martes, 19 de abril de 2011

La suerte de los terrícolas


La noticia está aún por confirmarse, aunque algunos aseguran que se trata de un falso documental (esas películas de ficción que se disfrazan tan pero tan bien que uno jura que son extractos de la realidad misma); sin embargo, de ser cierta –algún día, tarde o temprano lo será- significaría un cambio de dimensiones copernicanas para la humanidad. El asunto resumido es que se dice que el Radio Observatorio Astronómico Chino anunció a principios del mes, a través de la la Agencia de Noticias Xinhua de China (la agencia Oficial del Gobierno de la República Popular China) haber estado monitoreando durante 90 días una señal emitida por un satélite alienígena que orbita Saturno.

Supuestamente esta señal en ondas de radio, que emite desde el espacio el satélite, está reproduciendo las cuatro bases del código genético A, G, U y C (cuyas combinaciones conforman el ADN); por lo que el descubrimiento parece ofrecer pruebas sobre el origen universal del código genético y la confirmación de existencia de inteligencia extraterrestre, todo en una misma evidencia. El 2x1 más grande en los últimos siglos, pues.

Más allá de la veracidad de la noticia (siendo honestos se parece sospechosamente al argumento de Las fuentes del paraíso, la novela de ciencia ficción de Arthur C. Clarke que se desarrolla a partir del primer contacto de la humanidad con una sonda robótica espacial –la Starglider- que intercambia señales de radio con la humanidad con el fin de entendernos y, sobre todo, de explicarnos “la verdad”), son varias las reflexiones que a uno se le pueden venir a la cabeza:

H.G. Wells nos habló una invasión de extraterrestres cuyo propósito era la aniquilación, el exterminio absoluto de la humanidad. Es quizás la visión que más ha explotado Hollywood, son unos tipos malísimos y poderosísimos que, afortunadamente para nosotros, no cuentan con los anticuerpos para contrarrestar los efectos de la gripe. Los microbios, virus y bacterias se encargarán de ellos, así que tranquilos.

Spielberg, por su parte, se inclinó en E.T. El extraterrestre por ofrecernos una versión más cándida y edulcorada. Son unos tipos chiquitos, pacíficos, cabezones y con dedos muy largos coronados en linternas rojas que lo único que quieren es volver a casa.

Para Brian W. Aldiss en su maravillosa Los oscuros años luz, los seres del espacio son una especie de rinocerontes hechos de roca que simplemente defecan. Van dejando sus deposiciones fecales por todos lados y, hay un punto sublime en el que el gran jefe de la expedición humana –después de intentar infructuosamente todo tipo de comunicación con los extraterrestres- decide bajarse los pantalones e imitarlos (y los extraterrestres piensan: “pero qué gente más rara ésta”). El contacto fracasa porque no hay fuerza humana ni sobrehumana que logre poner de acuerdo a ambas especies, dada la enorme diferencia el intercambio está signado por un abismo insalvable. Mejor dejar a cada loco con su tema y que cada quien siga por su cuenta.

Fredric Brown en Martians, Go Home (Marciano vete a casa) nos ofrece una de las opciones más perturbadoras y peculiares que podamos recordar: los marcianos son unos impresentables saboteadores. Lo que quieren es joder. Son unos tipos pequeños, malcomportados y translúcidos que se nos meten en la sopa, se nos acuestan en la cama, nos invaden no sólo el planeta sino también hasta el mínimo resquicio de intimidad. Al principio la humanidad se escandaliza (hay siempre un marciano sentado en el centro de la mesa familiar que se dedica a vomitar la comida o uno que se cuela a través de la pared de la habitación de los recién casados para arruinarles la noche de bodas) pero luego, como siempre pasa, terminamos por acostumbrarnos a todo y lo convertimos en parte de nuestra cotidianidad. La gente come aunque el marciano insista en hacer de fuente para la sopa, la gente hace el amor aunque haya un marciano saltando sobre el colchón. La invasión fracasa porque los marcianos se mueren ya no de gripe como con Wells, sino que se mueren del aburrimiento. En lo personal me resulta inevitable pensar en la situación venezolana sin recordar al Martians, Go Home, lo que pasa es que los marcianos saboteadores que tenemos en casa todavía no desarrollan sus poderes para atravesar paredes.

