viernes, 6 de julio de 2012

Libro-álbum y cómic: una frontera difusa



Brecht Evens: "Un lugar equivocado"

Tuve la suerte de sentarme una tarde de mayo del 2003 en una silla frente a uno de los cineastas que, en mi canon personal, resulta de los más importantes de las últimas décadas, el alemán Wim Wenders. Había en la escena también un sujeto vestido con camisa rosada y bermudas beige, armado con un cronómetro que le pendía del cuello, que se paraba detrás de Wenders y me hacía gestos de “quedan 3 minutos de entrevista”, “quedan 2 minutos”, “30 segundos”. Cuando el hombre del cronómetro me hacía gestos de cortar porque el tiempo había acabado, pasándose los dedos por el cuello como simulando una degollación, aventuré una última pregunta desesperada pues era consciente de que la vida difícilmente me sentaría frente al director otra vez: “Wenders, ¿qué cree usted que sucederá con el cine en el futuro, hacia dónde cree que se dirige, cómo intuye que será el arte de las películas mañana?”. Y yo juraba que Wenders me hablaría de la posibilidad del sensorama, que iríamos a cines donde las escenas no sólo se vieran y se escucharan, sino que sobre esas butacas seríamos capaces también de oler, tocar, sentir, degustar; pero Wim Wenders se sacó un as de bajo la manga y me respondió: “Estoy profundamente preocupado por el cine de hoy y, sobre todo, por el de mañana. Creo que el lenguaje audiovisual se está comiendo a sí mismo, sumido en un proceso de autofagia donde no hace otra cosa que repetirse y nutrirse de sí mismo. Veo demasiados cineastas que saben muchísimo de cine y han visto millares de películas; pero les falta empaparse de música, es obvio que les falta lectura, carecen de conocimientos de pintura, de escultura, de arquitectura. Me preocupa que en el futuro el cine muera indigestado de tanto comerse a sí mismo”.

Dicha esta perla incómoda, el hombre del cronómetro dio por cerrada la entrevista, se interpuso de un salto afectado entre Wenders y yo, haciendo gestos nerviosos para que el director fuera de inmediato a sentarse en otra silla donde sería entrevistado por una televisora francesa. Wenders se incorporó, esquivó con astucia al autoproclamado dueño del tiempo, estrechó mi mano y comentó algo a manera de despedida, una cosa que jamás olvidaré: “Y no podemos dejar de lado a los cómics, el cine tiene que beber de las fuentes del cómic, allí le veo una salida”.

Enki Bilal: Azul Sangre



Siempre he sido admirador del cómic y gracias a esa fascinación pude llegar a conocerle un primo cercano: el libro-álbum. Me parecen las formas expresivas contemporáneas que mejor recogen el mismo espíritu que llevó a nuestros ancestros a pintar sobre las paredes de las cavernas. Esa necesidad de iluminar nuestros sueños, vivencias y temores por medio de una imagen provista de cualidades narrativas; un intento auténtico por darle forma a nuestros deseos y angustias más primigenios, esos que nos han fascinado y robado el aliento desde los tiempos de la hoguera y que lo siguen haciendo hoy en las comunidades de cibernautas. Sin duda, con cómics y libros-álbum, nos encontramos ante unas de las expresiones artísticas más extraordinarias e innovadoras de las últimas décadas. Hablamos del curioso arte de leer textos e imágenes como un conjunto indisoluble. Leer las ilustraciones como textos y los textos como ilustraciones. Historietas, libros álbum, novelas gráficas, parecieran hermanarse bajo el manto del denominado arte secuencial por Will Eisner –para ponerle un nombre que intente aglutinarlos en un corpus medianamente coherente-; son medios expresivos que exigen del lector una gráfica de la palabra y una gramática del dibujo. Es imposible, y más que imposible es inútil, leer un cómic o un libro álbum como si fueran prosa sin ilustraciones. Nos hallamos frente a obras plurales que exigen el manejo de dos niveles distintos y coexistentes de significado: el verbal o textual (por una parte) y el pictórico o icónico (por la otra). Muchas veces la brecha entre las palabras y las imágenes es premeditadamente abultada, porque libros álbum y cómics buscan que en ese espacio en blanco, en ese vacío, se dé lugar la máxima participación del lector. La relación entre ambos niveles de significado no viene dada de antemano como una papilla lista para engullir, esa relación tiene que armarla el lector, e incluso tiene que aprender a lidiar con la indeterminación, con la duda y con la sospecha; pues allí –en esa relación signada por la distancia y el vacío- se gesta un lector que además es creador. No sólo creador de ese texto-icónico en particular que ahora lee, sino de otras obras alternativas que de allí pueden surgir, ramificarse, proyectarse. Pareciéramos estar en presencia de un medio de expresión poderoso, de un súper género en constante desarrollo y con final abierto, quizás más pertinente que la misma novela a la definición que planteó Mikhail Bakhtin “una polifonía de voces y lenguajes hábilmente entretejidos para conformar una totalidad que crece constantemente devorando a otros géneros, literarios y no literarios, adquiriendo así nuevas formas”.

