viernes, 10 de octubre de 2008

La división de Ian Curtis



El director de videoclips Anton Corbijn -gran responsable de la estética que acompañó a bandas como Depeche Mode, Joy Division y los tempranos U2- se ha tomado el detallazo de regalar una película tan demoledora como necesaria para la humanidad: Control, la vida de Ian Curtis (2007), inspirada en el libro de Deborah Curtis, viuda del mítico cantante de los Joy Division y madre de su única hija.

Uno debería aprender, aunque tarde en aprenderlo la vida entera, que una cosa es el artista y otra es la persona de carne y hueso que porta y padece la genialidad. A veces adoramos la obra artística de alguien y luego al conocerle en persona lo encontramos decepcionante o impresentable. Anton Corbijn, como si fuera un dedicado astrónomo, se encarga de enfocarnos bien en su telescopio a la estrella escondida para luego descubrirnos también las nebulosas y los agujeros negros que la circundan y que inevitablemente acabarán por tragársela.

Ian Curtis era un joven introvertido de la clase media de Manchester, adicto a la música de David Bowie, Lou Reed e Iggy Pop, hincha del Manchester City (no del Manchester United, no del temible equipo ganador y rico de los diablos rojos sino del otro equipo de la ciudad, el humilde que viste de celeste y al que ya casi ningún niño inglés le quiere ir porque es como si un niño madrileño prefiriera al Rayo Vallecano por encima del Real Madrid). No era más que un típico joven de la clase trabajadora con dotes de poeta que un día decide hacerse el cantante de una banda sin mucho futuro a cuyos miembros conoce en un concierto de los Sex Pistols. Los Joy Division tomaron el nombre de una espantosa idea surgida del cerebro de los capos de la élite Nazi: crear un ejército de niños soldados alemanes para que se encargaran de lidiar con los niños judíos, lo mismo que hacían los adultos pero a escala, a esa brigada la bautizaron con el patético nombre de “La división alegría”.

Ian, a los 19, se casa con su noviecita Deborah de 18, y durante los primeros meses de matrimonio se va haciendo un nombre en la escena musical subterránea de finales de los 70. Y para 1979 eran ya papás de una nena a la que llamaron Nathalie. Hasta allí todo bien, el auge de una estrella que se lanza a vivir sus sueños y poco a poco los va alcanzando; pero ahora vamos con la otra mitad.

Dos cosas caracterizaron a Ian Curtis y lograron convertir a “La división alegría” (la de Manchester, claro, no la nazi) en un fenómeno de culto instantáneo: esas letras angustiosísimas cantadas por la voz robótica y nasal del vocalista y su baile epiléptico que a todos les parecía tan gracioso y tan apetecible de imitar. Lo que no se sabía era que el curioso baile epiléptico de Curtis no era una excentricidad, no era un asunto de mero estilo, sino que Ian Curtis realmente era epiléptico y cierto día cuando es testigo accidental de las convulsiones de otra mujer epiléptica se reconoce. Allí se da de bruces con el vértigo de verse reflejado en otro por dentro y por fuera, ese instante cambió al hombre y cambió al artista.



Se dice que Ian Curtis fue recetado para la epilepsia con al menos 5 fármacos distintos, en simultáneo, y cada uno de ellos tenía al menos 6 efectos colaterales de cuidado: alucinaciones, depresión, mareos, duplicación de los objetos en la visión, jaquecas, náuseas, somnolencia, dolencias gástricas, entre otros. Ah, y cuidado con el alcohol que en combinación con cualquiera de estas drogas lícitas resulta fatal. Muy importante, sobre todo cuando se es músico de una banda que está despegando como un cohete y cuando tu vida de hombre hogareño, amable esposo y padre ejemplar de una bebita de meses está cayéndose a trompada limpia con el rockstar oscuro y siniestro que ameritaba tener al frente Joy Division. Lo del Doctor Jeckyll y Mr Hide es mucho más que una metáfora, habitan por allí, existen, en todos, en uno. Pero en algunos más que en otros.

Ian se lanzó lleno de remordimiento y de dolor a vivir lo que le tocaba, una doble vida, una existencia escindida en dos mitades irreconciliables. Se enamoró a los 20 años de Annik, una periodista belga con la que se veía en las giras y que era la chica perfecta para acompañarse y para lucirse en esos escenarios, pero cuando regresaba con su maleta a cuestas a su casita en los suburbios de Manchester se moría de culpa al ver a su esposa y a su niña que lo recibían llenos de compota y papilla con los brazos abiertos. Allí se desmoronaba el hombre, se metía sus 6 pastillas temiendo un ataque de epilepsia y las pasaba con varias pintas de cerveza o con un litro de escocés.

Asegura la mujer de Ian Curtis en su libro que aquel nefasto día él había ido a casa para jurarle que dejaba la banda, que se retiraba, que había terminado su vida paralela con Annik, que quería ser un buen padre y que por favor lo aceptara como esposo de nuevo en su hogar. Pero para la mujer dolida la petición estaba fuera de lugar, ya es tarde, no te puedo perdonar, mejor recoges tus cosas y te vas. Esa noche Ian escribió su carta de despedida.

