martes, 9 de noviembre de 2010

Bono, el impostor


A mi Claire le habían comentado que los alebrijes del Paseo de la Reforma iban a estar buenos el día de los muertos. Entonces tomamos un taxi y nos dejó en la esquina, cerca del ángel, y desde ese punto podíamos ver la cuadra entera llena de alebrijes de lado y lado. Los alebrijes, nos explicó Vanessa, son unas criaturas fantásticas hechas de papel, cartón y retazos de madera, pintadas de colores vivísimos, una mezcla de varios animales o de personas con animales, son como quimeras pero a la mexicana.

Empezamos a caminar por la acera de la derecha y había algunos alebrijes delirantes de hasta cuatro metros de envergadura, hechos con un cariño y una paciencia que tampoco parecen de este mundo. Los había de demonios con caballo, con pájaro y con oruga, o de jaguares con mariposa; de águilas mezcladas con pingüino y delfín. Los había que daban ganas de abrazarlos o llevárselos a la familia (mira esta cosita de 3 metros que te traje para que la pongas en la sala), había los que daban miedo, los que daban risa con susto. Había otros, a decir verdad, que daban pena y que los pudimos haber hecho perfectamente mi compadre Alfredo Meza y yo –los peores estudiantes de artes gráficas y los más nefastos directores de arte que hayan caminado alguna vez por los pasillos de la Universidad Católica-. Y, tristemente, había también un montón de alebrijes que se olvidaron de ser criaturas fantásticas para convertirse en homenajes desfigurados de Zapata, Pancho Villa, Morelos o Porfirio Díaz. Qué cosa rara, una manía similar a la que tenemos los venezolanos de convertirlo casi todo en una representación de Bolívar, de Chávez o de la nefasta corte santera de Negros Primeros, Marías Lionzas y Caciques Guaicaipuros. Digamos que la misma enfermedad pero con otros síntomas.

Cuando terminamos de recorrer la primera cuadra, después de haber visto a un centenar de alebrijes de toda calaña, teníamos la lengua afuera pero aún nos faltaba la otra mitad. Habíamos visto ya al alebrije ganador del segundo premio, al alebrije premio del público, un par de alebrijes mención especial, pero nos faltaba el ganador que seguro estaba en la otra acera y seguro era el último de la hilera caminando de aquí para allá. Claire y Aída dijeron qué va, vayan ustedes, nosotras nos quedamos en este banquito bajo la sombra. Yo me fui con Vanessa, María Fernanda y Barbarita (quien tiene otro nombre pero no le gusta y no lo puedo ni nombrar) a la caza del mejor alebrije del mundo. Y cuando íbamos por el número 279, o así, nos chocamos con una multitud aglomerada alrededor de uno y nosotros dijimos por fin, éste es, debe ser una maravilla; pero entonces nos dimos cuenta de que algo raro pasaba, que la gente no se amontonaba por el alebrije, que lo que les llamaba la atención era algo más terrenal y que estaba más a la altura del suelo. Y Vanessa entonces gritó: ¡Coño, mira a Bono!




Bono, marico, era Bono. Gordo, viejo, vuelto leña, con la cara marcada por el acné, pero con los anteojos de cristales de colores de Bono, vestido de negro Bono, con los mismos zarcillos y el mismo pelo de alguien que alguna vez coqueteó con ser punk y lo intenta llevar con cierta dignidad a pesar de que el tiempo lo cura y lo arruina todo. Bono en persona. Bono tomándole fotos a los alebrijes, Bono tomándose fotos con la gente, Bono con un par de gorilas que lo ayudaban a respirar por encima de la masa enfebrecida. Y uno en ese momento –hay que asumirlo con hidalguía- se convierte en eso que Ortega y Gasset llamaba “el hombre masa”. Repentinamente el conteo de neuronas se te va al piso y lo único que quieres es tener una cámara en la mano y un teléfono para decirle a todos los pendejos que no están: Panita, estoy con Bono. Tu vida entera se reduce a la necesidad –y a la necedad- de que quede constancia de que te acabas de encontrar en mitad de la calle y estás al alcance de un brazo estirado de uno de los 5 carajos más famosos del planeta. Más que Pelé, más que la Cocacola. Bono, el único, el original, el de U2.