Tal como señala David Lewis, historietas y libros álbum se encuentran en un estado constante de flexibilidad, apertura y fluidez que les permite nutrirse de otros géneros, absorberlos y así crecer en las posibilidades de diálogo entre palabras y palabras, palabras e imágenes, imágenes e imágenes. Difícilmente otro medio artístico exija una lectura tan absoluta y competente por parte del lector. 

Bastien Vivès: El gusto del cloro


Intentaré a continuación establecer algunos puentes o vasos comunicantes entre el cómic y el libro-álbum para así ahondar en sus posibilidades narrativas y estéticas que pueden enriquecer no sólo otros discursos, otras artes o medios expresivos, sino que pueden nutrirnos la vida misma de otros personajes, otras maneras de contar, otros colores y texturas; nuevas estéticas y nuevos contenidos para un mundo otro que ayude desde la ficción a hacernos mejor y más habitable éste.

1) Libros álbum e historietas -al menos las que nos resultan más interesantes desde su punto de vista creativo y por su aporte a la hora de expandir las fronteras de la lectura y la escritura- son obras “donde las palabras no repiten lo que muestra la ilustración ni viceversa. Su relación es de contrapunteo: se completan y complementan unas a otras” (Schulevitz, 1997). El pleonasmo que tanto uso y abuso ha tenido en las artes audiovisuales es prácticamente anulado e ignorado en estos territorios. Libros-álbum y cómics se asemejan en que no superarían la prueba de ser leídas, y sobre todo, comprendidas, en el medio radial. La ilustración implica un extra tan importante o más que la palabra; un añadido informativo que a veces llega a desmentir, potenciar o cobrar total autonomía con respecto a lo que dice el texto. Sin las ilustraciones la experiencia de lectura no se llevaría a cabo a plenitud, pues las ilustraciones son la historia. Para algunos, como es el caso de Kenneth Marantz, en este tipo de obras llega a ser más importante el cómo que el qué, porque es la ilustración quien aporta las texturas, subtramas, claves y guiños: “es más un objeto de arte visual que una obra literaria, para su selección debemos centrarnos más en los atributos visuales que en el texto” (Marantz, 1995).

2) La limitante del espacio, la imperiosidad de sintetizar para decir lo máximo posible en la mínima extensión, es algo común en cómics y libros-álbum. Y precisamente ese riesgo, esa crisis que impide explayarse o derrocharse, detona la creatividad como un poderoso catalizador.

3) Ambos medios artísticos son considerados, de alguna manera, como “orilleros”, “marginales”, “discursos menores”, “materiales hechos para un público infantil, juvenil o para adultos raros negados a crecer”. Y precisamente desde esos lugares alternativos apartados del discurso dominante de la Literatura y las Artes (las mayúsculas no son gratuitas), el libro álbum y el cómic se valen de una capacidad expresiva, de una licencia de experimentación, se ingenian para señalar como nunca antes se había visto –sin imponerse mayores autocensuras, sin complejos, esquivando la cómoda infelicidad de los lugares comunes- temas profundos desde una mirada particular que les redimensiona.

4) Nos encontramos frente a peculiares formas expresivas que perfectamente pudieran formar parte del espectro del audiovisual. Son piezas que simulan sonidos, simulan imágenes en movimiento, simulan diálogos, pensamientos, onomatopeyas, acciones, cambios de los ritmos narrativos, elipsis, transiciones, juegos espaciotemporales. Y, aunque carecen de los medios necesarios para ponerse a “sonar” y a “mover”, lo logran. Lo logran contundentemente.

