jueves, 8 de marzo de 2018

Grupo de WhatsApp, manual de uso.




En estos tiempos en los que estamos todos regados por el mundo -o en el mismo lugar del mundo pero sin posibilidades de verse mucho- ha llegado la era del grupo de WhatsApp. Y todo el mundo tiene los suyos, todos tenemos varios, lo que implica un segundo (o un primer, según el caso) nivel de existencia: estamos aquí pero nos fugamos con frecuencia para allá, o estamos siempre allá y a veces, eventualmente, nos asomamos en esta extraña realidad de la gente de carne y hueso y las conversaciones cara a cara. Lo importante es saber ubicar -y ubicarse- en cuál de las siguientes categorías encaja cada miembro de sus grupos de WhatsApp.

1)   El agregacionista. Toda la tragedia se precipita cuando recibimos la notificación, miramos la pantalla y vemos: Fulano te ha agregado al grupo “Amigos desconocidos”. Mañana la ciencia deberá explicar esa nueva compulsión que tienen algunos de crear y crear grupos de WhatsApp. Un grupo para cada motivo, cada evento, cada ocasión. Y de pronto uno se da cuenta de que es miembro de varios grupos donde siempre está la misma gente. Pero uno no se atreve a salirse ni a decir: ¿En serio, otro grupo?

2)         Alfa. Es el miembro más activo, el alma del grupo. Y no necesariamente es el agregacionista que lo creó. Es el miembro que necesita mantener al grupo vivo a punta de chistes, memes, videos, audios de todo tipo, presentaciones en power point, consejos para aliviar la tos, evitar los atracos, salvarse de la calvicie o ganarse el cielo. No sabemos de dónde saca tanto tiempo Alfa para mantener siempre encendida la llama del grupo. Es una especie de redentor, Alfa ha asumido que si el grupo no está activo entonces se puede morir: el grupo y sus miembros. Menos mal que existe, estamos salvados.

3)  El que no entendió. En todo grupo de WhatsApp, así sea conformado por dos miembros, siempre hay uno que no entiende los chistes. Y entonces hay que explicárselos. Qué cosa difícil, estéril y sin gracia la de tener que explicar los chistes, pero alguien tendrá que hacerlo. Entonces está el que no entiende y su complemento: el que se lo explica. Cuídese mucho de convertirse en ese que nunca entendió el chiste, pero sobre todo cuídese de no ser el que los explica.

4)   El chavista. Independientemente de su postura ideológica o tolda política, habrá siempre entre nosotros un chavista de espíritu. El chavista de WhatsApp buscará la manera de que todas las conversaciones y todo lo que se comparta en el grupo tengan que ver con él y con las cosas a él le gustan que se hablen en ese grupo. Vetará y mandará a callar a quienes se salgan de la línea, dictará cátedra sobre lo que debe ser y lo que no, decidirá de qué temas se hablan y cuáles ya se cerraron, se disgustará enormemente si alguien no sigue sus reglas. Pero ojo, lo hace todo por su infinito amor por la libertad y la democracia. El chavista es un tirano que te censura y te segrega, pero lo hace por tu bien.

5)         El ofendido. Las cosas estaban más o menos bien y el desmadre se llevaba más o menos en paz hasta que alguien soltó algo que no debía por el chat. Hasta que alguien hizo algún chiste o comentario que ofendió mortalmente a otro miembro del grupo (cosa tan sencilla en los tiempos que corren). Ocurrirá entonces un momento tenso en el que los demás miembros del grupo se harán los locos, se desaparecerán como por combustión espontánea, o intentarán mediar entre los peleones para que hagan las paces, para que se acuerden de que somos amigos y que estamos del mismo bando, para que se den la mano y se den un abrazo de reconciliación pero por WhatsApp.

6)    El fantasma. Nadie sabe si mengano realmente sigue siendo miembro del grupo. No aparece, nunca habla, nunca comparte nada, sabemos que lee las conversaciones pero jamás participa. Es como un espectro confundido con el papel tapiz de la pared del fondo. Está ahí, supuestamente sigue ahí, pero ausente. Y de pronto un buen día aparece la notificación “Mengano ha abandonado el grupo”, y uno se queda pensando en qué raro es eso de irse cuando nunca estuviste.