El polaco, Stanislaw Lem, quizás el más filósofo de todos los escritores de ciencia ficción, proponía en cambio una vida extraterrestre que se mimetizaba absolutamente con las memorias y deseos del terrícola. “Soy lo que deseas que sea, soy a la vez tu miedo, tu pensamiento y tu redención”. La vida extraterrestre se confunde con el hogar, se mezcla con el recuerdo, es la mujer amada, son papá y mamá que –a pesar de haber muerto hace tanto- me reciben otra vez en casa con comida caliente.

Un juego similar al de Lem nos plantea Ray Bradbury (con sus propias armas y su verbo más diáfano) en ese entrañable final de sus Crónicas marcianas:

“Llegaron al canal. Era largo y recto y fresco, y reflejaba la noche.

–Siempre quise ver un marciano –dijo Michael. – ¿Dónde están, papá? Me lo prometiste.

–Ahí están– dijo papá, sentando a Michael en el hombro y señalando las aguas del canal.

Los marcianos estaban allí. Timothy se estremeció.

Los marcianos estaban allí, en el canal, reflejados en el agua: Timothy y Michael y Robert y papá y mamá.

Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada…”

Finalmente, la argentina Ana María Shúa, en Octavio, el invasor (cuya lectura no tiene desperdicio) nos siembra una duda que mezcla en su justa proporción al vértigo y la ternura: quizás todos hemos sido extraterrestres invasores, lo que pasa es que lo hemos olvidado. El amor maternal nos va ablandando hasta que nos sentimos en casa. El calor del hogar y eso que llaman familia condena a la invasión al fracaso una vez más: “Y por fin, llegó la palabra. La primera palabra, la utilizó con éxito para llamar a su lado a la mujer que estaba en la cocina, Octavio había dicho «Mamá» y ya era para entonces completamente humano, una vez más, la milenaria, la infinita invasión, había fracasado”.

En fin, toda esta vuelta por el universo se podría resumir en dos inquietudes: ¿Cuáles extraterrestres finalmente nos habrán tocado? ¿Y serán acaso capaces de hacerlo mejor que nosotros?


7 comentarios:

adriana bertorelli p. dijo...

y quién te dice a ti, pequeño saltamontes, que tú no eres uno de ellos? a veces creo que estás más cerca de ser un marciano que de ser un terrícola.

A-nah! dijo...

Extraterrestres... tsunami... tornado... boda real... ¡el 2012 se viene con todo!

Nuevo look en el Blog... "Me gusta"... ¿dónde está el estúpido botón de FB cuando se lo necesita?

Anónimo dijo...

Y ....yo prefiero sin lugar a dudas, quedarme con el autor del blog, que nos cuenta sus maravillossas lecturas, y con la argentina Shúa, en "Octavio, el invasor".

Jose Urriola dijo...

Adriana: no lo dudo... pero me temo que usted también viene del mismo sitio o mínimo del pueblo de al lado. Un abrazo para usted y para su representante.

A-nah!: De todos esos eventos que nombras el más copernicano es el de la boda de Henry (o Harry o William o Rupert o Chuck o cómo se llame ese pobre pana)

Anónimo: Léete completo a Octavio el Invasor, haz clic sobre el título y se te abre el cuento entero que es una belleza.

Abrazos, gracias por leer y comentar,

Jose

Anónimo dijo...

En verdad precioso, descubri algo nuevo, libros gratis y esas 6 páginas de belleza y ternura. Gracias Jose por el dato. Se lo recomiendo a los demás lectores del blog.

María Antonieta Arnal dijo...

Lee ésto para que veas lo que dice la Iglesia http://tonydaher.blogspot.com/2011/01/extraterrestres-la-luz-del-cristianismo.html

Susana Sussmann dijo...

No conocía ese cuento de Ana Máría Shúa (a decir verdad, no había leído nada de ella), pero qué descubrimiento. Gracias por ello. :-)