5) Un buen libro álbum (al estilo de “Voces en el parque” de Anthony Browne) y un buen cómic (como pudieran ser “El eternauta” de Oesterheld o el “Maus” de Spiegelman) tienen el poder de tender importantes y sólidos puentes entre las generaciones. Cautivan a un lector de 10 como a uno de 100. Son obras tan simples en apariencia -pero tan complejas bajo la superficie- que resultan capaces de hablar en distintos registros simultáneamente. Cada quien, independientemente de su competencia lectora, de su grado de instrucción y de su acervo cultural puede extraer un disfrute, un aprendizaje, puede construir su propia mirada y fijarse en los focos de atención que mejor le parezca. Y en cada lectura siempre surgirá un nuevo guiño por descifrar. “El género que parecía destinado a ser el más sencillo y amable de la literatura infantil ha producido las mayores tensiones sociales y estéticas, porque ha aprovechado los recursos de dos códigos simultáneos y porque ha implicado a dos audiencias distintas” (Colomer, 1996).

6) Los juegos metaliterarios y metaficcionales encuentran en la historieta y en el libro-álbum un espacio para la experimentación. Juegan con las convenciones, las parodian, las trascienden, y así se señalan a sí mismas con el dedo como diciéndonos “soy una obra hecha por un autor, soy el producto de un proceso creativo”, de esa manera hacen conscientes a los lectores sobre cómo está funcionando el texto. La constructividad de la obra queda en evidencia, nos muestra sus costuras, sus trampas, desnuda el mecanismo con el que funcionan y el artificio que caracteriza a todo proceso creativo.

7) La voz del yo, esa propuesta subjetiva de un individuo que declara: vivo, pienso, siento, ahora existo y dejo constancia de mi existencia por medio de una obra –obra donde dejo mi marca personal de autoría-; no es territorio exclusivo del ensayo, es algo que también caracteriza y hermana a cómics y libros-álbum. Es frecuente en el discurso de las narrativas gráficas el recurso autobiográfico o autoreferencial y la inserción del autor como personaje dentro de su propia obra. Bien sea para señalar las dificultades del proceso creativo, para mirarse desde afuera filtrado por la lente de la parodia y el humor o para expandir los límites del relato tanto desde afuera como desde el interior del mismo.

8) El arte secuencial/narrativa gráfica se asemeja en sus estructuras de funcionamiento a la narración multimedia. Propone un lenguaje de avanzada que se adelantó a la lectura y la escritura en Internet tal como la abordamos hoy día con toda naturalidad. Nos plantea la posibilidad de leer varias cosas al mismo tiempo (imágenes, símbolos, palabras, composiciones gráficas, texturas, colores, simulaciones de acciones y sonidos), de armar el relato y ensamblar los fragmentos tomando decisiones que nos pierden o nos llevan por rumbos desconocidos, para dar marcha atrás o para adentrarnos en el nuevo sendero y perdernos aún más. Y esa pérdida que exige una relectura o un golpe de timón en el proceso lector no es algo negativo, muy al contrario, puede que sea muy beneficiosa esa desorientación que desde la misma concepción de la obra su autor está buscando despertar en el lector. Es una manera de desentrañar varios sentidos en simultáneo, de plantearse varias posibilidades de lectura, un texto que puede ser interpretado al mismo tiempo de diversas maneras. Ocurre con el cómic y con el libro álbum lo que ocurre con el cibertexto: el lector se comporta como un jugador y no como un voyeur, es más el conductor que acelera la locomotora que un simple espectador que viaja cómodamente en el tren mirando por la ventanilla.

9) El género del arte secuencial es profundamente paradojal, es decir, su esencia radica en la tensión que se desprende de dos líneas narrativas que se cruzan en sentidos distintos. El texto viaja en un sentido y dice algo que es distinto al sentido y al significado de lo que dice la ilustración. Roland Barthes señala que en los discursos paradojales la tensión entre líneas encontradas provoca una tercera tensión que cobra su sentido fuera del texto. Es decir, del cruce de ilustraciones con palabras (donde cada discurso complementa, contradice, contrasta o añade sentidos a lo que dice el otro) se desprende un nuevo significado que ocurre fuera de la obra y -utilizando una metáfora cinematográfica- se produce fuera de campo: tiene lugar en la cabeza del lector. Por esa razón, cada vez que nos asomamos a un libro álbum o a una historieta es siempre como si fuera la primera vez. Porque las paradojas que nos hicieron guiño en la primera lectura son enriquecidas o puestas en duda por nuevas paradojas que surgen con la relectura. Son textos que se redimensionan y cobran nuevos sentidos en cada aproximación. En eso se parecen mucho a la música que nos gusta, en que podemos enfrentarnos a la pieza centenares de veces sin que nos agote ni aburra, y en cada experiencia nos topamos con una emoción similar pero que al mismo tiempo es siempre distinta.