Le tomamos varias fotos a Bono, le mandamos mensajes a un gentío (nadie nos creyó, claro, porque las cosas buenas y sorprendentes nunca le pasan a uno, sólo a los demás). Bono nos tomó fotos, se tomó fotos con la turba de mujeres y hombres masa y hubo hasta gente que le decía: Thank you, big fan, you are amazing, I love you y tal.

Al día siguiente, temprano en la oficina, le contamos a todo el mundo –apenas nos preguntaban qué tal ayer, cómo pasaron el día de los muertos-: Marico, vimos a Bono, estuvimos con Bono, somos panas de Bono, ustedes no se imaginan que Bono, ahora mismo, anda como cualquier güevón de a pie por las calles de esta ciudad. A lo que nos respondieron: ¡Ja! Ese no es Bono, es un impostor que se hace pasar por Bono, todo el mundo lo ha visto y todo el mundo lo sabe.

Hagamos una pausa para que puedan ahora ustedes burlarse y reírse.



Muy bien, seguimos…

Hay una película de Harmony Korine protagonizada por el mexicano Diego Luna que se llama Mister Lonely. La cosa va de un tipo que es doble de Michael Jackson; se viste como Jackson, se maquilla y se peina como Jackson, se para en las calles a bailar como Jackson y se gana la vida haciendo el papel de Michael Jackson. Llega un punto en que Michael conoce a Marilyn Monroe (la doble, claro) y se enamora de ella (Michael Jackson no pega una con las mujeres, ni siquiera como doble, cómo coño se le ocurre enamorarse de Marilyn). Bueno, el punto es que Michael se va detrás de Marilyn y ésta lo lleva hasta una isla escondida donde sólo viven los dobles de los famosos, una república independiente donde ya no son tienen que ser más la copia de algún otro sino que por fin pueden vivir como originales y únicos. Ah, el presidente de la isla es Chaplin quién, además de celópata, es esposo de Marilyn. Una belleza, la que le espera a Michael Jackson.

Bueno, a lo que vinimos: todo este vueltón de alebrijes, de días de muertos, de triángulos amorosos entre Michael Jackson, Marilyn Monroe y Chaplin, de Bonos impostores y de fanáticos defraudados, es para avisarles que tenemos un plan benéfico: estamos haciendo una colecta para secuestrar a este grandísimo cabrón que se anda burlando de todos en su propia cara haciéndose pasar por el cantante de U2. Le vamos a quitar los lentes anaranjados, le vamos a pintar el pelo de su tono original, le vamos a quitar las argollas de oro (seguro que son falsas también), le vamos a poner una pinta que ponga en evidencia su papada, su barriga, su verdadero rostro, y –justo después de que cada uno de los que han sido engañados por él le haya propinado un coquito, un lepe o un chicote- lo vamos a subir a una barca con destino a la isla de los dobles, esa misma que gobierna Chaplin con mano de hierro.

Pobrecito Bono, el impostor, no se imagina lo duros que son en esa isla con los farsantes.

9 comentarios:

Manuela Zárate dijo...

Jajaja, bueno como siempre magistral, no es nada más el cuento sino cómo está contado.
La verdad es que yo, no soy tan fan o conocedora de U2 como ustedes, pero yo hubiese hecho el papelón completo, si es que eso te sirve de algún consuelo, el tipo se parece mucho, coño de su madre!
Jajaja, por alguna razón me recordó a la novela La Usurpadora, una versión menos televisa y más, no sé, Almodovar.
Ahora qué clase de ser se dedica a caminar por ahí recibiendo los I´m your fan y los I love Us de otro? Bicho...

rocio dijo...

Chico, qué alegría que enseguida noté que no era él. Es que me conozco su cara de memoria y su frente y quijada son distintas a las del tipo en las fotos. El cielo entiende que mi obsesión no llega a un límite, cuando a Bono se refiere.

Te quiero, Joseeee.

Jose Urriola dijo...

