miércoles, 8 de noviembre de 2006

De la calidez de ciertos inviernos.


Podría dar fe, ahora que lo veo desde arriba y a la distancia, de que en diciembre del 2003 yo fui el segundo o tercer hombre más triste del mundo. Un cúmulo de desdichas se me amontonó durante ese invierno hasta convertirme en una versión trapito de mí mismo. Era ese tipo cabizbajo y meditabundo que iba pateando la latita al fondo del callejón.

Mis amigos –que no son pendejos, aunque yo me empeñe en pensar lo contrario- decidieron que bajo ninguna circunstancia me iba a quedar solo en casa lamiéndome las heridas. Me secuestraron la noche antes de navidad, me montaron con ellos en un autobús rumbo a Pamplona y se dieron a la tarea de llenarme la vida de actividades insólitas. Y la cabeza de esa materia risible e inofensiva que a veces compone a la felicidad.

Nos quedamos en casa de Elia, una excelente amiga vasca que perfectamente pudo haber nacido en Maracaibo y a quien yo llamaba “la vasca-maracucha”. Ella, aunque no entendía muy bien el mote, se reía a carcajada limpia, me decía: “Chamo, eres un imbécil integral”, entre risotadas superlativas como ella misma. Elia es un exceso, un volumen de personalidad: para comer, para beber, para hablar, para reír, para trasnochar, para fumar, para gastar, para invitar.

Durante días nos llenamos de comida, de bebidas, de humo, de conversaciones, de música. Afuera hacían unos 2 grados con nieve, mientras adentro impusimos “El verano de la Comarca”. Construimos un microclima aparte con la calefacción a toda marcha sumada al calor despedido por quince cuerpos bebiendo, comiendo y fumando en la misma habitación.

Cierta noche, alguien -si mal no recuerdo sería Gonzalo, el novio de Elia- se apareció en casa con Battle Royale, una joya de película que debería ser materia obligatoria en toda escuela de cine y literatura del mundo. Nos embutimos todos en el cuarto de la televisión, nos apertrechamos con litros de vino y pacharán (un licor de frutos del bosque típico de Navarra al que me hice adicto) y nos devoramos esa curiosa película que hizo Kinji Fukasaku a los 70 años, tres años antes de su muerte.

El film va de un nuevo programa de educación que supuestamente instauran en Japón para que los adolescentes aprendan el valor de las cosas. La juventud se ha vuelto tan frívola y descerebrada que los mayores están decepcionados. No basta con llegar a adulto sino que hay que merecerlo. Así que tropas toman por sorpresa un salón de clases de niños de 16 años, los abandonan en una isla y a cada uno le dan una mochila con un arma. Tendrán un día completo para matarse entre sí y sólo puede sobrevivir uno. El ganador de Battle Royale es el único que merecerá llegar a viejo.

Battle Royale es una especie de película gore con litros de sangre manchando la lente, cabezas que estallan, cuchilladas y ráfagas de tiros; pero hay mucho de telenovela también, mucho de reality show con problemática adolescente, todo eso con un sarcasmo cuya elegancia y contundencia rayan en lo exquisito.

Yo estaba absorto en la película, paladeando mi octava o novena copa de pacharán, sumergido en este mundo delirante que se me abría dentro y fuera de la pantalla, cuando entonces giro la cabeza para comentarle a mi querida amiga Alejandra –una mexicanita entrañable que de lanzarse en su México natal a un concurso de dobles de Björk llega, cuando menos, de finalista-:

- Joder, Ale, qué película tan loca ¿no?

A lo que ella -volteando hacia mí para mostrarme una densa película de sudor que le forraba la cara como si fuera un bollito de pan cubierto con papel parafinado recién sacado del horno- responde:

- ¡Híjole… y qué calor que hace; está cabrón, güey!

Me estuve riendo un año completo. Tanto que cuando llegó el invierno del 2004, y mi madre y mi hermana me fueron a visitar, yo les puedo jurar que ese diciembre ya yo estaba preparado para convertirme en el cuarto o quinto tipo más contento del planeta.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantan estos cuentos =D, me da un deseo inmenso de vivir.

