lunes, 28 de agosto de 2006

Del Teatro Negro de Praga (y del oscuro presente de estos días).

Llegamos una hora antes y la cola para entrar al teatro ya cruza todo el patio, continúa por el estacionamiento y se pierde hacia la calle. Buhoneros venden juguetes plásticos, lucecillas de colores, linternitas, chucherías de toda calaña. La gente compra de todo. Como si ver en el Teresa Carreño al Teatro Negro de Praga fuera un acto participativo, una cosa donde uno desde el público con sus propias fluorescencias improvisadas estuviera allí para competir con los checos que hacen lo suyo allá sobre el escenario. O como ver a Floricienta en el Poliedro, igualito.

Tenemos que hacer la cola desde la calle, justo al lado del individuo que grita: “¡Se lo cuido bien cuidadito, mi pana! ¡Déjemelo por aquí misme! ¡Más cuidado que adentro, el mío!”. Y va dirigiendo el tránsito como un fiscal que anda en bermudas y gorra de béisbol. La familia de atrás compra maní estilo japonés, luces que al agitarse forman la bandera de Venezuela, binoculares de plástico amarillo. Luego se hartan de las luces y llaman a gritos a otro vendedor ambulante pues les gustaría más una lucecita que tenga rosado y no tanto el tricolor criollo.

Finalmente subimos a la sala. “Se les recuerda que no está permitido ingerir alimentos ni tomar fotografías por ningún medio”. Repiten robóticamente los empleados de suéter rojo. A lo que la gente hace caso omiso. Apenas se voltean y chaz toman fotos, raz, se meten el paquete entero de maní japonés, juaz le entran al chocolate Savoy.

“Se le recuerda al distinguido público mantener apagados sus teléfonos celulares durante toda la función”. Advierte con el engolado tono de costumbre el locutor del Teresa Carreño. Y la gente coloca en silencio el timbre del teléfono, pero lo apagamos dos o tres pendejos, no más.

Bajan las luces y comienza medio teatro a gritar, aullar, a vociferar, a hacer como hombres lobos. Resulta que estamos en la casa del terror que hacían en la escuela y no lo sabíamos (al menos nosotros dos no teníamos idea). Shhhh… mandan a callar algunos, se intensifican los gritos, hay carcajadas. Allá al frente hay unos checos sobre el escenario intentando comenzar la función pero son apabullados por una obra espontánea y estentórea que irrumpe con desparpajo desde el balcón.

Finalmente la gente se calla. Se acuerda cada quien de que ha pagado para ver al Teatro Negro de Praga y no para escuchar los alaridos del mononeural de al lado. Pero entonces irrumpen lucecitas que brillan tanto o más que los muñecos fosforescentes checos sobre la tarima. Resulta que hay 40 celulares en proceso de escribir y recibir mensajitos, un mar de destellos regado por el patio. Mi vecino de butaca a la derecha recibe un mensaje. Se lo lee a la novia a viva voz con el mismo desparpajo de quien comenta una película en DVD desde el sofá de su casa. “Luis Antonio que tiene una caja de birras, que si voy a estar en la casa para que le echemos bola. Yo le dije que esta mierda se acaba como a las 10.30 y que entonces me iba pa´llá”. Lo mando a callar de una manera más bien discreta.

Acaba el primer acto y el vecino comenta, lo suficientemente alto como para poder ser escuchado en una radio de 4 filas: “No joda, esa verga la hago yo con dos linternas… a ver si me aplauden a mí igualito”. Volteo y lo miro con ganas de que mi visión de rayos láser lo vuelva morcilla. Lógica y desafortunadamente fallo. En el intermedio él y su novia deciden intercambiar puestos. Los comentarios de ella resultan aún menos felices.

Se reanuda la función y de nuevo la gente se siente en la casa del terror de la feria del pueblo. “Auuuuuuuhhhhhh” gritan y se ríen y compiten en decibeles con el “Shhhhh” de la otra mitad del teatro. La masa enardecida aún nada que acaba así que los pobres checos tienen que esperar hasta que el público recuerde, una vez más, que pagó para verlos a ellos y no para escucharse a sí mismo.