10) Nos proponen una mirada filtrada por la ficción, la lente de lo fantástico que cambia la visión de la realidad, es también algo común al cómic y al libro álbum. Por lo general no son medios de expresión que intenten copiar o representar de una manera fidedigna la realidad, al contrario, juegan a cruzar el mundo cotidiano con los mundos paralelos de la ficción. Asumen un reto constante para enriquecer o impactar la realidad con elementos fantásticos que la conviertan en otra cosa, la pongan en duda, nos obsequien otro punto de vista.

11) Cómics y libros álbum son medios artísticos que nos obsequian obras de formidable riqueza narrativa y estética ante las cuales tiene lugar una diáfana aproximación entre el receptor y la obra de arte, sin necesidad de que intervengan comportamientos ritualizados. En los terrenos del arte secuencial nos movemos con la naturalidad de niños que juegan libremente con palabras e ilustraciones, prescindiendo del acartonamiento y la distancia solemne que muchas veces imponen la Literatura, el Cine y la Pintura. Al indagar en las posibilidades y peculiaridades compartidas por la historieta y el libro álbum, encontramos que son medios expresivos asociados con la vanguardia. Tan vanguardista y tan experimental como la vanguardia que cobra cuerpo en un discurso cinematográfico, literario, musical o pictórico; pero en el cómic y en el libro álbum esa misma vanguardia parece “accesible”; para el perceptor se hace diáfana, cercana, comprensible. Eso mismo que pinta tan intrincado, complejo, heterodoxo y fragmentado, “textos para gente que sabe mucho” se hace perfectamente abordable mediante las propuestas del arte secuencial. En otras palabras, estamos ante formas artísticas tan juguetonas como irreverentes, son propuestas lúdicamente subversivas. Aquello riesgoso, nuevo, filoso, lo no convencional, se vuelve asimilable y natural cuando se nos invita a deambular por los espacios del cómic y del libro álbum. Y el perceptor se siente libre de opinar, jugar y ensamblar sin necesidad de sentirse un entendido en la materia. Este factor es de un potencial prodigioso. Estamos acostumbrados culturalmente a las estructuras narrativas y estéticas del realismo, sin estar conscientes de que estas estructuras se apoyan en códigos de información aprendidos, sumamente complejos, se fundamentan en una economía de significantes (como diría Susan Stewart); pero lo cierto es que ese tejido que subyace al texto realista es un artefacto textual invisible muy sofisticado “que crea dentro de nosotros la ilusión de un mundo real que compartimos con los personajes” (David Lewis: 1990). Cuando encontramos obras que se escapan de esas convenciones, obras que traicionan a los géneros establecidos o que subvierten el orden “natural” en que las cosas deberían ser contadas y representadas, tenemos dificultades para reconstruir un relato inteligible. Pero cuando todo esto ocurre en un cómic o en un libro álbum, bajamos la guardia, nos dejamos sumergir en la topografía del texto, nos damos licencia para viajar por territorios extraños con calma y con una sonrisa. Al arte secuencial le debemos esa magia que se desprende desde la simpleza y la aparente inocencia para retarnos y cultivarnos las competencias literarias.

12) Finalmente, el arte secuencial es el ambiente idóneo para que -a pesar de la limitante espacial que impone la viñeta o la dimensión de la hoja- se den cita a la exageración y el exceso. Son el lugar de tránsito regular para lo inconcebible y lo innombrable. Es un juego que invita a forzar la imaginación, a cuestionar la realidad, sus prejuicios y parámetros. Una puesta en abismo que nos confronta con el absurdo y nos hace sospechar de aquellas nociones que damos por sentadas y por incuestionables. De allí también su enorme potencial para enriquecer los discursos de la literatura y el cine fantásticos.