Anónimo dijo...

Me encantan estos cuentos =D, me da un deseo inmenso de vivir.

Arcangel Vulcano dijo...

Disfruté muy especialmente este trabajo. Aunque no me quedó claro si es un cuento de tu autoria o una "anécdota real" de tu existencia; si el caso fuera el segundo,me pareció muy interesante un concepto implícito en el texto: "juventud frívola y descerebrada".En mi caso lo hubiera sugerido así: "alguna juventud frívola y descerebrada"(hay juventud inspirada,con gran talento), porque estimo que resulta erroneo generalizar cuando nos referimos a un aspecto tan complejo como lo es la "problemática adolescente". Arturo Uslar un día calificó "a "alguna generación" como "boba", ¡claro!, que lo dijera él, quien era una eminencia no pareció inmutar a nadie.Por lo demás, me pareció particularmente importante la manera sutil como describes a todos los personajes,especialmente la forma que muestras, de transmitir tus emociones, es cálido,meláncolico,vivificante, revitalizante; me imaginé en pamplona bebiendo vino. ¡Claro!, que se explica que la película te dejará absorto, si te tomaste 8 o 9 copas de "pacharar" y muy bien acompañado.Un abrazo hermano.

Jose Urriola dijo...

Nelke: Tu comentario es muy especial. Me dan ganas a mí de seguir adelante. Agradecido.

Arcángel: Quisier aclarar que estaba intentando resumir la película. De hecho, la descripción de la juventud la tomo de la explicación que hace Takeshi Kitano (protagonista y maestro de cremonias del juego) cuando le explica a los alumnos en qué consiste el programa Battle Royale en el que obligatoriamente han de participar. La juventud no puede pues ofenderse conmigo, más bien han de darle las gracias a Fukasaku de quien tomo las ideas y las palabras.

Un abrazo a ambos.

Anónimo dijo...

Gracias, por esos días en Barcelona, los recuerdo con tanta alegria y nostalgia. ...
Sin duda , ocupaba" mi primer puesto de mamá más contenta del planeta". En verdad, que "cálido fue el invierno" de ese diciembre de 2004

Ariam Ram dijo...

Si questá llno de vida y es palpable. He llegado a verlo.

se agradece leer cosas buenas y buenas.

Saludos.

Arcangel Vulcano dijo...

Perfecto José,gracias, me encantó todo el texto.Gran saludo.

El fantasma del Cedral dijo...

Bróder, estoy pasando por aquí a menudo y disfrutando de tus lecturas. Pero no he dejado comentarios, porque siento que esto está congestionado.

Saludos.

Una de las Moiras...¿O Gorgona? dijo...

Josè. Tenìas lo ideal para lograr la felicidad: compañeros, amigos en superlativo y Gore. Yo me prepararìa tambièn para un excelso diciembre.
Un beso!

Adolfo dijo...

Muy calido tu post. Yo tambien vi Battle Royale, aunque con un audio en frances, y de verdad me chirriaba el cerebro con las imagenes y el audio. Definitivamente, el frances no es para la violencia. He visto otras peliculas del mismo director y de otros directores, hay una que se llama "Three Extremes" que va por el mismo tono. A veces veo que expresan cosas muy validas, pero a veces me pierdo entre tanta sangre y no termino de entender si es que la violencia es un placebo comercial. En cuanto a lo de la juventud, he leido por ahi que una vez se hizo un experimento que pretendia demostrar hasta que punto los seres humanos ejecutamos programas de conducta. El experimento consistia en poner a un ciudadano comun frente a un tablero de controles, del otro lado estaba un actor. El ciudadano creia que al subir los controles, el otro sufria una descarga electrica cada vez mayor, el cientifico, inducia al ciudadano a subir los controles, y este oponia una resistencia facilemente superable. La conclusion del experimento es que la gente sigue ordenes por absurdas que sean, mientras las reciba de una autoridad reconocible y respetable.
Yo agregaria a eso que la mayoria de las personas tiende a seguir ejemplos, iconos, a ejecutar programas de conducta universalmente aceptados. Pero no es algo absoluto ni definitivo. Es reversible.
Sigue escribiendo, que tienes el don de hacer sentir con lo escribes.

