punta de deshechos tristes, que no es hermosa ni sirve para absolutamente nada. Tenle paciencia, cuando acabes de colocar el último pelo en su justo lugar la máquina se pondrá en acción. Te seguirá pareciendo igual de frágil, igual de inútil, pero entrañable. Muéstrala a todos cuantos puedas. Esa máquina sirve para hacer reír, para hacerle recordar a la gente memorias poderosas que estaban ocultas en el último cajón de la mente, y provoca unas ganas prodigiosas de ponerse inventar. Créeme, no es poca cosa.


Libra
Te reencontrarás con una persona muy especial del pasado a quien casi habías olvidado. No lograrás recordar de dónde le conoces ni cuándo fue la última vez que le viste; pero la complicidad, las alianzas tácitas y las ganas de estar juntos serán tan poderosas como inmediatas. Compartirás con esa persona como no recuerdas haber compartido en décadas. Con una naturalidad pasmosa permitirás que se asome en tu vida para ser testigo de lo sublime y lo patético. Emprenderán juntos un largo viaje que afianzará la amistad. A la vuelta reunirás a todos tus amigos y familiares –de quienes te has alejado últimamente mucho y te lo han hecho saber-. Tu felicidad se verá empañada por sus largas caras de preocupación. Pero igual mostrarás las imágenes del viaje: “Aquí estamos frente a la Esfinge”, “En esta junto al monumento tal”, “Aquí estábamos por entrar al museo”, “Esta es saliendo del concierto”. Ellos tomarán un grueso marcador rojo, rojo como la furia y la frustración que les inyecta los ojos y te dirán: “¡Te has vuelto loco, aquí no hay nadie! ¿No te das cuenta de que estás solo?”. Y cuando te devuelvan las fotos descubrirás que en el espacio donde debería estar tu amigo hay un hondo vacío. Un hueco, pedazo de aire remarcado en un círculo rojo, sobre el cual descansa tu brazo.
Pero no te angusties, las cosas no están tan mal. Los amigos imaginarios cuando uno es niño significan “creatividad o imaginación desbordadas”, pero cuando uno pasa la adolescencia les llaman “alucinaciones o locura”. En el fondo quienes te juzgan puede que lo hagan por envidia. Son pocos y selectos quienes se dan licencia para reactivar la amistad con su amigo imaginario después de tanto tiempo.


Escorpio
Hormigas en tu casa. Hormigas sobre tu escritorio. Cada vez que sientas un cosquilleo o una ligera mordida encontrarás una que te recorre la piel. Decidirás aplastarlas, erradicarlas, formarás un círculo de veneno en polvo a tu alrededor. Y sin embargo allí continuarán. Las hormigas son la metáfora del estancamiento, si te rondan es porque te quieren llevar cargado a otro lugar. Sigue a las hormigas, con cuidado de no pisarlas, de no romperles el camino que en fila de diminutos eslabones conduce al infinito. Atravesarás calles y cerros y ciudades y desiertos y playas. Caminarás siguiendo el trazado de las hormigas y cuando creas llegar al final siempre aparecerá otra más en la cadena, otra hormiga que te haga recorrer un centímetro más. Te llevarán ellas, después de patear millares de kilómetros, a una cueva hundida en el hielo. Al fondo de la cueva un viejo ermitaño te dirá: “por fin llegas, cuánto tiempo esperándote, ahora ya me puedo ir”. Te quedarás entonces en su lugar y no serán pocas las veces en que te den ganas de recorrer el mismo camino a la inversa, simplemente tendrías que seguir a contrapelo el sentido de las hormigas. Pero con el tiempo te acostumbrarás a no querer volver. Será más grande la curiosidad de saber cuándo y por quién te sustituirán las hormigas.


