miércoles, 17 de junio de 2009

La esquivez de los pollos


Existía durante mi infancia la abominable costumbre de regalar y rifar pollitos. No sólo los rifaban y los regalaban, sino que antes los pintaban de fucsia, de verde, de magenta. Eran pollos marcianos los que uno se llevaba a casa. Bueno, yo no, los demás, la gente en general. Yo nunca, en la santa vida me pude ganar un pollito. Mientras que había niños que salían de la verbena o con tres o cuatro pollos arcoíris en una caja de zapatos con agujeros a mí no me tocaban jamás.

Siempre que había una rifa de esas “el que pegue un número del 1 al 20 se lleva su pollito”, yo decía “el 8”. Y algo pasa -aconsejen a sus niños, rieguen la voz- pero el 8 es un número que no gana nunca. A ningún payaso ni a ninguna animadora en minifaldita se le ocurre pensar que el 8 es número ganador. Pero yo insistía: “El 8”. Y el que decía 7 ó 5 le sumaba un nuevo miembro al gallinero.

Hasta que de tanto perder pollitos y de tantas rifas que jamás gané me convencí: “Di el 7 esta vez, soberano idiota”. Y justo antes de que llegara mi turno, la niña de la colitas y el vestido azul a mi derecha dijo: “El 7”. Y se llevó el pollo más verde de la historia de la avicultura. Menos mal que corría el mito de que los pollos coloridos no duraban ni 48 horas, que amanecían muertos en su caja de zapatos. Que seguro les daba cáncer instantáneo el baño de colorante. Aunque yo creo que más de una madre, en las sombras de la noche mientras el retoño dormía, le aplicaba el viejo truco de la almohada al polluelo y luego todos simulaban en casa que había sido por muerte natural.

Sí supe de alguien a quien el pollo le creció, se hizo gallina y un día, a la llegada de la escuela, la abuela se lo tenía preparado en sopa y ensalada. Bien hecho, pensé, eso les pasa por robarme todos mis pollos que tanto me merecía.

Gané un concurso una vez. Esta vez no iba de pollos. Iba de acures. Esas ratas peludas a medio camino entre un hámster y un conejo. Soltaban al pobre tipo en medio del césped y éste corría a guarecerse en alguna de las 10 jaulas abiertas que lo cercaban. Cada jaulita tenía un número en el techo. Yo pedí –que además de tonto soy obstinado- el 8. Y el pana, en medio de gritos, mordiscos, patadas y rasguños se metió en la 8. Y yo no cabía de la emoción, yo dije: “me gané ese acure y se llamará Acturo”. Y cuando ya estaba buscando una caja de zapatos lo suficientemente grande como para que me cupiera Acturo, viene la payasita y me dice: “Escoge un premio de los que están en esta bolsa negra”.

Metí la mano con ganas de que cayera una bomba atómica en esa verbena. Me llevé un jarrón espantoso de cerámica verde. No le gustó ni a mi madre.

Lo de los pollos me pasa idéntico con la lotería, con los caballos, con las carreras de galgos o cucarachas, con los sorteos de carros, microondas y televisores pantalla plana, también con la rifa de los boy scouts, de los pintores de boca, la de los cieguitos de no sé dónde y las de toda esa gama de fundaciones benéficas que lo convencen a uno de comprar un par de boletos para apoyar aquella causa o la otra. Me pasa también con los concursos de guiones, de cortos, de novelas, de cuentos: ese pollo siempre se lo lleva otro.

He tenido que aceptarlo: a mí no me tocan y punto. Será que a nadie le gusta el número 8 (excepto a mí), o siempre habrá alguien que brinca y me quita de la punta de la lengua ese 7 hermoso que ya venía paladeando. Estoy destinado a contar el cuento de cómo casi digo el 7 pero en eso alguien más pilas se me adelantó. Me toca decirle a mi Claire, a mis familiares y amigos -que aún tienen el coraje de creer en mí-: “Nada, será que yo no sirvo para esto de los pollos”. A lo que responden: “No importa, tú sigue trabajando, tú insiste”. Así que me toca intentarlo una vez más y otra y otra porque algún día, seguro, que sale mi 8 (coño, y después no me pregunten qué carajos voy a hacer con el bendito pollo de colores).