CABINA AÉREA dijo...

Que relato tan intenso, casi que estuve allí, casi que tomé licor y comí hasta explotar, casi....

Arcangel Vulcano dijo...

José, volví a leer el cuento. Es realmente muy estimulante,alucinante; me fascinó. Comprendí mejor los detalles y disfruté el mensaje implícito.Un gran saludo.

vidou dijo...

che urriola, que lindos recuerdos! no pude evitar sonreir escuchandola a Ale. ja. que buen año.

Icen dijo...

Será siempre una buena alternativa la ruta Ernest Hemingway "..entonces parís era una fiesta..."

Anónimo dijo...

Que cálido el relato. Me uní a las quince personas que veían la película, llegué a saborear el licor, a sentir el calor de los cuerpos en esa habitación. Pero la calidez del invierno en Barcelona del 2004 es algo que nunca podré olvidar. Como sometimos a la vieja a aquellas interminables caminatas pues había que conocer hasta el rincón más pequeño de esa hermosa ciudad.

Anónimo dijo...

Fueron realmente calurosos aquellos días. Me reconforta ser parte de tus recuerdos. Recuerdo que ese año vi por primera vez la nieve.

Anónimo dijo...

Fueron realmente calurosos aquellos días. Me reconforta ser parte de tus recuerdos. Recuerdo que ese año vi por primera vez la nieve.

Arcelis dijo...

Wow, me gusto mucho este post =).. Me gusta como escribes! Saludos..

*Amante de la Lluvia*

Elia (la excesiva) dijo...

superlativa... un exceso. No sé si te llegó finalmente la canción de carla bruni, chamo, pero me hace reir que me llames así porque por las mañanas cuando voy hacia mi trabajo excesivamente tarde completamente a propósito, acto a todas luces infantiloide y ligeramente estúpido pero que me hace sentir un poquito más libre y menos acorazada, cuando me dirijo, digo, hacia el trabajo en ese metro lleno de habitantes de esta extraña coctelera que es barcelona, pues me enchufo el mp3 para que carla me cante con voz de gata "je suis excessive, il n'y a pas d'excuse...". Y me pongo contenta

elia (la excesiva) dijo...

y yo también me acuerdo y hacía mucho frío y la decoración de mi madre ligeramente marciana y mi hermano pequeño riéndose ruidoso y jorge hablando de las colonias y soffia haciendo masajes de cabeza y fuimos al guggenheim y llovía y era de noche y no visteis nada pero también pero también comimos pinchos en san sebastián y llevamos a ale a ver la nieve y yo me disfracé de árbol de navidad y si tú eras el segundo yo tal vez esas navidades habría sido la muchacha más triste del planeta si no os venís a la comarca a ser un poco excesivos conmigo. Y fue mi cumpleaños. Y miguel me regaló un tema de jazz que ahora me ha quitado para meterlo en un disco, porque dice que no es serio que los temas de jazz se llamen con nombre de mujer, que los músicos de jazz son sutiles y tela de raros. Y sofi me regaló un disco de rancheras mejicanas y todavía lo pongo los domingos y alita, ale, alejandra sí que estuvo superlativa volando por sus estratosferas a lo largo y ancha de aquella la casa de mi adolescencia, y de vez en cuando regalándonos un comentario marciano o un destello de genialidad, según se mire. Y lux que tiene un gen vasco y fue la única que aguantó a los propios de la tierra la borrachera infernal de fin de año.

elia (la excesiva) dijo...

y paola. que escribe mensajes de amor y regala cosas increíbles y es dulce y esponjosa y llena de pecas. y tú. je. tú también.