7)  Cada cosa en su lugar. Un día sin darte cuenta amaneces lleno de grupos de WhatsApp. Muchos más grupos de los que quisieras. Muchos más de los que puedes controlar. Y a veces cierras el grupo de los amigotes donde sueltas y recibes puras barbaridades y abres inmediatamente la conversación con el grupo del trabajo, o el  familiar donde están tu mamá y tu abuelita. Ya lo verás: las conversaciones se cruzan, se abren solas las ventanas del grupo equivocado, jurarás estar diciendo algo por un lado y resulta que lo estás publicando por otro, y pronto te darás cuenta de que le mandaste aquel video insólito de sexo con frutas a tu dulce progenitora.

8)  El desubicado. Hay gente que nunca sabe en qué grupo está parado. O que simplemente no entiende de qué se trata un grupo de WhatsApp. Son los que mandan audios de 14 minutos, los que comparten videos interminables sobre los atributos de la lactancia materna después de los 11 años, los que copian y pegan cadenas apocalípticas de: si no compartes esto con todos tus contactos en las próximas 24 horas WhatsApp dejará de ser gratuito mañana. El desubicado manda lo que sea, por mandar. Es como un ruido, como un eructo. Como quien pide la palabra para hablar de un tema pero de la clase de al lado. Es la misma raza del “yo no tengo una pregunta sino más bien un comentario…”. El desubicado es ese que te hace abrir otros grupos paralelos para preguntar: ¿Alguien entendió esa vaina que mandó este carajo? No, vale, yo a ese bolsa lo borro siempre sin leer.

9)    Borrado. Mire, vamos a ser francos, la estupidez ocupa mucho espacio. Producimos millones de gygas diarios de estupidez. Así que borre. Tómese un minuto (a veces 15, dependiendo de cuán activos sean sus grupos) en borrar esa cantidad obscena de chistes, memes, videos, fotos, cadenas y largas disertaciones sobre la nada. Borre o su teléfono inteligente quedará bobo de tanta necedad acumulada gracias a sus grupos de WhatsApp.

10)   La salida. “Este el mejor grupo de WhatsApp del mundo y aquí compartimos puras cosas interesantísimas” dijo nadie nunca. Sí, a veces hay grupos en los que uno se ríe, otros que fastidian poco (y porque uno los tiene silenciados), otros que son un mal necesario y no molestan (tanto). Pero sea sincero, usted quiere salir corriendo de varios de ellos. Y no lo hace por pena, porque se van a ofender los otros. Así que prepare su salida. Hágalo bien. Saberse despedir (o difuminar) es un arte. Antes de abandonar el grupo comience a aparecer por ahí cada vez menos. Conviértase en el fantasma y de pronto se aparece un día por el chat para decir “este celular está malísimo, vale, voy a tener que mandarlo a arreglar”, para luego volverse a desaparecer. Y cuando ya esté listo para dar la estocada final les dice que por seguridad se sale del grupo porque va a llevar al aparato a reparar. Que le ha estado fallando mucho y que lo tiene que resetear de cero, que cuando esté en condiciones otra vez entonces regresa. Listo.  Es el momento. No mire atrás. Huya.

3 comentarios:

María Antonieta Arnal Parada dijo...

Muy bueno

Anónimo dijo...

Que análisis tan completo y verdadero de esos grupos. Pertenezco al familiar y tengo otro donde entran desconocidos y de golpe comienzan disgustos por los comentarios politicos. Otros te despiertan a las 5 a.m. con unos "buenos dias" , sin necesidad de despertador.Ja,ja,ja. C.Casano.

Ainara Mantellini dijo...

Lo mejor va a ser cuando empiecen a compartir tu artículo en los muchos grupos de whatsapp que le llegan a uno. Volverá a ti, como un boomerang.