Recibí una llamada hace pocos días del escritor Sael Ibáñez, de parte del 3° concurso Salvador Garmendia que organiza La Casa de las Letras Andrés Bello. Me dijo que no había ganado, que el premio se lo había llevado Rubi Guerra (un excelente narrador cumanés que se merece con su obra bastantes pollos, de todos los colores y con toda justicia,); pero que mi libro de cuentos “Fragmentario” había ganado una mención publicación. Tan acostumbrado estoy a no ganar que mi primera reacción fue reírme: “Este seguro es Fedosy o el Pollo o La Perra o cualquiera de esos jodedores empedernidos que me gasto de amigos”.

Pero no. Por lo visto no es broma. Así que hay la posibilidad de que nos veamos pronto en el bautizo de ese pollo. De qué color me tocó: ni idea.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Ese pollo es amarillo natural, sin colorante, para que no enferme, será una deslumbrante gallina y nadie la matará ,porque pondrá huevitos de oro.
Algun día no lejano ,llegarás bien alto en este trabajo literario,el que manejas con tanto talento y perfección.

Ophir Alviárez dijo...

Pues felicitaciones y que se multipliquen no sólo los pollos -y los libros- sino todo lo que implican hasta que lleguen a sopa y a esa publicación más que merecida.

Me encantó el giro de la historia y la sorpresa, mejor narrado imposible. By the way, mi número también es el ocho pero soy alérgica a las plumas.

Ojalá ese bautizo pronto.

Abrazos!

OA

un tordo dijo...

Bravo José, ya nos leeremos ese libro en un sancocho.
Felicitaciones!!!

Lena dijo...

ENHORABUENA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
ENHORABUENA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
ENHORABUENA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Quiero leerlo!!!!!!!!!!!!

Sea cual sea el color que te toque una cosa es segura: será brillante!

Un abrazo contentísimo!!!!

Y besos también!

L

Capochoblog dijo...

Felicitaciones!!!

:)

Concuerdo con el anónimo, ese pollo es natural y sin hormonas.

Besos.

Eduardo dijo...

Toma tu pollo, chimbín!
Felicitaciones!

Anónimo dijo...

Cuando una noticia así te pone tan contento que es como si el premio te lo dieran a ti, te das cuenta de que quieres de verdad.

Felicidades, suerte en lo próximo y nunca nunca lo dejes, por muchos pollos que te pasen por delante.

Hay veces que, simplemente, no es el momento y otras sí!

Susana Sussmann dijo...

Si te sirve de consuelo, a mí también me gusta el 8, hermano. Aparte de eso, felicidades por tu primer pollito, y espero poder saludarte un día de estos (¿el sábado?)

María Antonieta Arnal dijo...

La verdad, he participado en exposiciones importantes de arte textil, pero nunca me he ganado un premio, aunque una vez fui como invitada. Pero igual, el hecho que me acepten en las exposiciones es un premio para mi. El único premio que me he ganado fue el premio FAMA (Fondo de Aportes Mixto a las Artes) por mi proyecto Comunidad de Tapices.
No sé para que cuento ésto. Mi número preferido siempre ha sido el 7. A veces tengo suerte, otras no. Lo importante como dicen otros, es seguir trabajando y no desertar en lo que uno hace y quiere. Felicitaciones por la mención publicación. Avísanos por este medio cuando esté en la librerías.

Roccocuchi dijo...

que bello!! señor Uriola! pues yo si me gané mi pollito....... pero sin rifas........ me dieron una caña de pescar y la bolsita que lograra atrapar sería mía.......... y salió un pollo....... pero el mío era amarillo..... amarillo-pollito..... :D me encantaria leer tu libro...... y me habría encantado ilustrarlo.... besos!!

Nelke dijo...