Sagitario
La noche cerrada caerá sobre ti en plena carretera desierta, a centenares de kilómetros de la ciudad. Una nave espacial descenderá del cielo y aterrizará justo enfrente de tu auto. Bajarán por la escalinata dos extraterrestres que se te parecen un montón a Brad Pitt y Angelina Jolie. Te tocarán a la ventanilla: “¿Quieres ser abducido por nosotros y llevado a nuestra galaxia?”. Tendrás el “NO” en la punta de la lengua, pero recordarás lo que te espera en casa, en tu pareja cada vez más insoportable, en la oficina con el pelmazo de tu jefe, en que seguro y le dices que no a estos y te secuestran más adelante unos locales, aún más feos y malvados. “Vamos muchachos”, dirás mientras te les cuelgas del brazo. En un zumbido ya estarás en el hermoso planeta de tus captores. Descubrirás que Brad y Angelina son los adefesios más feos de entre los de su raza. Que se practica allí el amor libre, que no existe en esa sociedad la enfermedad, el hambre, el dinero, la escasez ni la violencia; pero de todas maneras están buscando un nuevo planeta para colonizar y aniquilar a sus aborígenes (porque así son todos los extraterrestres en el fondo). Te pasarás casi todo el año secuestrado, dedicándote a comer, descansar, amar, pasear, embellecer. Pero te aburrirás al final, horrores. Extrañarás la comidita casera, los cariñitos en la espalda que sólo te sabe hacer tu pareja, los intercambios de regalos de la oficina cada diciembre. Convencerás a quienes te abdujeron de que eres una persona muy importante en tu planeta, que les entregarás la Tierra, que no busquen más mundos y se lancen a aniquilar el nuestro ya. “Ya más adelante, en mi casa, buscaré en una manera de joder a estos marcianos”, pensarás para paliar tu sinvergüenzura y el remordimiento. Volverás a casa a mitad de la temporada de lluvias, entre mosquitos transmisores de dengue, un nuevo brote de paludismo, una poderosa crisis nacional de influenza. Tu resfriado -a pesar de lo irresponsable que eres- lo superarás en cama tomando sopitas y con la familia entera cubriéndote de besos frescos para que te baje la fiebre. Pero los invasores que te trajiste morirán como moscas, sin siquiera bajarse de la nave ni echar un solo disparo. La invasión fracasará sin que nadie llegue a sospechar de ella. Es por todos sabidos que los extraterrestres no aguantan una gripecita.


martes, 11 de diciembre de 2007

La gente del recuadro


En los días siguientes al referéndum un amigo -que ha seguido desde su pueblo todo este trote con una pasión quizás mayor que varios venezolanos- me hace el siguiente comentario:

-Che, todo bien que ganó el NO a la reforma, está bárbaro; pero te confieso algo, a mí me mata de pena es la mina del recuadro, esa que traduce simultáneamente en lenguaje de sordomudos las boludeces que dice Chávez durante horas.

Y yo me quedé en blanco pensando: “qué comentario más raro este”. Pero así son a veces las cosas que más nos dan alimento para el pensamiento. Ahora, por culpa de este sujeto, tengo obsesión con la chica del recuadro. Ahora ni escucho lo que dice el traducido sino que sufro, vibro, me maravillo con las cosas que hace la traductora con esa materia extraña que ha de transformar.

Por ejemplo, el otro día a Chávez le dio por cantar (cosa que a algunos provoca deseos de ser sordos) y la mujer –allá en el rincón, chiquitica a escala, abajo a la derecha- decidió hacerle la coreografía al “Hoy todo me parece más bonito, hoy canta muy alegre el ruiseñor…”, hasta que llegó un momento en que la tipa abandonó, hizo un gesto de “no sea pendejo nadie” y se cruzó de brazos furiosa hasta que el presidente terminó.

En ocasión de los resúmenes de la alocución que dio el presidente asumiendo la derrota en la madrugada del lunes 3, la chica logró traducir con absoluta entereza la parte de “final de fotografía dice el jockey con gran alegría” (que vaya que no estaba fácil). Pero luego, cuando le tocó traducir las cifras del NO con 50,71 y el SÍ con 49,29, puso cara de “Cónchale, yo que nunca aprendí a dividir con decimales, me vuelvo un culo”.

