martes, 6 de julio de 2010

Fantasmas digitales


A lo largo de los últimos años cada uno de nosotros ha ido edificando su propio cementerio particular y a escala. Hemos armado, aunque la mayoría no sea consciente de ello, bóvedas para alojar espectros digitales. El más común y evidente de los nuevos camposantos es el Messenger.

Uno abre ese espacio y de inmediato se alinean en una columna los fantasmas de tantos años. Algunos están en verde y esos son los que usted puede invocar. A los otros, los de rojo o gris, si acaso se les puede mandar un correo de ultratumba, un mensaje en una botella más transparente y vulnerable que nunca, a ver si acaso corre con la suerte de llegar a la otra orilla. Y a ver si el náufrago del otro lado se quiere acordar de los tiempos en que usted y él habitaron la misma isla.

A veces uno se le queda mirando a esa columna de iconitos, nombres y estatus y piensa cosas como: “quién será éste tipo” o “yo solía llevarme bien con esta fantasma en otra vida”. La mayoría de las veces siempre surge algo más importante que ponerse a invocar a esos espíritus. O acaso la timidez o el orgullo no nos dan licencia. Seguimos de largo, ya será en otra oportunidad, es que estamos demasiado apurados; estar de paso es nuestro estatus permanente.

Sin embargo, los nuevos cementerios y sus fantasmas virtuales tienen un impacto en este lado de la existencia aún mayor del que sospechamos. A veces la vida, inclusive, es sólo la que vivien los fantasmas.

Hay gente que se transforma en su fantasma digital. Que tiene una personalidad virtual distinta a la que le conocemos en la vida real (aunque eso de “real” debería ponerse bajo sospecha). Es como si hubieran creado un avatar y en el transvase la identidad mutó o se difuminó. Ese muñequito verde es otro que nos recuerda vagamente a alguien que conocimos alguna vez.

Ser congruente con el propio avatar es mucho más difícil y escaso de lo que uno creería. La congruencia y la humildad son de las flores más extrañas que hay, son especies en riesgo severo de extinción; y sin embargo, de vez en cuando florecen.

Conocemos gente que está permanentemente ausente o que dice regresar pronto pero te miente. No estarán nunca, al menos no para ti.

En la vida que llamamos real es cada vez más común ver a gente que realmente no está. Puedes hablar con ellos, tocarlos, mirarlos, escucharlos; pero lo que más se les nota es la ausencia. Están físicamente allí, pero el alma la dejaron en otra parte.

Existe algo (parecido a lo anterior pero distinto) que es un nuevo estatus copiado de la virtualidad pero puesto a funcionar con maestría en la realidad; se me antoja denominarlo el “appear online”. Es dificilísimo y hay que ser un actorazo y un caradura de primera para aparentar estar cuando no se está. Los aparentemente-en-línea te siguen la conversación, se ríen de los chistes, dicen citas citables y tienen un arsenal de frases hechas a mano. Y la gente jura que habló con ellos, qué bien que vi a fulano, sí, pero si está igualito, el mismo de siempre, qué placer reencontrarlo. Pero resulta que fulano no estaba allí, no se acuerda ni le interesa.

Hay fulanos que se quedaron a vivir para siempre en el appear online. Se les pegó tanto la máscara a la cara que si se la quitan se quedan sin rostro.

También hay fantasmas que irrumpen sin que uno los haya invocado ni notado. Han surgido nuevos gestos, nuevos detalles, nuevas deferencias, es la gente que aparentemente no está pero de pronto te enteras de que sí. Están en rojo o en gris pero te saludan, te hablan, te cuentan para que les cuentes. Cuando alguien que aparece desconectado se te aparece te está diciendo: no estoy para el mundo, para ti sí.

Ahora te toca a ti, lector, quitarte el traje de sepulturero para asumirte espectro. ¿Qué tipo de fantasma serás tú?

15 comentarios:

Anónimo dijo...

"...es que estamos demasiado apurados; estar de paso es nuestro estatus permanente"

Me encanta.