Paco Roca: Las calles de arena


Hay una metáfora que me gustaría asomar en este punto, la del niño que es enseñado a montar bicicleta por sus padres. Las primeras bicicletas a las que nos subimos suelen tener dos rueditas de apoyo, adicionales, para evitar que la falta de pericia nos derribe. Pero la experiencia de montar bicicleta no está completa hasta que alguien nos ayude a quitar esas rueditas y uno venza por sus propios medios las dificultades de la velocidad, el trayecto y el equilibrio. No es fácil quitar las rueditas de apoyo y lanzarse por una bajada a toda marcha, así que papá nos lleva a un lugar plano, abierto, y sostiene el sillín con su mano mientras nosotros pedaleamos. Hasta que un buen día el progenitor -en silencio- nos suelta y se queda atrás, y nosotros juramos que sigue allí sujetándonos del sillín para que no nos descalabremos. En ese instante hemos aprendido a montar bicicleta, es un instante mágico, imborrable. Funciona igual con la lectura. El texto realista sería como esa bicicleta segura que tiene adosadas sus rueditas de apoyo. Me gusta pensar en que el cómic y el libro-álbum son buenos padres, magníficos instructores, que nos ayudan un día a sacarle esas rueditas a la bici y nos ofrecen llevarnos de paseo sujetos del sillín. Pero después de un rato nos sueltan, nos dicen en silencio “Ahora tú solo, tú puedes”.

Ernest Hemingway sostenía una teoría sobre el cuento que me parece le encaja a la perfección a cómics y libros-álbum, la de concebir al buen relato como un iceberg. Lo importante no es lo que se cuenta, sino lo que subyace, lo que podemos inferir a partir de eso que apenas se asoma en la superficie. Una buena historia es la que nos permite intuir ese universo de anécdotas, personajes, atmósferas y sentimientos que se mueven por debajo de esas simples palabras e ilustraciones que vemos expresadas en la epidermis del texto. Mucho mayor es lo que podemos adivinar que lo que se nos explica. Me gusta la idea de pensar en los autores de libros-álbum e historietas como dignos herederos del legado de Hemingway; y como silenciosos padres y maestros de artistas tan más grandes como Wim Wenders.  

Jiro Taniguchi: El olmo del Cáucaso

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Enorme tu trabajo (oye, no por lo largo sino por lo rico del contenido), toda una clase magistral. Sabía de los cómics pero no tanto de los libros álbum. Gracias por compartir tus conocimientos.
L.A.I

Anónimo dijo...

De acuerdo totalmente con L.A.I
He disfrutado tu trabajo , seguro para especialistas en la materia, pero el que merece ser leido una y otra vez como decia el Vegetal.... con su frase caracteristica: "despacito y buena letra"

El Buruso dijo...

Als das kind, kind war...

conntrax dijo...

Igualmente, felicitciones por esta entrada! He compartido tu trabajo en mi espacio: http://ydijo.wordpress.com/2012/07/10/libro-album-y-comic-una-frontera-difusa/
Un saludo!

Sergio Lairla dijo...

Ha sido un verdadero placer leer tu entrada. Con tu permiso, me gustaría enlazarla en nuestro facebook (www.pantalia.es).
Ya que has nombrado el término cinematográfico "fuera de campo", te invito a conocer (si no la conoces ya) nuestra revista Fuera [de] Margen, traducción española de la revista Hors Cadre[s] sobre libro álbum y literaturas gráficas.
Gracias por tu blog.
Un abrazo

Sergio Lairla dijo...

Ha sido un verdadero placer leer tu entrada. Con tu permiso, me gustaría enlazarla en nuestro facebook (www.pantalia.es).
Ya que has nombrado el término cinematográfico "fuera de campo", te invito a conocer (si no la conoces ya) nuestra revista Fuera [de] Margen, traducción española de la revista Hors Cadre[s] sobre libro álbum y literaturas gráficas.
Gracias por tu blog.
Un abrazo

Jose Urriola dijo...

Sergio,
Conozco bien tu proyecto, es excelente; un honor que te haya gustado esta entrada y que consideres compartir el enlace. Claro que sí, con todo gusto. Recibe un abrazo y estamos en contacto,
JU

jairo buitrago dijo...

Interesante... estoy desarrollando un temario sobre esa relaciones cómic- libro álbum, seguramente recurriré mucho a este buen texto.