Y el día en que el Ministro de la Defensa dijo con confiado vozarrón a los cuatro vientos que Chávez era Impresionable (queriendo decir que no era presionable –es que la revolución no sólo es estética, es lingüística también-), la muchacha se redujo aún más en su rectangulito, se hundió de hombros e hizo gesto de: “No vale, qué pena con esa gente, me voy a hacer la loca, yo esto ni lo oí”.

Lamentablemente, no conozco a nadie del gremio de los intérpretes a lenguaje de sordomudos. Me imagino que tienen un estricto sistema de rotación, y cada vez que alguien le toca un Aló Presidente o una cadena presidencial llora lágrimas de sangre, negocia cambiarlo por 10 noticiarios, ofrece una tajada gruesa del salario anual, intenta hacer un trueque con sus aguinaldos, busca una constancia médica para que le den de baja por depresión o para que justifiquen que no puede hacer ese trabajo porque está comprobado que traducir a Chávez somete al traductor a un serio maltrato neurológico.

Igual me gustaría que los especialistas en lenguaje de sordomudos, los dignos habitantes del recuadro, me ayudaran a aclarar algunas dudas que se me van haciendo existenciales:

-Cómo se dirá en lenguaje de sordomudos: “Presidente, mire, a lo mejor esa victoria es pírrica y de mierda y a usted no le interesa ni un poquito porque prefiere lo corajudo de su súper derrota… ¡coño, pero cómo se la están gozando los que votaron por el NO!”

-Cómo se traducirá, si uno es muy meticuloso con su trabajo, a un vocero como William Lara con su verbo sibilante y esas eses que chasquean como delicados látigos hasta en sitios donde no van: “Yo, como miembrosssss de este gobiernosssss bolivarianosssss estoysssss profundamentesssss satisfechossss por la derrotassss obtenidassssss”.

- Y si por ejemplo uno tiene que traducir, ponte tú, a un Alcalde que hable como si fuera Guille el hermanito de Mafalda pero con sobredosis de plomo en el cerebro: “Motodizados mantenedze acuadtedadoz. Nuezto lided madzimo, ed lided fundamentad de la devoduzión se comunicadá con udztedez y gidadá inztrudziones pada ejedzed demostazion de fuedza”.

- (A ver, compartan un secreto, que les juro que no se lo cuento a nadie… cuando habla el Ministro Carreño –aunque quizás hablar no sea el verbo más feliz cuando no se dice nada ni significa nada lo dicho, pero bueno- ese es el momento más divertido del año para Ustedes ¿verdad? Allí se vale todo. Es como cuando a los niños les dicen en la escuela “Al final, en este espacio en blanco pueden hacer un dibujo libre”).

-Cómo se conjugará en lenguaje de sordomudos la primera persona del plural del verbo “adquerir”. Por ejemplo: “Cuando jurábamos haber ganado adquerimos la derrota”.

-Cuáles serán los gestos precisos para decir: Presidente, disculpe, podría bajarse el pantalón y ofrecer la nalga izquierda, es para ponerle este sellito con la fecha de caducidad “Vence en el 2013”. No se moleste, presidente, colabore, mire que para TODOS es mejor eso a que Usted se vaya luciendo en el mismo sitio la huella de una bota militar.


miércoles, 5 de diciembre de 2007

El Referendazo


Me cuenta una querida amiga uruguaya, Paola Perkal, que cada vez que hay un juego importante de la selección en el estadio Centenario de Montevideo, el público despliega una gigantesca camiseta celeste que dice “1950”, en honor a la fecha del inolvidable Maracanazo, asunto al que 57 años más tarde los uruguayos le siguen sacando punta. Paola me lo cuenta con algo de ironía, con un toque de sarcasmo autocrítico, pero algo en el fondo de sus ojos brilla de legítimo orgullo, una emoción silente que se contagia y le provocan a quien la escucha las ganas de sentirse uruguayo al menos por unos segundos. Pase lo que pase, aunque la celeste no gane un mundial nunca más, a pesar de que el Maracanazo sea irrepetible, ese 2x1 contra Brasil en la final, endosado a domicilio, contra todo pronóstico y con absolutamente todo en contra, sobrevivirá al paso de los siglos. Los pueblos y las personas necesitan eso en su historial, poder tomarse una cerveza, ponerse una mano en el hombro –por más que el mundo afuera se empeñe en caerse a trocitos- y comentar “Coño, ¿te acuerdas del día en que fuimos grandes?”.