El 18 de mayo de 1980 se ahorcó en su cocina Ian Curtis, tenía 23 años.

Algunos aseguran que fue la depresión, que fueron los fármacos combinados con el whisky, que seguro fue el miedo a la enfermedad. No sé, pareciera que lo que de verdad lo mató fue algo aún más cruel que todo aquello, fue la culpa. En fin, algo mágico tenía que tener ese muchachito rimbaudiano para que lo estemos recordando y escuchando tanto 28 años después.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué fuerte... Y pensar que la culpa nos la inventamos.

Anónimo dijo...

Que historia tan triste la que nos relatas de este joven, bello y talentoso con aquel final ;debido a la enfermedad, drogas y tal vez la incomprension justificada de su mujer al no aceptar su deseo de conversión. Tu relato , tan bien escrito, me conmovió enormemente.¡Que descanse en paz Ian Curtis! C.Casano.

Dakmarcita Hernández de Allueva dijo...

Una de mis películas favoritas, sin duda. Triste, contundente, bien hecha, con una impecable banda sonora. Uno termina agradeciéndole a Corbjin que conozca la estética, el discurso, que sea la mano peluda detrás de las imágenes de Depeche mode y otros tantos.
Creo, por otra parte, que uno jamás debería conocer a la gente que admira. No vaya a pasar que se quede el dorado en las manos, como advertía Flaubert.

Anónimo dijo...

De primeras me encantó tu post por la banda, por el niño y por lo bien que escribes pero yo no creo que se sucidara por la culpa. Su enfermedad mezclada con todo eso que se metía pal cuerpo debió hacerle ver negro de pronto.

Anónimo dijo...

Lee camino de los Ángeles de John Fante.

Alexis dijo...

Tu escrito, excelente como de costumbre, solo quería comentar que tenía entendido que el origen del nombre es como lo describe Wikipedia ... "hace referencia al grupo de mujeres judías usadas como esclavas sexuales en los campos de concentración nazis, representadas en la novela de 1955 de Ka-Tzetnik 135633"

Jose Urriola dijo...

Alexis,
Gracias por la acotación, te seré absolutamente honesto: seguramente la versión que ofreces y que coincide con la publicada en Wikipedia sobre el origen del nombre Joy Division es la correcta.
Valga la aclaratoria de que mi versión sobre la División Alegría proviene de esa especie de mitología juvenil que nos formamos cuando vamos conociendo, y nos dan a conocer, a los grupos que nos marcan la vida.
Yo recuerdo que la primera vez que conocí a los Joy Division fue por medio de un amigo (lo puedo recordar claramente con su corte de pelo totuma mientras me pasaba un cassette TDK cuya carátula había diseñado él mismo), teníamos unos 13 años en ese instante. En dicha carátula aparecía un niño vestido con uniforme nazi y armado con una subametralladora que apuntaba a un niño prisionero judío vestido con el clásico uniforme a rayas. Él fue quien me contó que Joy Division se llamaba así porque era una idea de los nazis de hacer un escuadrón de niños para reproducir a escala infantil el mismo horror que los adultos estaban llevando a cabo. Nunca me lo cuestioné y nunca indagué sobre la veracidad de ese relato. Lo encontré pertinente y espeluznante -aunque no menos que la versión real que ahora tú me cuentas-.
Así que confío en que tú y mis lectores me perdonen el desliz y se dejen envolver por esa mitología juvenil que es más el testimonio de un fanático musical que la tarea exahustiva de un periodista sobre tendencias.
Mis respetos,
JU

richard dijo...

Hablando de música José, ya salió lo nuevo de Benoit Pioulard. El disco se llama temper. Es tan bueno (o mejor) que Prècis. Te anexo el link del video de uno de los sencillos.

Benoit Pioulard - Ragged Tint

Txotxi dijo...

Tan solo queria apuntarte un dato que creo tienes erroneo. Efectivamente la "Joy Division" era una division nazi, pero a lo que se dedicaba era a violar mujeres y niñas judias, terrible. Aun asi, los mismos integrantes de Joy Division, negaron en mas de 1 ocasión que el nombre del grupo tuviera algo que ver con tan atroz historia. Un saludo compañero!

Anónimo dijo...

Yo creo que nacer en un lugar como Macclesfield en esa epoca , drogarse con lo poco que tenian, verse las caras en la esquina solo para eso, no hacer una mierda de tu vida, ver que el pais se esta llendo a la mierda, no tener una contencion familiar por que ninguno la tuvo creo que Ian Bernard y Peter son hijos de padres separados o no se bien como es la historia lo que si se que sus verdaderos padres eran veteranos de guerra de la segunda guerra mundial, Stephen colecciona tanques , Ian era enfermo de las historias de guerra, por eso leyó House of dolls, ( casa de muñecas) Joy division proviene del centro Nazi y el mismo lo dijo mil y una vez, No love lost, They walked in Line son canciones post guerra. su enfermedad , el desempleo, y el futuro incierto hicieron un combo, Ian expresó ese dolor en sus escrituras/canciones y luego en su cocina colgandosé...a Ian lo mató su ciudad, su país y su primera ministra. eso es Joy division, canciones para ingleses sin contención.