viernes, 14 de noviembre de 2008

Teresa Carreño, 9:27 AM


Tengo cinco minutos para llegar hasta la Galería de Arte Nacional donde me están esperando; apuro el paso por el estacionamiento del Teresa Carreño y decido subir por las escaleras cercanas a la entrada del cafetín del teatro. Recuerdo que allí hay unos baños (mejor aprovecho que luego no sé cuándo pueda ir), giro a la derecha y me lanzo por el pasillo hacia los lavabos. Mi amigo Fedosy Santaella sostiene que en el pasillo que une al Ateneo de Caracas con el café Rajatabla hay una máquina del tiempo que se descompuso hace años y no tiene ni tendrá compón. En el pasillo que lleva a los baños del Teresa Carreño hay otra, parecida pero distinta, igual de máquina del tiempo e igual de descompuesta sin posibilidad de reparo.

Me adelanto a una compañía entera de bailarines que en zapatillas y mallas platinadas llenan el suelo de reflejos y al aire de un trinar como de periquitos en bandada. Me complace encontrar el último de los urinarios, el que está casi escondido contra el rincón, vacío. Mientras me lavo las manos soy testigo involuntario de una discusión entre bailarines donde un tercero tiene el tupé de opinar y echarle leña al fuego.

Salgo del baño y miro al reloj, faltan tres minutos para las 9.30. Cruzo frente a una puerta abierta donde una mujer de largas uñas rojas y pelo laqueado me observa desde atrás de un escritorio. Tiene cara de regaño, de que hice o estoy haciendo algo que no debía ser. Miro con mal disimulo hacia cualquier parte y escucho que me grita: Adiós, antipático, si quieres saludas.

Estoy a punto de volver sobre mis pasos, pero el tímido incorregible que me habita decide que eso no fue conmigo, que tiene que ser con alguien que viene más atrás. Volteo y efectivamente me sigue a pocos metros un gordito canoso y pelón. Ah, debe ser este el antipático que no saluda, menos mal. Y entonces sobreviene la tragedia.

-¿Y a mí tampoco me vas a saludar?- me dice el tipo. Se acerca y me clava dos sonoros besos en cada mejilla. Dos besos que retumban en todo el estacionamiento y rebotan contra las columnas multiplicando el eco. -¿Cómo te ha ido, mijo?

Yo hago un ejercicio titánico e instantáneo de cirugía reconstructiva –como diría mi padre- quitándole al tipo 20 kilos, restándole 15 años, injertándole cabello oscuro, quitándole arrugas de la cara, cambiándole los lentes y rebajándole papada. Conclusión: Mierda, quién coño será este pana.

-Bien y tú…-tartamudeo. Y pienso que la última vez que un extraño me saludó así de la nada fue para preguntarme si me podía oler los pies.
-Estás como perdido, dichosos los ojos que te ven –dice el gordito, me mira y pestañea más de la cuenta.
-Sí, vale, es que he tenido mucho trabajo y a uno ni ganas de salir le quedan –respondo con cara de estar sacando la cuenta mental de cuánto es 167 entre 13, 2.
-Pero mira, si hasta el acento se te ha pegado. Cualquiera juraría que eres de aquí.

Me quedo con la misma cara de antes pero ahora la división me la metieron dentro de una raíz cúbica y unos corchetes de elevado a la 9.

-¿Qué acento, pana?
- Che, pibe, y cuándo te volvés a La Argggggentina- me dice el tipo con una imitación de acento porteño francamente deplorable. La peor que uno pueda haber escuchado en la vida
-…¿A Argentina?
- ¿Loco, te nos escapás o te quedás a vivir en Caracas?- sigue el gordito y hace un gesto de querer tocarme la barriga con el índice. Lo esquivo como quien le huye a la brasa de un cigarro, ni me roza.

Estoy tan confundido que no me sale palabra. Como si algo me hubiera sacado de sitio y ahora estuviera viviendo a dos milímetros de mí mismo. Lo único que se me ocurriría es decirle: “Basta con lo del acento, estás haciendo este momento, además de raro, muy desagradable”. Pero me callo, sonrío al infinito y miro al techo que seguro hay una cámara de video y en cualquier momento alguien me va a decir: saluda a la cámara secreta esto es una joda. Pero no, no hay.

-Bueno, odioso, me voy que tengo mi clase a las 9.30. Te veo más tarde- se va el gordito taconeando aunque sin tacones, con aires de diva ofendida.
-Ojalá que no. Por favor, no- susurro. Y corro, literalmente, corro escaleras arriba.