Manuela: como decía mi padre "este tipo debería donarle el cerebro a la ciencia". Sigo sin entender por qué decide un domingo cualquiera: hoy por la tarde seré Bono, y el lunes por la mañana amanezco como el miserable que realmente soy.
Gracias por leer y comentar, gran abrazo.

Rocío: Lo del mentón es clave. Bono no tiene la quijada así, ni de vaina. Y no está tampoco tan jodido físicamente. Besos y abrazos, saludos. Gracias también por leer y comentar.

marcel dijo...

ay, la ficción en el rostro de un pobre infeliz. habría que ponerlos un día frente a frente y ver qué ocurre en el espacio que separa los lentes prada de cada uno.

Adelaida dijo...

Hola querido José, muy bueno tu post narrando nuestro desventurado encuentro con el falso Bono. Como yo soy ingenua pero no quedo con nada por dentro, he investigado al individuo. Su nombre es Pavel Sfera y está reconocido como el mejor doble de Bono hoy por hoy. Así que nos queda el magro consuelo de haber sido engañados por el mejor. Besos...

Elena Sánchez Vilela dijo...

jeje lo del hombre masa de Ortega y Gasset te quedó perfecto, y bueno, así como tú y tu amiga, todos los demás también fueron engañados. Este tipo tenía todo menos la quijada, esa no es la quijada de Bono, como dicen por acá.

Por cierto, primera vez que leo tu blog (lo encontré en una reseña del blog de juan manuel -que encontré hoy, también-)

Me está gustando tu estilo, al menos en lo estético y ortográfico ya tienes un plus -y con lo del "hombre masa" te ganaste mi respeto-. Así que qué fino encontrar gente que escriba y sepa cómo.

Saludos

Anónimo dijo...

y que no... ése señor es un prócer... presta un servicio público a la gente, deberían hasta pagarle con dinero de la municipalidad... el tiempo que duró la ilusión, fueron felices... y para ustedes, la experiencia fue igual (y me atrevo a decir, mejor) que si hubieran conocido al verdadero, que bien podría ser un caballero gentil o un patán que los mandara a hacer puñetas: el farsante se faja y es encantador porque así refuerza la fantasía que quieren vivir los engañados... por un instante, se creyeron importantes para alguien "importante"... si hubiera sido el verdadero, el asunto no sería menos patético: "estuvimos con alguien famoso, y fue muy de pinga con nosotros. Mírennos, un famoso fue de pinga con nosotros... y no con ustedes"... creo que la miseria está esta vez del otro lado del espejo, José

Jose Urriola dijo...

Aída: Al final creo que fue mejor aún que fuera el falso Bono, de no ser así el cuento no sería tan memorable. La verdad es que nos hemos reído y gozado esta anécdota.

Elena: Gracias por leer y comentar, bienvenida.

Anónimo: Me perdí absolutamente con el final de tu comentario, pensaba que te estaba entendiendo y hasta te daba la razón de buena gana pero llegó un punto en el que honestamente no tengo la menor idea qué es lo que quieres decir con "por un instante, se creyeron importantes para alguien "importante"... si hubiera sido el verdadero, el asunto no sería menos patético: "estuvimos con alguien famoso, y fue muy de pinga con nosotros. Mírennos, un famoso fue de pinga con nosotros... y no con ustedes"... creo que la miseria está esta vez del otro lado del espejo, José".
¿La miseria al otro lado del espejo, te refieres a mí? ¿Me estás llamando miserable y patético porque no le conseguiste el chiste al post?

Aida Castillo dijo...

SERA Y DIRAN LO QUE SEA, PERO CASUALMENTE POR ESA MISMA SEMANA BONO ESTUVO EN MEXICO DF. PARA ABRIR UNA NUEVA FECHA PARA LOS CONCIERTOS QUE DARIAN EN LA MISMA CIUDAD, EN FIN CASUALIDAD COINCIDENCIA CON LOS AFORTUNADOS O DESAFORTUNADOS DE HABER TOMADO FOTO CON EL REAL, FALSO SOLO EL LO PODRIA RESOLVER. MIENTRAS SI FUE ASI PUEDEN MORIR DE MEGA ENVIDIA MUAJAJA Y RECUERDEN BONO SE CARACTERIZA Y SE CONOCE POR SU SENCILLEZ ;p