lunes, 24 de julio de 2006

El nuevo Sísifo

El sueño de Sísifo

Los dioses del Olimpo condenaron a Sísifo, el más astuto de los mortales, al castigo más absurdo de todos: subir una pesada roca hasta la cima de una montaña para verla caer una vez lograra coronarla; Sísifo tendría que bajar la montaña, buscar de nuevo la roca y volverla a subir en una tarea cíclica que repetiría hasta el fin de sus días.

El mito de Sísifo fascinaría al existencialista Albert Camus quien fundamentó buena parte de su pensamiento filosófico sobre los hombros de este personaje. Sinónimo de inteligencia y viveza -incluso muy superiores a las de los Dioses- Sísifo se encargó de burlarse una y otra vez de los inmortales, los humilló y ridiculizó en reiteradas oportunidades e incluso, cuando decidieron darle muerte, se encargó de engañar a Hades, dios del Inframundo, para que lo dejara volver al mundo de los vivos, arreglar unos asuntitos y luego regresar. Pero no volvió. Ante su insolencia (la de un mortal que incluso burlaba a la muerte) los dioses decidieron castigarlo de manera ejemplar, lo capturaron y le encomendaron la más absurda y estéril de todas las tareas: le entregaron su roca y su montaña hasta el final de sus días.

Dice Camus que la tarea de Sísifo no es menos absurda que cualquier otra existencia. Y que la grandeza de Sísifo radica exactamente en no frustrarse cada vez que la roca se despeña por la ladera de la montaña, sino en disfrutar el recorrido hasta la cima, disfrutar de ese instante de clímax en el que la roca por fin llega al pico. Importa poco que sea para caer, importa poco que la roca no se quede arriba. Sísifo ve la roca caer y antes que sentir el peso de llevar una vida de frustración, absurda, estéril, siente que su existencia tiene sentido: habrá que bajar la montaña, reunir fuerzas de nuevo, asumir la roca y la montaña como proyectos de vida. Con su actitud Sísifo vuelve a burlarse de los dioses, les demuestra que es capaz de encontrar gozo y ánimo en donde debía haber sufrimiento y desesperanza.

Me gusta pensar en la idea del último recorrido de Sísifo, ya un poco más viejo y menos fuerte, que corona la cima con su roca y por millonésima vez la ve caer por la ladera. Respirará el aire del pico de la montaña. Verá con cariño a su roca y su montaña -que son la metáfora de su existencia- y se dispondrá a bajar. A unos cuantos metros de la cima, bajando por el camino que se sabe tan bien, o mejor, inventándose uno nuevo en cada descenso, se detendrá un rato a descansar. Sentirá que necesita tomar una breve siesta, recuperar el aliento. Se dormirá apaciblemente con una sonrisa satisfecha en los labios. Y ya no se despertará más…

…O sí, despertaría pero en otros hombres, para alimentar con su espíritu otros proyectos de vida. Despertaría en Camus, así como en muchos otros mortales. Su mito se haría inclusive más grande, tendría aún mayor sentido después de su muerte. El hombre que se enfrenta constantemente a su montaña, no para vencerla de una vez sino para transitarla por siempre.

Se me ocurre que el escalador José Antonio Delgado es nuestro Sísifo contemporáneo. Dedicó su vida a coronar montañas, a subir la roca de su existencia hasta las cimas más altas del mundo, para disfrutar el instante de la llegada, claro, pero para inmediatamente plantearse que no tiene sentido quedarse allí, que la vida sigue y que hay que volver a bajar, para subir de nuevo otra montaña, para continuar su proyecto de vida ascendiendo alturas que luego hay que bajar. Como la vida, pues, pero puesta en acción sobre la tierra.

Sísifo, de haber sido más parecido al resto de los hombres, se hubiera sentado a llorar sobre su roca, al pie de la montaña, autocompadeciéndose por su suerte. Los mitos no mueren al pie de la montaña, viven por siempre arriba, rondando la cima.

Hoy a todos los venezolanos nos duele de una manera especial pensar en el cuerpo de José Antonio Delgado que reposa en aquella montaña helada del Pakistán. Aunque imaginamos que su muerte quizá haya sido tan apacible y risueña como la del último Sísifo. E igual de mítica.

Se me antoja que hay un mito nacional en plena construcción que nos hace respirar aliviados, como Sísifos en aquellos instantes de coronación del pico. Justo nos cae desde las alturas un mito en estos momentos donde el país parecía haber suspendido su producción de héroes y se había desbordado, por el contrario, en una superproducción de malhechores mediocres y descerebrados que más que pasión disparan la frustración.

Pues sí, habremos perdido a un hombre; pero algo en el fondo me dice que ganamos un héroe. Por fin.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Bellísima comparación! Jose. Te felicito. El dolor que acompaña a su familia y a toda Venezuela, creo que con el tiempo será sustituido por el orgullo y la alegría de tener nuestro " Héroe Nacional"

Anónimo dijo...

Una manera muy bella de expresar el sentimiento que nos embarga a los venezolanos. Cada uno ha visto la muerte de Jose Antonio desde su propia óptica. Como dijo el padre Galdos "el milagro de José Antonio fue habernos unido a todos". A pesar del dolor nos quedó un héroe y una enseñanza.

SiempreBuena dijo...

hola...
te comento, no es que la tecnología se confabule contra tí, es que ese post tiene la opción de no aceptar comentarios...

Consuelo dijo...

Cuan acertado has sido FELICITACIONES... mejor imposible¡¡

CABINA AÉREA dijo...

..Que homenaje póstumo tan, tan, pero tan, ¿diferente?...

Parienta dijo...

Apenas puedo leerte...no fue fácil llegar al enlace, y tampoco leerlo. Quizas por lo cercano y lejano al mismo tiempo. No quiero pensar en Jose como un héroe porque prefiero verlo como uno de tantos venezolanos que día a día se levantan a inventarse un país que valga la pena para seguir llevando su roca a la cumbre. Cómo decimos en ASCENSO (asociación civil que fundamos) Cada quien tiene su Everest, cuál es el tuyo?, es una invitación permanente a insistir en alcanzar nuestros sueños que hagan nuestra existencia valiosa. Y, si, creo que fue un ejemplo para recordarnos a no darnos por vencidos y por eso llevo su obra a todos los espacios posibles para que inspire a todos los que permitan que su mensaje llegue. Ya se van a cumplir 5 años...gracias por permitirme leerte a pesar del tiempo. Frida Ayala