Llego jadeando a las puertas de la Galería de Arte Nacional, aún no llega mi colega con quien me debía encontrar. Miro al reloj y siguen siendo las 9.27. Faltan tres minutos. Espero con la vista clavada en el piso, no sea cosa que si la levanto me descubra a mí mismo comprando a un buhonero una franela del Che.

El mundo es un lugar extraño. Y está habitado por una gente rarísima.

12 comentarios:

Fedosy Santaella dijo...

Maestro, ahora que lo leo y pienso, me da la impresión que toda esa zona era una fabulosa máquina del tiempo que se echó a perder. Es como el equivalente del trozo de estatua de la Libertad en el Planeta de los Simios. Uno va allá y descubre que llegó a final de la película, pero no, no es final de la película ni de nada, no hay The End, la pesadilla sigue. Este país es un lugar extraño, donde ya no nos reconocemos.

Anónimo dijo...

Raro que no te salió un cubano, después será uno de Irán , un ruso , entonces ¿en cual idioma nos saludaremos?
Muy bien escrito y con la gracia de siempre, aunque en el fondo es un tema deprimente y muy preocupante. C.Casano.

Manuela Zarate dijo...

Chamo. Esos lugares son demasiado bizarros. En la UCV, donde estuve trabajando hace un mes decidieron que yo era Verónica. Me inventaron toda una vida y se la contaban a los chamos que trabajan conmigo que no entendían nada, hasta que me señañaron con el dedo. Ya era muy tarde, y me quedé Verónica.
En el Ateneo hay un viejito que se te acerca en el café y te ofrece leerte el Tarot. Cuando te niegas como todo un citadino incómodo de hablar con extraños, te pregunta por tu signo. Yo acorralada contesté y me dijo: Aja, se ve que tú eres escritora. Media vuelta y chao.
Pero lo mejor de esos lugares es cuando llueve y todo el mundo se va para los espacios abiertos a refugiarse de la lluvia. Así más o menos debe ser el purgatorio...allí hay de todo, inocentes, culpables, chavistas, iraníes, militares, médicos, sifrinos, hippies drogadísimos y estoy segura que un par de muertos.
Pero no nos dijiste ¿Vas a regresar a Argentina? Jajaja...

Anónimo dijo...

menos mal que te resultó bien tu experiencia de porte ilegal de cara... esos casos de identidad confundida, como en Brasil, de Terry Gilliam, suelen terminar con prisión o ajusticiamiento sumario del doppelganger... ahora, y pensando en plan macabro, a mí me suena que estuviste a punto de ser burundangueado, pero el requiebre a lo Maradona te salvó en la raya... Urriola, te están rondando, eres un imán para las estafas a lo Nueve Reinas... te sale ensalme...

María Antonieta Arnal dijo...

Este texto me gustó mucho más que el anterior.

Gustavo Valle dijo...

Texto inquietante, José. Y estoy de acuerdo con Fedosy: es una zona con la que el tiempo juega. Esos rincones: hacia el bar rajatabla, el estacionamiento del Teresa, etc, forman parte de nuestra educación sentimental, y sin embargo ya no están, es decir, están y no están, se han afantasmando, un extraño caso de fantasmagoría urbana.

SERGIO MÁRQUEZ dijo...

Jajajajajajajajaja!!!! una franela del ché, jjajajajajjajaja!!!

Lena dijo...

jajajajajajajajaja!

No me acordaba del bar de Rajatabla...

Qué tiempos...

Me pregunto con quién te confundieron...

De pasarme a mí me habría quedado tan pasmada como tú...

La foto parace la de una máquina del tiempo, la verdad...

Sí.

Somos rarísimos...

jajajajaja

(Tampoco recordaba eso de decir Ya no saludas, antipático......

Un día voy a olvidar mi número de cédula...

Besos, José!

Arcangel Vulcano dijo...

Panita,muy extraña en verdad tu experiencia. En nuestro caso, no se que haríamos si un gordito canoso, calvo y con acento argentino "deplorable", nos estampara unos besos en el cachete sin previo aviso; seguro que preferiríamos los de una gordita sin importar que fuera calva, pero los de un gordo canoso y calvo ¡uf! debiste quedar traumatizado; te compadecemos hermano, menos mal que ya estás recuperado....jajajajajaja.

Un farternal saludo

Anónimo dijo...

Escribe, vago!!!

Guachafitera dijo...

Leí esto y me acordé de este post.

Besos y feliz año

Guachafitera dijo...

Se me olvidaba, si consigues la versión en español, compártela.