jueves, 2 de agosto de 2012

Peleones en Red



Tantas vueltas que ha dado este mundo y tanta agua pasada bajo el puente y Marshall McLuhan sigue teniendo razón: los medios no son otras cosas que extensiones del cuerpo humano. Las redes sociales acabaron por convertirse en una extraña prolongación de nuestro mundo y nuestra humanidad, una suerte de mundo paralelo habitado por nuestros avatares (a veces tan parecidos a nosotros mismos, a veces tan otra cosa más bien similar a la proyección de lo que desearíamos ser o de eso que quisiéramos lograr convencer que somos a los demás).

No sé si será también una especie de influencia que se nos devuelve a contrapelo desde el mundo de los videojuegos. Tal vez nos hemos acostumbrado más de la cuenta a crear avatares, a identificarnos con nuestras criaturas virtuales; sobrevivimos y luchamos en ese mundo-juego y cuando regresamos a esta Tierra ya no estamos claros si somos personas de a pie o seguimos disfrazados jurándonos todavía ser el avatar.

Mi amigo Israel Centeno me comentó hace un tiempo una teoría que para nada me resultó descabellada: así como existen psicópatas, acomplejados y malandros en la vida real, pues también existen psicópatas del Facebook, neuróticos del Twitter y malandros de blog. El que es un neurasténico en estos lados de la existencia lo puede ser perfectamente también en los ámbitos de la Red. Aunque no todos son tan congruentes, pues se ha evidenciado también la proliferación de una raza peculiar de quienes se comportan como damas y caballeros en el ámbito de la cotidianidad pero aprovechan el camuflaje que les da el nuevo medio tecnológico (tan próximo al avatar y/o al anonimato) para darle rienda suelta al guerrillero, al Troll, al camorrero virtual que llevan reprimidos por dentro.

Las peleítas, la amargura a juro impostada (“miren qué inteligente, qué interesante que soy, ahora me van a escuchar porque vengo a desnudarles la cruda verdad en la cara a ustedes que son una cuerda de ignorantes, sumidos en una falsa felicidad y que necesitan que venga yo a dictarles cátedra”), las rencillas de verduleras cibernéticas por quítame esta pajita, el zancadilleo y el saboteo parecieran estar a la orden del día. Y ahora más que nunca -disparado exponencialmente al infinito- desde que tenemos como extensiones de nuestras humanidades a blogs, Twitters y perfiles del Facebook.

Hace unos días Salvador Fleján comentaba a manera de chiste un dardo no exento de verdad: “Discutir por Facebook es como engancharse en una pelea con un borracho”. Lo suscribo. Creo que ponerse a intercambiar golpes virtuales por las redes sociales es algo inútil que incluso roza en lo patético. Estoy de acuerdo, claro que sí, en que se plantee eventualmente una discusión amistosa, un intercambio bien argumentado de opiniones, reflexiones y pareceres; pero cuando la cosa cae en el insulto, en un toma y dame donde ya no se debaten las ideas sino los egos de los peleones, en un cambalache de necedades, pues apelaría a ese concepto que maneja Javier Cercas en Anatomía de un instante: se nos suele olvidar que existen los héroes de la retirada. El héroe silencioso y de bajo perfil que con sabiduría y talante sabe renunciar a una batalla signada por la esterilidad o la estupidez: yo me abro, señores, esta no es mi batalla ni mi momento para librarla, yo prefiero aprovechar mi oportunidad y mi derecho a permanecer callado, me voy a otras cosas que considero más dignas (y se pueden quedar peleando solos).

He llegado a pensar que el camorrerismo virtual se acaba pareciendo también un montón a esa gente que va a una reunioncita que se organiza en casa de un amigo y acaban enfrascados en una pelea. El momento amistoso queda convertido en un reguero de vasos rotos, pedazos de torta pegados a la alfombra y manchones de quién sabe qué cosa aplastados contra las paredes. Se acabó la fiesta. Para la próxima ya sabemos que no podemos invitar a fulano y a mengano, porque definitivamente no se saben controlar.

Mi padre me comentaba que en Irlanda, a la salida de los bares, ocurrían unas fenomenales peleas colectivas. Las iniciaban dos quienes -luego de varias Guinness- se citaban afuera para dirimir a puño limpio las diferencias de una discusión exageradamente acalorada. Y los demás simplemente se acercaban a preguntar: “¿Esta es una pelea privada o se puede participar?”. Una vez otorgado el consentimiento de los dos combatientes originarios entonces la cosa se hacía colectiva e incluso amistosa. Cuando manaba la sangre o cuando alguno de los contendientes levantaba las manos en gesto de “no más” se acababa la pelea y hasta se ofrecían unos a otros sus pañuelos o toallas con hielo para paliar la hinchazón. Creo que es una alternativa que los peleones virtuales deberían considerar. Cítense en las afueras de un bar e inviten a quienes se quieran sumar para darse golpes de los de verdad, como caballeros en una justa.

Tengo entendido también, como segunda opción a barajar por los camorreros online, que en varias partes del mundo se están organizando eventos de poetas y narradores boxeadores. Los contendientes –debidamente apertrechados como los boxeadores amateurs de las Olimpiadas- se leen un poema y se replican con un microrrelato en el primer round. En el segundo se van a las manos. En el tercero más poesía y más cuentos. En el cuarto salen dispuestos a propinar un KO. Y así van alternando la poesía, la narrativa y la coñaza hasta que alguno de los dos tira la toalla.  Me dicen los que han participado que son de una catarsis prodigiosa estos pugilismos poéticos y que, inclusive, han nacido de ellos amistades formidables entre rivales que antes se la pasaban lanzándose puntas por Internet.

5 comentarios:

German Herrera dijo...

fight clubs de hombres de letras... bueno al menos la señora esposa tendra una idea de que andabas haciendo si llegas todo magullado y de madrugada a la casa.

keilavall.com dijo...

Me encantó. Además, gracias a este post -gracias a ti- descubro que esta semana fui, no una, sino dos veces, heroína de la retirada. Qué hermosura.

Anónimo dijo...

Me hiciste recordar el caso de una amiga ofendidísima porque en sus fotos de facebook, la dama aparecia "vieja y gorda", según comentario imprudente de otro personaje de la red.
Te imaginarás, motivo suficiente para toda una batalla digital ;tal vez con mayor energía y pasión, que la de los boxeadores de los bares de Irlanda, ja,ja.

Roberto Echeto dijo...

Bróder, yo me temo que tu señor padre participó en una de esas contiendas. Ahí tan atildado como de seguro fue y como lo recuerdas, lo más probable es que no haya perdido la oportunidad de fajarse a coñazos en una de esas reyertas de bebedores de Guiness.

Tu viejo sabía de lo que hablaba.

Capochoblog dijo...

Buen día por estos lares!

Me encanto este post :)

Hace poco leí una frase de esas que (probablemente tú ya conozcas, jajaja) te hacen sonreír y optar por el silencio oportuno:

"The problem with de closed-minded people is that their mouth is always opened".

Un abrazo y te sigo leyendo, aunque practicamente ya no comenté ;)