lunes, 28 de marzo de 2011

Por un Marte más marxiano


Imagen cortesía de Luis Castellanos


El siguiente post debe ser leído con el mismo tono del enano engolado que declama con verbo militar florido (militar florido debe ser un oxímoron, pero a veces también es una redundancia) los desfiles del 5 de julio.

He de aclarar que yo nunca he visto a ese señor (a lo mejor no existe, es más bien un cerebro con lentes y con boca de bagre conectada a un megáfono que habita dentro de una pecera) pero algo me hace estar seguro de que mide 1.40; así como también tengo la certeza de que es una de las personas a las que más le he mentado la madre en mi vida, sobre todo cada cuatro años cuando en plenas semifinales del mundial se nos mete en casa, en cadena nacional, para declamar cosas como: “florece ahora sobre el pavimento inmaculado del Paseo de Los Próceres, así como en la señal de transmisión oficial que ocservamos en nuestros monitores, pero sobre todo en nuestras almas pletóricas de sincero sentir patriota, el nonagésimo vigésimo octavosexuagésimo batallón de paracaidistas de las ominnipotentes fuerzas armadas de Venezuela, hijos insignes de la defensa y las artes de la guerra de la patria quienes, con su elegante paso de ganso, nos hacen tener presentes sus dotes de hombres alados que surcan a su descenso los celestísimos cielos celestes de la patria amada estableciendo una conexión divina, cual hilo de plata tejido por los arcángeles, cuya intención suprahumanitaria es la de unir los aires de libertad revolucionaria que respiramos en la bóveda celeste celestial y el sacrosanto suelo del territorio bolivariano”.

He de aclarar también –es mi placer culposo, lo confieso- que a mí me hubiera encantado ser el guionista de los parlamentos de ese caballero. Hubiera sido el más delirante y divertido de todos los trabajos de mi vida.

Bueno, al grano, el texto que el hombrecillo engolado (el homúnculo del vozarrón) leería sería más o menos así:

Suidadanos y consiudadanos de la República Bolivariana de Venezuela (en Bolivariana se sube la voz 10 decibeles más alto), por medio de la subsiguiente y/o consiguiente misiva epistolar nos complacemos en departir con ustedes un decálogo contentivo de una docena de decretos magnánimos, interplanetarios y por demás esplendecientes, los cuyos cuales habrán de servir de direptrices para las nuevas relaciones entre el pueblo marxiano y los bienaventurados aborígenes nacidos bajo el ondulante tricolor patrio de las ocho estrellas (por ahora, porque pronto Marte será la novena):

Primero: Se rebautizará al planeta rojo como Marxe (que se escribe Marxe pero se pronuncia “Martse” o “Marpce” o “Marce” o como cada quien pueda, si acaso puede).

Segundo: Marxe (hermoso nombre bautismal pero de esquiva pronunciación) seguirá siendo el planeta rojo: el cuarto en órbita alrededor del astro rey (o el quinto si Chávez considera que el sol es un planeta en llamas y grandotote) o también el quinto si descartamos al sol pero el Presidente asume que la Luna (que recientemente ha sido (o sida) elevada a la categoría súper luna o, mejor dicho, marxiluna) como un planeta también. O si lo contamos de atrás hacia adelante sería el sexto planeta, empezando por Plutón, pero como Plutón ya no es un planeta entonces sería el quinto de allá para acá, eso sin contar una de las lunas de Júpiter que parece que sí es un planeta ahora entonces volvería a ser el sexto (Dios, esta cuenta no la saca ni Chávez; es más, no va a poder ni inventarla).

Tercero: Se decreta la lectura voluntaria pero de carácter obligatorio de Las Crónicas Marxianas reescritas por Ray Bradbury (con asesoría del G-2 cubano, porque mosca ahí con ese tipo que es gringo y la cabra tira pa´l monte) y editadas por El perro y la Rana. Con prólogo de Farruco Sesto (que el anterior era de un tal Jorge Luis Borgues que como su nombre lo indica era burgués y además escritor de muy dudoso arbolengo).

Cuarto: Se decreta que bellezas naturales de creación divina como el Helicoide, el cerro el Ávila, el Poliedro, Los Roques, El estadio Olímpico de la UCV , El Hotel Humboldt, el Puente sobre el Lago y el Macizo Guayanés (yo aquí siempre dudo, ¿es guayanés o guyanés? ¿O eso ni siquiera se puede decir por ser zona en reclamación? Bueno, no importa, luego lo editamos) como obras legítimamente construidas por el pueblo marxiano en muestra indiscutible de los ancestrales lazos de hermandad y mutuo respeto que siempre le han unido con el pueblo de los comedores de arepa.