José estoy muy muy muy pero muy contenta por Fragmentario. Desde que te leo, hace más o menos 2 años y tanto, te tengo en el sitial de esa gente que quiero leer en hojas cocidas con un hilo tenso.

Porque tus historias muchas veces son nuestras historias obligatoriamente, y no sé chico, debe ser porque tu blog tiene ese olor de los libros nuevos. Esa sensación hace que desde la virtualidad siempre estés en la mesa de noche, o en cualquier biblioteca donde también hay muy buenos cuentos.

Insisto: muy contenta. ¡Bravo!

Georgia dijo...

Grata visita por tu casa...y tus pollos

Jose Urriola dijo...

A mis queridos lectores y amigos:

Anónimo 1: Gracias. Me gusta lo del pollo amarillo natural que crezca hata gallina ponedora, pero lo de los huevos de oro no me gusta mucho, sobre todo en los tiempos que corren; puede ser realmente riesgoso. Si esa gallina es buena ponedora te prometo que vamos a medias.

Ophir: Me cersioraré personalmente de que salga un 8 desplumado para ti.

Tordo: ¿Será muy feo si en vez del convencional espumante en un bautizo uno utiliza consomé de pollo para rociar el libro o lo sumerge en una olla de sancocho? Me gusta lo del sancocho, que a mí los vinos espumantes me dan una jaqueca mortal.

Lena: Cambio un pollito criollo por ese faisán madrileño que sé que estás cocinando tú con tanto esmero ¿Te anotas?

Capocho: Qué bueno que te tenemos de nuevo por aquí. Sale un pollo libre de hormonas para ti, cuenta con él.

Eduardo: Habrá servicio a domicilio de pollos hasta Guanare. Al menos tres para Guta Gutarrak (nosotros y los nuestros)

Anónimo 2: Gracias por todo. Es bonito eso de querer de verdad, en estos tiempos que se regalan tantos "te quiero" vacíos de todo afecto es bueno saber que algunos sí que son de verdad y que ponen contento de verdad.

Susana: Gracias mil. Tenemos que seguir escribiendo e intercambiando de ciencia ficción; para que nazcan en esta tierra muchos pollos marcianos y pollos robots y pollos cyberpunks. A ver si inventamos un bestiario diferente y mejor que el que la realidad nos dio.

Toña: Tienes toda la razón, una invitación es un premio; es la evidencia de que alguien te toma en cuenta y quiere que estés allí para compartir. Me han hablado muy bien de las cosas que haces. Hagamos algo: te invito al bautizo del pollito (te mando por mail los detalles apenas los tenga, pero ten paciencia que esto debe ser largo) y espero algún día verte en tu exposición.

Roccocuchi: ¡Qué maravilla eso que cuentas! Pescar un pollo es algo que muy poca gente debe haber hecho en la vida. Imagina tú, ¿habrá alguien que pinte los goldfish de verde perico? No te preocupes por lo de las ilustraciones que algo inventaremos, por mí encantado.

Nelke: Amiga, siempre grato cuando te asomas por aquí, lo es -y sigue siendo- desde hace casi 3 años. El aprecio es mutuo, siempre te leo en silencio, deleitándome con tus letras y tus imágenes. Ya veremos cómo hacemos llegar un Fragmentario hasta esa mesa de noche.

Georgia: Bienvenida a mi casa-gallinero. Abierta siempre 24x7 para mis amigos y para los amigos de mis amigos.

Un gran abrazo para todos, gracias una vez más.

John Manuel dijo...

Yo siempre me preguntaba, ¿por qué este señor no tiene ningún libro publicado/concurso ganado/etc.? Que bueno por el libro. Ya me cuentas como un lector del mismo cuando salga.

Anónimo dijo...

Nunca me gané ningún pollito y Sofi tampoco jajajajaja la cosa como que es de familia.... Este pollito que debe ser multicolor tengo el atrevimiento de sentirlo nuestro, mi chamo querido.

IERL dijo...

Listo brother, felicitaciones. Allí estaré sin falta para bautizar ese pollito.

Abrazo,
IERL