El domingo 2 de diciembre nos tocó a nosotros jugarnos un partido crucial. Teníamos un equipo raro, pero eso no tiene nada de peculiar porque Venezuela siempre ha sido un equipo raro, y justamente por eso resulta tan entrañable. Nos enfrentábamos a un equipo de puros Materazzi forrados de rojo. En el fútbol hay rivales que no proponen, no construyen, no tienen estilo de juego. Su única estrategia es el saboteo. No saben ni pueden jugar de otra manera. Te responden una gambeta con un insulto, a un pase con una patada a la canilla y cuando te metes al área para cabecear un corner te pellizcan, te halan de los pantalones, te escupen, te dicen asquerosidades sobre tu madre o tu hermana. Hay adversarios que no están interesados en jugar, lo que quieren es sacarte de juego. Sacarte de quicio. Provocarte. Dignos discípulos de una nefasta escuela que ha proliferado –en este terreno de juego como en tantos otros-, la que rinde tributo a la trampita, la del saboteo, la de la jodita y la destrucción. Empeñados en hacer de lo extrafutbolístico un monstruo infesto que salpique a lo futbolístico. Y así te ganan, cuando caes en la trampa, cuando se te vuelan los tapones y de tanto que te hostigan acabas por encajarle la cabeza como un mazazo en el centro del pecho. Tarjeta roja y fin del sueño.

Pero el domingo 2D les metimos un golazo. Y sintieron la punzada, les dejó heridos de muerte. El gol más lindo en años, el más bonito que se recuerde. Fue una jugada colectiva que los dejó regados como barajitas sobre el gramado. Nicolás Maduro quedó sentado en el medio campo, llorando como un enorme bebé bigotudo. Cilia Flores perdió su típica sonrisa dibujada por el desprecio y entonces un cerro de años se le precipitó sobre el rostro. Barreto intentó atravesar su gruesa humanidad pero le colaron el balón bajo las piernas en un túnel prodigioso que no pudo detener ni siquiera lanzando una estocada. Soltaron a los perros de presa de la defensa, Jessie Chacón y Freddy Bernal, pero no les dio tiempo siquiera para desenfundar o de aventurar un hachazo de esos que ellos –como buenos metedores de pierna- son capaces. Enfilamos al arco, entrando un poco orillados hacia la derecha, por los predios de Diosdado Cabello; pero misteriosamente el hombre no se defendió, se apartó, dio un pasito a un costado, nos dejó el carril libre (como si le conviniera más bien el gol en contra). Salió de defensa central, desgañitado con la yugular a punto de estallido, vuelto una furia y con los tacos en alto, Jorge Rodríguez; pero lo dejamos tendido con una gambeta corta. Y entonces nos salió Chávez dispuesto a defender su arco con la propia sangre (aunque primero con la del resto de su equipo y luego, si no hay otro remedio, pues con unas gotitas de la suya). No sé cómo la metimos, sería de taquito, un poco de medio bolea, con las uñas, con los dientes apretados, con la punta del pelo, arriesgando la cara, de culo, con la mano de Dios (que algunos me juran que se escribió con B de Baduel, pero qué sé yo), la metimos exhalando un último aliento, con los arrestos que teníamos; pero entró, pegadita al palo, tan ajustada que casi no entra, pero esos son justamente los goles más hermosos. Chávez quedó mordiendo la grama, con el gusto a tierra entre los dientes, desinflado como un titánico monigote que se pincha hundido de cara al suelo.