Quinto: Y hablando de arepas, con el fin de seguir paliando (¿paleando, no?) la difícil situación en la que el capitalismo salvaje yanqui dejó a la economía marxiana, se decreta la construpción de una red solidaria de areperas socialistas repartidas a lo largo, ancho y hondo de la extensión del planeta rojo. Nosotros ponemos las arepas y los marxianos el relleno (haciendo gala de la amplia variedad de la flora y la fauna endógenas del planeta rojo).

Sexto: Se le garantiza el suministro de petróleo, gas y energía eléctrica -todo ello a precio de dólar preferencial- al pueblo marxiano hasta el año 3000 o hasta que el presidente decida entregar las riendas del poder a otro mandatario (es decir, hasta el 3000 y no le damos más vueltas)

Séptimo: Para paliar (aquí también nos podemos palear algo, ¿no?) las inclemencias del invierno marxiano, se garantiza la construcción de un gasoducto interplanetario Venezuela-Marte (one way, porque los marxianos no tienen atmósfera para mandarnos ningún tipo de gas de vuelta).

Octavo: Se decreta que los estados Falcón, Lara, Portuguesa, Zulia y Mérida cedan sus territorios para el programa de extensión de los Médanos de Coro, para cuyo fin serán traídas millones de toneladas (fuertes como los bolívares) de arenas del desierto marxiano. Lo mismo que Cayo Pelón, será ahora del tamaño de Australia, pero de pura arena.

Novena: El segundo día de la semana, el que va después del lunes y antes del miércoles, se llamará también Marxe (con pronunciación libre –como usted pueda decirlo- pero con S al final, que como la aspiramos por ser venezolanos pues tampoco se pronuncia así que se queda igual que el planeta).

Décimo: Amar a Chávez sobre todas las cosas y al próximo (es como un prójimo pero marxiano) como a ti mismo.

Onceavo (¿undécimo?, ¿décimo primero?… esto hay que preguntárselo a Chávez también): Todavía no lo tenemos listo porque mientras vaya viniendo vamos viendo. Éste y el que sigue (el doceavo, décimo segundo, duodécimo, qué cosa imposible, yo aquí siempre me pierdo y mejor digo: el número doce) son lo que llamamos un colchoncito. Ya lo inventaremos (es decir, lo inventará él).

Esta fue una transmisión en cadena nacional de radio, cine, televisión, Internet, telequinesis, vasitos plásticos con pabilo y fenómenos paranormales del Ministerio para el poder popular de las comunicaciones interplanetarias de la nueva República Bolimarxiana de Venezuela.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Como aquel cuento que tú mismo echas: "esto está demasiado excelente" jajajaja

La compinsh dijo...

"(o sida)" y "vasitos plásticos con pabilo". Qué genial, mi compis. Sí, definitivamente merecías esa oportunidad laboral.

Adriana dijo...

tu twiteas? si no twiteas tienes que twitear para que nos regales un poco de humor y alegria en nuestras vidas... si plis?

ok una vez hecha la petición concuerdo con el anónimo, demasiado excelente... o debería decir demaciado epselente??

un beso

Anónimo dijo...

Como te agradezco este rato de humor, lástima que además de risa, nos dejas una mueca al final, producto de la tristeza de saber que no es pura ficción, sino que sufrimos una alta dosis de veracidad ,en tu "Marte mas marciano",C.Casano.

Jose Urriola dijo...

Anónimo: Gracias por leer y comentar. Yo creo que "demasiado excelente" es una historia que amerita un post. Gracias por recordarme esa anécdota.

La Compinsh: Qué maravilla tenerte por aquí. Para mí siempre es un grato recuerdo esos momentos (varios) en los que nadie más se reía, yo te buscaba con la mirada y apenas te encontraba estallaba una carcajada brutal. Besos.

Adriana: Tengo que reconocer que soy un pésimo twitero, nefasto, un ignorante. Me abrí una cuenta hace rato, no entendí al twiter ni él a mí. Por eso me encantan los amigos que sin pedir permiso twitean mis post y así libran por mí como en el escondite. Un beso para ti.

C. Casano: Yo también lo escribí con la misma mueca que describes. Así que gracias mil por tu comentario, porque justamente eso era lo que buscaba (y uno casi nunca sabe si lo logra o no). Abrazos.

Jose

María Antonieta Arnal dijo...

Ja, ja, ja. Muy cómico.