Al final de la obra la gente aplaude pero ya de espaldas, corriendo hacia la puerta. “Es que la cola que se hace saliendo del estacionamiento es bestial, la pinga, corre”. Se hace un embudo brutal en la entrada de la única escalera mecánica que baja. La gente se apiña, se empuja. En esta ciudad no pasan las cosas graves que deberían pasar porque tenemos un ángel de la guarda arrechísimo. Milagrosamente, como un superhéroe de cómic, el tipo se las ingenia para que siempre nos salvemos de la tragedia por los pelos.

En el estacionamiento, prestos para la huída, cada quien inventa el canal y el sentido que mejor le venga en gana. Se forma un embrollo, un enjambre, una madeja de metal caliente, humo, perfumes dulces. Pasamos horas en el mismo punto. “Es que no dejan salir a nadie hasta que no salga el general y su familia. Sus escoltas tienen detenido el tráfico”.

Apenas logramos salir le pregunto a mi pareja: “¿Qué te pareció, mi flaca?”. Y su respuesta es una daga que destella en medio de la oscuridad y se me clava en la sien: “El teatro negro: sublime. Pero ésta sociedad está, sin duda, en uno de los momentos más grises de su historia”.

23 comentarios:

CABINA AÉREA dijo...

"terrificus totalis"
No es que uno sea despectivo, pero "la cultura popular tiene ENEMIGOS a montones" o "aunque la mona se vista de seda..."
Sorry, pero no se me ocurre nada más!
Saludos, mi niño del viento!

segundodebut dijo...
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Anónimo dijo...

Qué tristeza y qué vergüenza, verdaderamente.

Fósforo Sequera dijo...

Es triste que estas cosas ocurran, precisamente, en eventos de caracter cultural. Lo más triste de toso es que luego vienen las consabidas quejas de por qué tal o cual espectáculo no se presenta en nuestro país.

Un abrazo.

CURRUSA dijo...

Y pensar que pagaron para ver un espectaculo maravilloso y les salio bonus track y todo con el show de algunos del publico.
Que triste!

Saludos!!!

elCapo dijo...

Como me dicen a mí todos los días:

Hace falta envolvernos en papel periódico.

Unos buenos coñazos agregaría yo, que soy más ortodoxo.

Te habría regalado una entrada para el show de Barreto. Ahí sí lo del teatro negro ya te hubiera parecido un acto de civismo.

¡Bien lamentable! ¿Cuánto nos hará falta? ¿Unos 50 años?

Fedosy dijo...

El público se ha vuelto más participativo, sin duda. Es que ahora Venezuela es de todos.

Nelke dijo...

Me hiciste reír mucho, excelente retrato. En realidad se pueden pasar momentos desagradables, igual me cansa escuchar "la gente no tiene cultura", si tiene... sólo que la cultura también muta. Nos queda reírnos y colocar rostro de eruditos.

lalocadelacasa dijo...

Después de leerte, sólo me resta invitarte a que repitas y asistas a la función que daran en Valencia, tal vez y corras con suerte y la asistencia sea menos efusiva.....

Jose Urriola dijo...

Mis estimados todos: gracias por los comentarios.

BEA: No te preocupes que a mí tampoco se me ocurre más nada. El teatro negro y lo gris de estos tiempos criollos me dejan en blanco.

Anómimo: compartimos el sentimiento. Yo le sumo un toque de furia.

Fósforo: Si seguimos así aquí lo único que va a haber de "cultura popular" son los recitales de Juan Barreto.

Currusa: De haber sabido que en el paquete venía semejante bonus track hubiera negociado para que el teatro nos pagara las entradas a nosotros y no al revés.

Capo: ¿Tú consigues entradas para los conciertos de Barreto? Es que conozco a más de uno que quisiera ir para envolverlo en papel periódico. Bueno, hará falta mucho periódico ¿no?.

Fedosy: jajaja, qué risa, bro.

Nelke: Qué bueno que te ríes. Yo tardé en reírme como 48 horas. Lo bueno es que siempre, hasta ahora, acabo riéndome. Ojalá sigamos así.

