jueves, 22 de marzo de 2012

Mudanzas

Hay una maldición maracucha que reza: “Ojalá y te mudéis”. Y uno no la entiende hasta que te cae encima con todo su peso, es decir, hasta que te mudas de casa (otra vez).

El acto de mudarse es un acto extraño signado por la contradicción, se trata de llevarte todo lo que puedas y al mismo tiempo deslastrarte de todo lo que te sientas capaz de dejar atrás (que siempre resulta menos de lo que uno debería).

Siempre, absolutamente siempre, en toda mudanza habrá una cosita sin importancia que se quiebra. Y no importa que todo lo demás haya llegado sano y salvo a su nuevo destino, a ti lo que te mata es haber roto esa cosita sin importancia que a ti te duele un montón.

La rebelión de los objetos inanimados ocurre, sobre todo, en los momentos de mudanza. Hay cosas que aprovechan la madrugada para salir reptando de cajas y maletas, se escurren por debajo de las puertas, corren en puntas de pie por las escaleras y se instalan en otras casas debajo de las lavadoras o entre la cómoda humedad de la ropa sucia.

En toda mudanza hay una maleta llena de cosas que no pesan, de cosas que sobran, de cosas sin mayor importancia que uno debería tirar (pero mejor todavía no, quién sabe si hacen falta más tarde, vamos a meterlas aquí por si acaso). Cuando la vayas a cargar te enterarás de que esa maleta pesa una vida entera.

Siempre que te mudas hay algo que se queda, un objeto extraño de esos que sólo tienen sentido para ti que se encarga el muy necio de montarse encima un manto de invisibilidad y mira calladito desde el rincón cómo se lo llevan todo mientras él se queda. Y el nuevo inquilino tendrá que repetir una y otra vez la misma respuesta: “No tengo idea de qué será eso, cuando llegamos estaba ya aquí; creo que lo dejaron los que vivían aquí antes”.

Y en toda mudanza, a la hora de desembalar las cajas en la nueva casa, aparece un objeto extraño que nadie conoce ni recuerda haber embalado. “Mierda… ¿y esto qué es?”. “No tengo la menor idea, pero creo que queda bonito si lo ponemos aquí”.

Uno jamás muda solamente las cosas de uno. Las mudanzas son siempre un acto colectivo donde viaja contigo un montón de gente. Porque en toda mudanza siempre habrá una bolsa negra repleta de libros, discos, ropas, utensilios de cocina, zapatos y estados de cuenta de otros que hace años te dijeron “Guárdame esto aquí que yo vengo más tarde a recogerlo”.

Hay objetos sin valor que siempre se mudan contigo: una foto, una cajita, un muñeco, una chapita, una postal, una nota escrita a mano. No sólo son los grandes testigos y compañeros de todas tus idas y venidas, sino que sin ellos –lo sabes- tu nuevo espacio no será nunca tu casa.

Toda mudanza implica un duelo. Una despedida, una pérdida que con suerte estará maquillada con la esperanza de que en el nuevo hogar las cosas irán mejor. Las mudanzas son modelos a escala, especies de ensayos metafóricos, de muerte y resurrección.


7 comentarios:

Deyanira Díaz dijo...

Dejas el paisaje cotidiano, el que solías ver por la ventana mientras descansabas después del trabajo. Dejas a los vecinos, los que te molestaban, los que te daban risa, los indiferentes, porque a los panas los mudas contigo. Dejas lo que pensabas, lo que sentías porque es hora de crecer, de seguir creciendo.

Saludos

Anónimo dijo...

Un verdadero poema "tu mudanza", que seas muy feliz en la nueva casa y gracias por este recuento tan emotivo , sentí una gran nostalgia pues pasamos dias muy gratos en el último apartamento.

EmeJota dijo...

Leer esto trajo un poquito de nostalgia al recordar la última vez que me mudé, aunque no dejé de pensar en el pote de Woolite para ropa oscura que estaba nuevo, que juré que había guardado y luego descubrí que no fue así. Siempre lo imagino debajo de la cama burlándose de mi

María Antonieta Arnal Parada dijo...

La verdad, nunca me he mudado. Sólo cuando tenía tres o cuatro años, pero no me acuerdo de eso. Voy a tener en cuenta tu texto para cuando me toque mudarme. Sin embargo, la mayor mudanza será cuando dejemos esta vida para entrar en otra trascendente, eterna, feliz, si te portaste bien e hiciste la voluntad de Dios.

La Gata Insomne dijo...

No sabes qué oportuno este post, me vine de la isla con algo de más y bastante de menos, recuerdo una frase que me citó una vez mi tía y que cargo conmigo, no recuerdo de quien es: dejar es morir un poco.

Mi lema de este trimestre en el que trato de terminar de llegar: y yo que estaba tan tranquila.

Hay un poema de Morabito que se llama Mudanza, si no lo has leido hazlo.

Un abrazo

Karina dijo...

Excelente post...sobre todo porque en dos años anteriores me mude aproximadamente 4 veces... en cada sitio siento que deje algo de mi... experiencias y personas que quedan atras o en un espacio de nuestro corazon...

Maria Paula dijo...

Me gustó lo de las cosas que se escurren y se van en puntillas.
He tenido que mudarme varias veces, y si, fueron un agobio total para mi, pero al mismo tiempo una especie de deslastramiento, de empezar mas ligero, sin tantas cosas. Yo intenté en cada una de deshacerme de 1/4 de los 'peroles', cosas que pudieran tener mejor provecho en otros lugares. Descubrí que uno generalmente tiene mas cosas de las que hacen falta. Tuve suerte y las cosas queridas no huyeron por ahí.