El árbitro dio tiempo de recuperación –mucho más del que correspondía-, forjó al partido a prórroga cuando no era necesaria y cuando la prórroga llegó al final y nosotros seguíamos arriba en el marcador exigió que se jugase otra prórroga más. Y otra. Hasta que ya no se pudo tapar más el sol con un dedo. Tibisay Lucena, a pesar de portar un rictus que casi le impedía soplar, dio los tres silbatazos finales. Y Venezuela celebró. Se abrazó con una honestidad, una alegría y un cariño que hacía años que no se lograba abrazar.

Algo me hace pensar que nosotros también dentro de 57 años estaremos desplegando una colosal camiseta que nos cubra a todos: la del 2 de diciembre de 2007, el día del Refrendazo. Porque esa noche del 2D las cosas amenazaban con hacerse planas para siempre, con restringirse a las mezquinas dos dimensiones que exigía la propuesta de reforma; pero milagrosamente llegamos a un amanecer en 3D. Allí ganamos una dimensión más. Cuando más nos quisieron pasar la aplanadora más nos crecimos, nos hicimos más anchos, más largos, ganamos en profundidad. Crecimos en volumen y demostramos una enorme capacidad. Pasarán, pues, muchos años y muchas cosas, y sin embargo, con un orgullo que ya para entonces será parte de nuestros genes (y a pesar de que, como siempre, el mundo afuera seguirá empeñado en caerse a trocitos) compartiremos una birra, nos pondremos una mano en el hombro y nos invitaremos a rememorar ese día en el que, coño, fuimos tan pero tan grandes.



sábado, 1 de diciembre de 2007

Simplemente NO



- Porque no me como, no me he comido nunca, ni me comeré, esa mezcla de morcillas en almíbar, chispitas de chocolate, queso llanero rayado, escorias de plomo y litio en gotas llamada socialismo bolivariano.

- Porque no me olvido del detallazo de que Jorge Rodríguez, actual jefe de campaña por el Sí, era el presidente del CNE durante el referéndum del 2004.

- Porque no me olvido tampoco de que Jessie Chacón, actual jefe de CONATEL, fue el mismo Comandante Gato que acribilló al personal de VTV en el golpe de estado hace 15 años.

- Porque no me gustan las personas ni las movidas acomplejadas, violentas, cursis y la revolución me resulta profundamente acomplejada, violenta y cursi.

- Porque no me gustan los militares en el poder. Son incluso peores –y hay que echarle un cerro de bolas- que civiles impresentables de la calaña de Jaime Lusinchi o Carlos Andrés Pérez.

- Porque no dejaré de sentir un poco de alivio con mi propio juicio cada vez que anuncian –de madrugada, siempre de madrugada- que ellos ganaron con el 98% mientras yo sé que formo parte del irreductible 2% que nunca ha votado por esta mamarrachada ni lo hará.

- Porque no puede tenerse la caradura de andar indignado por la vida gritándole a los adversarios “golpistas, asesinos, conspiradores, cobardes”. La proyección en otros de las propias falencias es siempre cuestionable, pero cuando se convierte en un ritual se hace además patético. Es como si yo reventara de furia en un festival de improperios cada vez que me cruce con un tipo bajito y narizón.

- Porque yo no tengo la más mínima culpa de la alucinación patriotera debajo del Samán de Güere, ni de las taras afectivas apuntaladas por una vida traumática, ni tengo que buscarme de padre adoptivo a Bolívar para paliar la orfandad biológica e intelectual.

- Porque no me gusta y descreo de la gente que te impone un protagonismo permanente y para siempre.

- Porque no creo en su grandísima inteligencia, no me como el cuento de su vasta cultura, porque dudo de sus lecturas.

- Porque no creo que tenga talento para presidente sino para comediante.

- Porque no se calla.

- Porque no se comporta.

- Porque no escucha.

- Porque no piensa.

- Porque esto no es una reforma constitucional, es un delirio. No del Chimborazo, sino uno Chimbo, a secas.

- Porque no hallo otra manera de decirlo: Yo voto No. Y punto.