Locadelacasa: Gracias por la invitación a Valencia. Estoy seguro de que los valencianos sabrán disfrutar en su justa proporción un espectáculo como éste. Y se lo gozarán sin ponerse participativos.

Consuelo dijo...

Yo estoy ansiosa por ir a la presentación aqui en Barquisimeto, ojala resulte un relato mas grato...
;)

german dijo...

ja... que cagada. Si da risa pero lleva a la lástima cargada.

Un fenómeno sociológico...

Caty dijo...
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Caty dijo...

Gracias por pasar por mi blog! siento mucho que lo pasaran mal.....a mi me gusto tanto cuando lo vi!

Anónimo dijo...

Excelente relato de la situación tan triste y preocupante; por la que atraviesa nuestro sufrido pais.

Anónimo dijo...

cultura popular? cuanto costo la entrada? y TODO el mundo llego en carro......? no, creo que es un problema de educacion no de clase social....

segundodebut dijo...

Suprimí mi comentario la vez anterior porque no lograba algo tan suscinto como lo que ha escrito el usuario anónimo. Gracias por la visita.

Jose Urriola dijo...

Estoy de acuerdo en que no se trata de un problema de clases sociales ni de cultura popular. Es un problema gravísimo de educación. Me parece que atravesamos instantes en donde la incultura se ha hecho "in", donde la ignorancia es "cool", donde hacer alarde de nuestra incultura supina está "chévere" y marca el ritmo de nuestros tiempos.

Y si bien eso puede que siempre haya existido, antes quizás cuidábamos un poco más las apariencias, antes nos daba un poco más de pena hacer estos papelones. Yo recuerdo momentos más felices, me perdonan, pero a mí las formas y las evidencias me pegan. No sé qué tan bueno sea hacerse inmune e indiferente a estos asuntos.

Penélope dijo...

jajajajaja.. has dicho toda la verdad. asi somos los venezolanos y creo que pasara mucho tiempo para que nuestra cultura madure.. jejejeje.. pero de pana muy bueno. cruel pero realista.. un placer pasar por acá

Anónimo dijo...

Que tristeza asumir que asi somos los venezolanos, es tan grave ek problea de educacion, si bien es cierto que el Venezolano es espontaneo, comunicativo, simpatico, no necesariamente eso deberia significar ser grosero y maleducado. Hace poco tuve oportunidad de viajar a Praga y ver este espectaculo de luces en un teatro de dicha ciudad, si bien es cierto que los Europeos en su mayoria son extremadamente puntuales y serios, ambos extremos no son buenos, en fin cuando uno paga por ver cualquier tipo de manifestacion de arte, deberia al menos poner atencion a el espectaculo por el cual pago para verlo y no armar un espectaculo paralelo, para eso se queda uno en casitra y arma su fiesta ,ojala esto sea entendido.En Venezuela ultimamente abunda una sociedad plagada de antivalores es una pena.BYE BYE.

Anónimo dijo...

Que desgracia de gente, no digo de país porque como lugar geográfico es incomparable; pero tu novia tiene razón, nuestra sociedad está de un gris y va derechito al negro más profundo. ¡Que falta de respeto con sus malditos celulares, y esto lo ves en el cine, en los conciertos; más de una vez he sentido ganas de arrancárselos y pegarselos por la cebeza. ¡Que mierda de gente, por eso es que tenemos a este mierda y a su camarilla gobernándonos!

Anónimo dijo...

Leo tu relato mientras me muero de la risa por la gracia que tienes. Comparto el sentimiento y las ganas de fulminar a los de las butacas vecinas que hablan en voz alta, a los que gritan, pasan mensajitos de celulares en los cines y teatros, a quienes hacen caso omiso de las solicitudes de los amabilísimos empleados de sueter rojo...
Al mismo tiempo me duele mucho Venezuela y me pregunto hasta dónde irá a llegar la decadencia de nuestra sociedad.

Anónimo dijo...

jodanse!! y sino rajen a patadas en el orto a los q usan los celulares o q se pare la función y ya!!! ay cosas peores chicos y esta tiene solución.

viva argentina!!!

julian