Abrazos

A-nah! dijo...

Nosotros hablamos de esto... lo recuerdo... por lo menos esa vez no estaba en modo "appear online" :)

Maria D. Torres dijo...

Que maravilla, José. Que cierto, que duro, que triste. Yo soy un fantasma que a veces salgo en noches de luna llena. Un beso

El Drac dijo...

Hola; pues yo soy de los que para siempre desconectado y que converso alguna vez con alguien para no hacerlo nunca más, salvo raras excepciones. Y en la vida real sólo vivo para el amor: de mis hijos, de mi novia, de mi mascota, porque no frecuento amigos, ni familiares. Estimo que hay lo que tú dices: demasiada hipocresía, desde el transeúnte que ni conozco hasta las grandes transnacionales y superpotencias; y habemos algunos que francamente ya estamos hartos. Tal vez por eso ya estoy muerto en vida, para esta vida por lo menos y por ello para ver si algo cambia, escribo; aunque paulatinamente me voy dando cuenta que difícilmente la sociedad querrá cambiar su modernismo lleno de libertinaje y codicia, sólo hasta que se destruya así misma desde sus cimientos (la familia, el hogar, los hijos), sólo entonces empezará a rescatar valores, pero para ese entonces tal vez ya no estaremos para ayudar. Un abrazo.

german dijo...

uy... este lo deja a uno meditabundo Urriola, va avanzando esto de la 2.0 y empiezan a aparecer los status personalizados y eso nos lleva a status premeditados, estatus emocionales, estatus improvisados, estatus adaptables, estatus de paso, status del status y de repente se abrió el piso y quedé flotando en el espacio con todos los status alrededor

Anónimo dijo...

Tu reflexión me puso a pensar en aquellos fantasmas virtuales, que confiesan a los cuatro vientos a conocidos y a extraños sus miserias, como si fueran grandes éxitos y ejemplos a imitar.

John Manuel dijo...

Tu post me cayó como una de esas botelas de licor que uno encuentra luego de haber olvidado que la tenía guardada.

adriana dijo...

bueno, yo en msn ya no espanto porque hace más de un año que no me meto. en la vida real (o en la que yo creo que es real) a veces espanto y casi siempre te quiero y me encanta leerte. no está tan mal para un espíritu virtual no?

the goddamn devil dijo...

de verdad sublime... totalmente de acuerdo con esto... casi que me identifico con mucho de lo que escribes, debe ser por ello que casi no chateo, me gusta mas una conversacion cara a cara, asi creo saber cuando em estan parando bolas a lo que digo...
saludos

Anónimo dijo...

Provoca decir que no me gustó el post sólo para ser la nota discordante. Pero siempre me ha costado mentir.

Anónimo dijo...

Y pegaste un gol VBK ......con tu escrito, ja,ja

María Antonieta Arnal dijo...

Buenísimo el post. Tengo tiempo pensando en eso de los fantasmas. La verdad, por eso abro el messenger para ver si tengo mensajes, pero lo cierro rápido porque me incómodan los fantasmas y seres anónimos, que existen, pero no existen.

linterna roja dijo...

Yo olvidé la contraseña hace casi dos años y no había vuelto a entrar hasta anoche (que la recordé al leerte: magia). Dejó de interesarme chatear. Me di cuenta de que la gente utiliza el chat o el correo para atreverse a decir cosas que nunca diría en carne y hueso...
y eso es muy peligroso.

Una delicia tu texto, como siempre.
Feliz finde.

Beto dijo...

Cómo me reí al principio con este post! cuánta verdad junta XD...Yo soy de los que un día de estos acabará derribando mi cementerio y dejaré a cientos de almas cibernéticas pululando a su libre albedrío, porque ya me canso de la hipocresía escondida de pretender tener tantos amigos y hablar apenas con dos...y que no sean los de toda la vida...

PD: No sé como será el resto del blog pero este escrito me tendrá pensando todo el día XD, a ver si descubro qué clase de fantasma soy.

Te felicito.

claudia dijo...

un texto genial. enhorabuena.